El Salvador a la nueva guerra

17 de marzo de 2011



Video que muestra la mutación de Pandillas a Maras en El Salvador.

Nuestra Banlieue

La criminalidad asentada en la fusión Narco Maras. Marginalidad y delito. La Banlieue de París y el contrapunto Argentino Bonaerense. (Segunda parte del estudio)


Como si fuese un mal incurable, la inseguridad, en Argentina, no cesa. Cobra otro sentido que tiende a confundirse con la reducción del delito cuando en realidad, se trata de una mutación del mismo. Muta su configuración. Su modo de construirse. Porque el delito también se construye y varia en sus estilos de acuerdo a la eficiencia o ineficiencia de las fuerzas de seguridad de un país que sientan o no las bases de contención social ante la expansión del crimen organizada.

Actualmente, la criminalidad está asentada en el Narcotráfico que busca tender redes delictivas con agrupaciones pequeñas aunque ya iniciadas. Es decir, pandillas en crecimiento. En esa coptación, las grandes organizaciones, se garantizan la expansión territorial.

Nutrirse de espacios de operación para la venta de droga. Instalación de “cocinas".

Es por eso que una vez que el Narco ingresa en las sociedades permeables, el estado de descomposición se acelera y en ese punto, es donde se potencia la mutación del delito amparado en nuevas fusiones. Narco Maras.

Tiempos de acuerdos. Reconocimiento público.

Existe un acuerdo explícito entre Maras y Narcos, lo cual agudiza el problema del crimen organizado en Centroamérica y el resto del mundo a causa de la relación, imposible de ocultar, de éstas estructuras de poder con miembros de grupos terroristas. Especialmente, Al Qaeda.

La noticia sobre el reconocimiento de la fusión impacta brutalmente en las autoridades y la ciudadanía. La fusión se confiesa y las colaterales son mundiales. Se observa y conoce, la escalada de las Pandillas al rango de Maras que se unen a los Narcotraficantes como escudo contra su erradicación.

Patear la pelota. Secuencia de culpas en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.


La Provincia de Buenos Aires es el gran semillero de años de embriones de Maras. Estructura larval alimentada por exonerados, como ya se ha planteado en este BLOG, de la Policía Bonaerense, así como de ciertos desperdicios que aún continúan en servicio pero que entablaron, por lo redituable, una relación de connivencia con las pandillas que reciben a exiliados de diferentes países de América. Exiliados que huyen, por haber sido detectados como mareros, de sus países de origen. Que anclan en Argentina y se insertan, despiadadamente, en las bandas formadas que necesitan de un líder consolidado para trascender la barrera del barrio. Llegar a la frontera y en lo posible, viajar a diferentes puntos del país, para aprender la ideología delictiva que los cabecillas pueden aportar de detrás de los Muros. Tráfico de información.

Sin embargo, esta situación no fue ni es atendida por los gobernantes. Existe una retórica a medias que la reconoce y un accionar equivocado frente a la fragilidad de conocimiento sobre los alcances de la Mafia en el país. Se legitima, por ejemplo, la pelea callejera como si fuese algo natural de la adolescencia cuando en realidad, es la antesala del crimen.

La tercera vía, por ejemplo, que el oficialismo Nacional encontró para explicar los por qué de la violencia, es la actuación de los medios. La influencia de los mismos en la sociedad. En el televidente que a juicio oficial, no se da cuenta de que la noticia es la misma aunque televisada en diferentes horarios por la renovación del público.

Otorgar a los medios y a la pobreza la responsabilidad del caos. Era de Clichés.

Culpabilizar a los medios como mecanismo de desligue. Ampararse en la reiteración de una noticia como causal de la rotura del tejido social son los mecanismos de defensa de la actualidad. Caer en los clichés de la obviedad, desatendiendo que por carácter natural, el delito tiene repercusión mediática. Porque del delito se desprende la noticia.

El otro Cliché es criminalizar la pobreza. Es el primer error. Considerar que pobreza es siempre delincuencia es un segundo error. Los pobres no tienen los medios para desarrollarse en el Narco Crimen. Excepto, bajo el adiestramiento especializado en formación global.

PUERTA DE HIERRO (Isidro Casanova). La San Petersburgo (La Matanza). Nuestra Banlieue.

La Matanza. Extensa e inviable. Fue allí donde se produjo el primer asesinato con el sello Maras. El caso Eugenia Ledesma. (Ver archivo de BLOG)

Ambos barrios (Puerta de Hierro y San Petersburgo) representan la barbarie en el contexto de lo que ya es: la Utopía de la Civilización.

Entre la “transa” con la policía y la droga que corre como manantial, desde la más temprana edad, los chicos se lanzan al delito de manera jactanciosa. Con soberbia, relatan como “ensartan” con botellas rotas a los transeúntes que no les quieran dar dinero.

