Las Bandas de "Los Mini"

19 de julio de 2011

En las “Mini Bandas” se inicia la cadena de coptación que incrementa los niveles de violencia.


En el epicentro del mundo puede verse claramente el trazo de la violencia. De la histeria colectiva, producto de un caos generado por la anomia. Por la ausencia de continentes legales. Por el ostracismo gubernamental que exacerbó lo que hasta hace dos décadas atrás, ya se vislumbraba expansivo.

Parados sobre las ruinas, desde la temprana edad, los niños se acumulan en las veredas y se convierten en infantes en situación de calle. Conglomerado de criaturas abandonadas en medio de las ciudades que devienen en bestiales espectros para convertirlos, con el paso del tiempo, en delincuentes.

Son pocos los que pueden salir de ese estado de miseria que los lleva, por el fatal entorno, a delinquir compulsivamente y a matarse lentamente. A sumarse a las pandillas luego de la ejecución de “tareas” vinculadas con los bajos instintos.

Pruebas para saber si se es apto o no para formar parte de “Los Mini”. Y luego, seguir subiendo.

Mini Pandillas: Sus cabecillas apenas si tienen entre 12 y 13 años y llevan consigo una historia de vida que triplica las expectativas de catástrofe.

Asesinos con jactancia; ladrones corajudos, buscan la veneración del Grupo. Ser, en un ámbito caótico y cruel, el líder que mueve las voluntades y cuando no son las voluntades, son los miedos de aquellos niños que prefieren ser parte de la Mini Banda antes que transitar, solitariamente, las calles de la Argentina Bárbara.

Estos últimos, arrastrados por el temor, también se convierten en delincuentes a los que todo les da lo mismo.

La Banda les quita el miedo. Los infla ficticiamente en lo que en realidad es, una perversa ignorancia que los aleja de las instituciones. Aquellas que les darían el marco de normalidad para vivir con dignidad. FAMILIA Y ESCUELA.

Se los puede ver deambular en la intersección de Juan B. Justo y Soler. Se debaten entre los trapitos y los Poxis. “Juegan” con palos. Se reclaman entre ellos cuando alguno no cumple con el mandato de la agresión al momento de no recibir monedas de las personas que manejan coches o de quienes pasan caminando.

Están en todas partes. Saltan vorazmente. Se preparan para lo peor porque viven en un estado de naturaleza. A la espera de que lo peor pueda suceder. Entonces, la defensa ante el ataque de otra Mini Banda, es la cuchilla.

Se manejan, “Los Mini”, con armas blancas. Cortar y adentrar en golpes estomacales hasta dejar, al otro, tirado. Casi muerto. Sin aire y con las huellas de la sangre derramada.

No conocen los límites cuando se invaden los territorios. No quieren comida ni ropa. Solo dinero.

Algunos, además de ser parte de la Mini Banda y en ciertos casos pagar para permanecer dentro de la misma, están sujetos a la demencia de la familia disfuncional cuando la tienen. La que está compuesta por una madre con hijos de diferentes hombres y que arrastra, a todos, a las peores condiciones de vida. O familias no disfuncionales que por falta de educación sexual tienen hijos a mansalva.

Niños llevados a la calle. Depositados en una esquina para que junten dinero. Niños que se convierten en reservorios de los degenerados. De la patología de las violaciones. De los abusos.


Es que existe una cadena de coptación en la que se incrementan los niveles de violencia y delincuencia. “Mini Bandas” coptadas por “Pandillas”. Estas últimas coptadas por Narcotraficantes. Narcotraficantes unidos a ex ejércitos de élite en el caso Centroamericano y a ex Policías en el caso Argentino, “educan” táctica, estratégica y logísticamente a los pandilleros para llegar a la instancia final de la cadena: Las Narco Maras.

Fusión altamente organizada y articulada con el exterior, que tiene centros o células de operación en el Conurbano Bonaerense y que anclan, semanalmente, en la Capital Federal. En la liberación de calles en los alrededores de las terminales de ómnibus y trenes.


