Sentencia social

28 de octubre de 2013



El cambio lo forja la sociedad. La Inseguridad y la necesidad del fin.



En la impenetrable cabeza ideológica del Estado de Sensación, la muerte, es una consecuencia casi buscada. Es el desenlace más brutal y doloroso de la cadena de desinteligencias y connivencias que llevaron al país, a la construcción de nuestra propia Ciudad Juárez. Allí, donde la cosecha de cadáveres, en las fosas del Feminicidio, es una constante que se vive con jactancia dentro de las organizaciones Narco Maras que se han instalado, en México, en la cúspide del poder.

El proceso en México comenzó, más allá de las Guerras Civiles, con los Pachucos y los Cholos. Esas bandas que hoy, son apenas un recuerdo del infantilismo delictivo de aquel entonces. Sin embargo, bajo el riego abúlico, se transformaron despiadadamente y con alianzas Mafiosas, en Carteles de la Droga. Y Maras.

Un efecto, el Mexicano, que se propagó a lo largo de todo el continente e hizo, brutalmente, su máxima reproducción en países como Venezuela y Argentina. Además, claro está, de las fuertes conexiones con Honduras, Guatemala y El Salvador. (Triángulo Mara Norte)


Efectos importados. Efectos creados

Argentina, en la soberbia del poder actual, lejos de sanar, profundizó, sin duda, las heridas. Y al factor casi compulsivo de los Derechos Humanos y los desaparecidos en Dictadura, se le sumó -en la Democracia Nacional y Popular- el factor de los desaparecidos y muertos de la Sensación. 

Derechos Humanos que son, en realidad, selectivos. Que marcan, de acuerdo a la ideología y a la época, la importancia o no de la muerte. La arbitrariedad de una selección a dedo. Acomodaticia e infame. Se trata, de los Derechos para algunos. Y de castigos, cuando no se hacen valer, para otros.

Todo ello, para compensar, matizar, hundir o simplemente profundizar, el quiebre del tejido social que no logra recomponerse bajo la atmósfera del todos contra todos. De esta realidad Hobbesiana y Shakespeariana que nos confronta y que apuesta, en el simulacro de la inclusión, a la ignorancia. Que vive atenta a la espera de lo peor.

Sumergida entre los efectos trágicos de las mafias que se importaron y de las mafias que se crearon en una especie de pacto macabro con la Policía Paralela y los Exonerados. Todos ellos, pudriendo a las Fuerzas de Seguridad que deben lidiar, además de con malos salarios, con la lacra puesta. Plantada para hacer, aún tras los muros, un negocio. Una renta que se extiende. 

Una puerta que se abre para salir a matar. Robar y luego repartir. 

Una Inseguridad instalada convertida en lucro. Necesaria para la Oposición como herramienta de combate. Necesaria por el Poder como instrumento de cultivo de pobres. Estos últimos, eternos móviles de la culpa. Escudos, para que en la memoria colectiva, rebote el Narcotráfico. 

Un Narcotráfico que ha dejado de ser un fantasma para convertirse en una Estructura de Poder que tiene sus propios usos y costumbres. Su propia ley. Sus propios códigos. Y que no duda, en enfrentar también, al Poder Político que le permitió crecer.

Atenta y Despierta

La sociedad manoseada y fatigada, despierta.

Necesitó del caos. También de manifestaciones para expresarse. Y luego, con la convicción y el malestar de la negación de la realidad que exaspera por improvisación y negligencia, comenzó a dar, ya de manera acabada, forma al cambio. Primero en las PASO y ayer, 27 de octubre, nuevamente. 

Las Urnas fueron testigo de la materialización de lo que se quiere. Y también, de lo que ya no se quiere y en muchos casos, de aquello que nunca se quiso. 

Proyectar sin fetichismos. Encarar un futuro sin simulacros. Ni manipulación de dolor. 

La Sociedad está atenta. Incluso, hasta con quienes obtuvieron la mayor confianza. Esa confianza abrumada de la Murga Nacional y Popular. Esa Murga, que ni siquiera, guarda el encanto de la locura. Del desenfado de ir por todo cuando ese todo, al mismo tiempo, se le revela.

Por lo tanto, ayer, la simulación, no pudo tapar el colosal estallido electoral.

Ayer, la sentencia, se vio en los votos. La sentencia, fue social.



 
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