También bajan desde el Norte del País con algún cabecilla de América Central que escapó de la persecución de las fuerzas de seguridad para divisar a “Los Mini” y llevarlos, con la "ilusión del progreso del liderazgo”, hacia puntos de sometimiento. Los llevan con "velos". Porque cuando la Narco Mara copta, salteándose los pasos de la cadena mencionada, no es para introducir a “Los Mini” en el Narco sino para someterlos a trabajos clandestinos; trata de personas y prostitución.

Tres situaciones que hoy, entre otras, marcan los niveles de profundización del mal.

Facundo Cabral y las Narco Maras

14 de julio de 2011

Guatemala. El asesinato del trovador y la impunidad del crimen organizado.


El asesinato de Facundo Cabral en Guatemala tuvo un doble efecto en las sociedades. Emocional por un lado y masificador por el otro. Es que en el tráfico de la noticia, la muerte del Trovador iba asociada al fenómeno de Las Maras en Centroamérica.

Las Maras globalizadas y agiornadas al igual que todas las vertientes del Crimen Organizado que atraviesan los continentes y se asientan, en su estructura económica, sobre la base del Narcotráfico. Sobre los aspectos redituables de un sistema económico -el del Narco- que deja un saldo de entre 20 y 25 muertes por día en países como Guatemala y que se duplican, por ejemplo, en México. Más precisamente en Ciudad Juárez. Lugar en el que el Narco creció paralelamente a las atrocidades que atañe la violencia de género. Escalofriantes mutilaciones en provisorias fosas comunes.

Mujeres utilizadas para el tráfico de droga o bien, como señuelos para desatar un ataque comando u otro tipo de operación mafiosa seguida, siempre, de muertes. Mujeres descartables.

EL TRIÁNGULO MARA NORTE: GUATEMALA, HONDURAS, EL SALVADOR. DE LOS TRES PAÍSES, EL MÁS VIOLENTO, ES EL PRIMERO.

El Salvador declaró inconstitucionales a Las Maras, así como a la incipiente conformación de nuevas organizaciones Mareras. El efecto de dicha decisión derivó en un intenso flujo migratorio hacia los otros dos países del triángulo. También, a estratégicos puntos de América Latina. En especial, el Norte de Argentina y el Conurbano Bonaerense.

Así es como la ausencia de una política regional agudizó la constante guatemalteca; fortaleció las bases de la violencia en Honduras; alimentó el tráfico de información con los carteles de la droga mexicanos y con los ex Zetas; y finalmente, solidificó la concepción de un estado embrionario en el Triángulo Larval Sur.

ARGENTINA, CHILE Y URUGUAY. TRIÁNGULO LARVAL MARA SUR.

Una consecuencia, el estado embrionario, de gobiernos abúlicos y de un cuerpo de seguridad ineficaz. Que no funciona acabadamente en la lucha contra el Narco. Ocurre, que así como Los Zetas en México y Los Kaibiles en Guatemala encontraron por fuera de la milicia mayor remuneración que dentro de la misma; personal policial de Argentina halló ese mayor rendimiento en la formación de bandas fuertes y articuladas entre sí que funcionan paralelamente con la policía. Policía, muchas veces, testigo de transas y maniobras delictivas.

Un panorama complejo que también pone al descubierto la actividad de gran parte de los exonerados de la Policía Bonaerense. Coptación de menores en riesgo en villas de emergencia todavía no quemados por el Paco y aptos para recibir un entrenamiento mental y físico que les permita operar como una fuerza de choque con los efectivos mencionados anteriormente.

EL CASO CABRAL

El asesinato de Facundo Cabral consta con una lógica social emocional y con una constante bárbara que es la guatemalteca.

En términos sociales, de amor y admiración, Cabral, se encontraba en el lugar equivocado junto a la persona equivocada. En cambio, para el Narco, el Trovador estaba ubicado correctamente. Su presencia era funcional a los fines Sicarios.

Siendo la pantalla que en ese momento, el empresario nicaragüense, Henry Fariñas, tenía para tapar sus verdaderas fuentes de ingreso: El Narcotráfico asociado a la prostitución y al juego clandestino.

Uno de los móviles del crimen tiene que ver con un ajuste de cuentas, producto de una deuda que aparentemente Fariñas contrajo con un Narco local. La deuda fue cobrada con la vida de Facundo Cabral. Un llamador lamentable. Una acción diagramada. No aleatoria. Sujeta a los códigos de venganza que los Sicarios, contratados por el Narcotráfico, manejan.

Los disparos, para la justicia de Guatemala, no eran para Cabral. Sin embargo, queda abierta la mirada de la saña. La cantidad alevosa de tiros con armas de guerra sobre el lado del automóvil en el que iba sentado el Trovador. Y la permanencia, en vida, de Fariñas.

Una lectura que se desprende de los hechos, es que el asesinato de Facundo Cabral fue mucho más que un mensaje. Ha sido un aviso fatal entrelazado con un daño físico que lo llevará a Fariñas, luego de salir de la hospitalización, a rendir cuentas a la justicia y seguir bajo en Panóptico Narco.

Porque mientras el Narco Crimen siga operando, el caso, a pesar del dictamen específico de la justicia, socialmente, no está resuelto.

Crímenes, como el de Cabral, forman parte del paisaje cotidiano guatemalteco. De la miseria que desde hace años mueve los hilos sociales del poder en el mundo.

Anomia y situaciones de una barbarie sostenida plantean pues, un desafío -si verdaderamente se quiere combatir “La Guerra Narco”- institucional, político y social.


Una erradicación de los Mitos. Una mirada atenta al avance de Las Maras ya no tatuadas y un alejamiento de la obvia retórica de Colom (Presidente de Guatemala) sobre la pobreza, como factor detonante de la formación de Pandillas.

Continuará.

La Villa Fraga (Investigación)

4 de julio de 2011

Crecimiento de la miseria, narcotráfico al acecho y el verso de la urbanización.


Cuando cae la tarde, en el invierno, la estética de la miseria cobra un sentido más deplorable. Se puede ver la debilidad del sistema. Y la indigencia, aunque no se quiera, nos envuelve en el conocimiento de una realidad instalada. Violenta y perversa.

Marginalidad que recrea una atmósfera morbosa y voyeur entre mitos e imaginarios que recorren las charlas sociales. La fantasía de la construcción subjetiva del pobre y el trazo delgado con un estilo de vida que se debate entre la beligerancia contra el entorno y el sometimiento.

A veces, también, se hace frente a una complicidad que arremete cuando la salida se vuelve una insoslayable utopía.

“El verso de la urbanización”

El vertiginoso crecimiento de la gente en situación de calle, así como la toma de predios para construir Villas forma parte de nuestra cotidianeidad. Al límite y desasosegados por la falta de una vivienda digna y un trabajo que les permita cubrir sus necesidades básicas, individuos de distintas edades -solos o en familia- pasan a formar parte del panorama más paupérrimo y lamentable que consolida un fracaso global.

Bajo la malicia de la necesidad urgente, los asentamientos crecen a lo largo del espacio tomado. Y cuando ya no hay más lugar, empieza la aventura de la construcción horizontal. Para arriba. Con los descuidos del desconocimiento y la posibilidad permanente de la muerte por derrumbe. Por extrema precariedad. Por improvisación del techo.

Así es la secuencia de la Villa 31. La 31 Bis. El Barrio Chino. La 1, 11, 14. Un listado que abarca todo el país y que nos somete a la condena de la ramificación del mal que se ampara en la pobreza para operar, desde la sombra gris, en interminables pasillos que ni siquiera, una puerta, da lugar a la intimidad.

Cabe, en la puja por el poder, endulzar los oídos. Decir todo aquello que los vecinos quieren escuchar. Como si fuese un baile y el muchacho se acerca –con intención de levante- a la chica para decirle todo aquello que ella quiere escuchar. Sabiendo, que por lo general, es verso de galán.

El verso político es el que escuchamos ahora. El verso amparado en la urbanización de las Villas para calmar a sus habitantes y a los lindantes que conviven, desde sus casas, con la imagen villera. Verso funcional para la campaña. Efectista por el impacto que significa urbanizar dominios destrozados. Sin embargo, en la práctica, no es “redituable”.

Es decir, los gobiernos necesitan que exista pobreza. Les sirven este tipo de asentamientos porque son acordes a sus discursos una vez en las gobernaciones. Es la forma que tienen de cuestionar las gestiones anteriores. De patear la pelota hacia el pasado. En cambio, para otros, la pobreza es la razón de su existencia en la política. El motor que les da identidad de ser. Ejemplo, el costado de la circunvalación. Las promesas de Binner y una Villa, en el Gran Rosario, que creció jactanciosamente durante su Gobierno.

La Villa Fraga

La Villa Fraga es la “nueva” conformación de un espacio que ha crecido abrumadoramente en el Barrio de Chacarita. Ciudad de Buenos Aires. En los terrenos del ferrocarril Urquiza y a metros de la estación Lacroze. Allí se asienta, a la altura de la calle Fraga al 900, un espacio temido hasta por sus mismos habitantes.

Comenzó siendo un círculo casi cerrado. Imperceptible a la vista de los transeúntes. Hoy, cuando uno transita por Corrientes, pueden verse varias de sus aberturas como producto de la expansión.

Fueron, en principio, alrededor de 12 familias. Ahora, es una de las Villas atravesadas por la Mafia del Narcotráfico local e importado en donde se debate una “Guerra” entre los verdaderos trabajadores de la Villa Fraga con los Narcos argentinos, bolivianos y peruanos. Y de éstos últimos entre sí, ya que conforman pequeños grupos armados que ingresan a la Villa para coptar, como siempre, a menores en riesgo.

Algunos Narcos tienen sus propias viviendas y otros entran con la connivencia de vecinos que reciben, a cambio de ese “favor”, la suma de entre 50 y 70 pesos. O el equivalente de la compra diaria en el almacén de acuerdo a lo que cuenta un habitante de la Villa que quiere escapar del lugar.

Son los Narcotraficantes de Tránsito que operan en los corredores agudizando la tensión constante.

1) “A la policía le importa todo tres cara… Acá los pibes se mueren por paco, coca y poxi o lo que de viste…” (Testimonio)

2) “Estos H D P –por los narcotraficantes- le dan falopa para que les enseñen los pasillos. Y a veces se los llevan de gira por el centro. Les hacen pensar que la droga es el negocio que los va a sacar de este lugar de Mier…” (Testimonio)

QUEDARSE O IRSE: Los riesgos

El sábado por la noche, yendo por Avenida Corrientes, llegando a Fraga se divisaba un corte en medio de la Avenida. Vecinos de la Villa Fraga protestaban quemando neumáticos. Se manifestaban caóticamente contra el Gobierno de la Ciudad porque no quieren, en su mayoría, ser trasladados hacia otros lugares que tengan mejores condiciones de vida que los resguarde del peligro sanitario. Y del derrumbe que se percibe.

Es que existe una naturalización de la indigencia. Asimilación de unos por falta de educación y medios; comodidad de otros que solo apuntan a la birra, el tetra y el faso; Narcos que no quieren perder su negocio.

En el medio, los trabajadores que quieren irse y cuya decisión se encuentra obstruida por las amenazas de las bandas organizadas. Dejar la Villa Fraga, de acuerdo a los códigos internos, es una traición. Lo mismo ocurre en otras Villas.

Así es como la clase de mano de obra útil vive desmoralizada en esa desolada postal que ni siquiera les permite respirar pureza bajo un árbol. Es que el espacio que simula “recreo” en diagonal a Fraga, devino en un lujurioso antro al aire libre de estados alcohólicos, narcóticos y promiscuamente sexuales.

Todo bajo la mirada de los habitantes de la Villa Fraga, de la gente que circula por la zona y de la Policía. Aquella que se dedica, solamente, a desviar el tránsito.
 
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