Entre los pasillos de las villas y la oscuridad de los monoblocks, el Conurbano Bonaerense, es la cuna de la delincuencia local e importada. Que se descompone irradiando a la Ciudad de Buenos Aires, el delito diurno entremezclado con el in situ.

Es la Banlieue de Argentina. Nuestra Banlieue del extenso territorio vacío de normas, en el que la integración también fracasa porque responde a la educación delictiva y no escolar.

Suburbios de París/Conurbano Bonaerense. La extensa distancia kilométrica y la profunda cercanía de la miseria que se manifiesta en violencia.

La Banlieue de París se presenta como el contrapunto del cordón bonaerense situado a tan solo 10 KM o poco más, de la Capital. Suburbios, algunos, atravesados por el hastío de la marginalidad. Otros, por la tendencia criminal congénita.

Continuará.

La Banlieue de París

14 de marzo de 2011

Iniciamos en el Metro de Passy la observación del cambio del color local y el fracaso de la integración social. (Primera parte del estudio)


Son apenas las cinco de la tarde de un invierno blanco y exquisitamente suave. Sin embargo, es de noche.

Para muchos, la hora de emprender el regreso a casa. El Metro, una de las opciones. Tal vez la más palpable, rápida y económica. Fusión de la oscuridad bajo tierra y la luz de una Torre Eiffel que apenas si se deja ver por la entre condensada neblina.

Ensimismados y despreocupados por el otro, los ciudadanos de París emprenden el monótono camino. Eclécticos, son participantes activos de una Francia diferente. Observada por el ojo agudo de un turista inquieto.

Estación de Passy. Rodeada de los flashes que nos dejó, allá lejos y hace tiempo, “El último tango en París”. Reminiscencias de un pasado glorioso que penetra inexplicablemente agitando el pulso de un tiempo que nunca es eterno.

Allí, en el Metro, el cambio del color local se acentúa porque es el escenario que combina todo lo que comenzó a gestarse en la década del ’60. A medida que nos alejamos, la estética indumentaria cobra un tinte rústico. Despojado. Los rostros son otros y los modismos se superponen en los aromas.

Es que en cincuenta años, mucho había cambiado. Y vertiginosamente más, en los últimos quince años.

Estación por estación aparecen los matices de la metamorfosis. Existe un París más allá de París. Al llegar a Montparnasse la mirada se multiplica. Pero falta mucho más y en otras direcciones. Es que a tan solo 15 o 20 KM encontramos la llamada Banlieue. Los suburbios que rompen con la luminaria parisina. En donde se inició aquello que actualmente preocupa y perturba la estelaridad de la ciudad que llevamos en nuestra mente. Que vivimos, que nos contaron o imaginamos. La Banlieue en donde se dio cita la inmigración.

Clichy-sous-Bois: la verdadera frontera francesa.

2011 es la cara contundente de un París modificado en su estética cultural como consecuencia de una integración presentada como el gran desafío del siglo XX. Integración que se auto impulsaba a triunfar sin contar, con que la profundización de la modernidad, actuaría para boicotear un proceso que no era tan fuerte y sostenido como se lo consideraba.

París estalla en un crisol. Quienes se acoplaron a los usos y costumbres, en los inicios del acomodamiento multicultural, se reprodujeron en generaciones. Y es ahí (en la naturalidad de la procreación que necesitó, en muchos casos de una combinación francesa con inmigrante) donde se producen las primeras fisuras de la imagen de un tablero que simulaba orden. Es que con el proceso de integración también se iniciaba, implícitamente en el mundo, un proceso de descomposición social producto de una imposición migratoria que llegaría con los años. Con las generaciones venideras que al contrario de las primeras, no se amoldaron a las normas de los países en los cuales nacieron.

Son la antítesis de aquellos pobladores de las antiguas colonias africanas que llegaron, por ejemplo a Francia, en los años ‘60, maravillados por un crecimiento económico que necesitaba de una mano de obra ansiosa por trabajar.

“Los inmigrantes podían trabajar en Francia y a cambio debían incorporar los principios y costumbres para integrarse a la nación. Esto funcionó de forma muy natural en las primeras décadas, pero algo comenzó a desacoplarse con la segunda y tercera generación de inmigrantes -ya muchos franceses en los papeles, pero no tanto en la mentalidad- y con los nuevos extranjeros que llegaron a Francia en un contexto laboral mucho más precario.” (Ignacio Coló)

El panorama descripto por Coló da cuenta de que la no imposición primaria del inmigrante se da a nivel secundario. Hablamos de la contradicción del a priori con el a posteriori. Situación que implosiona, en un primer momento, en el seno de la familia combinada y luego, explota o estalla enseñando una Francia violenta. Rebelde.

Que baja de La Banlieue ya marginal para descargar su ira. La frustración sentida por el migrante que sí es francés pero cuya estructura de pensamiento tiene más que ver con los genes. Con su descendencia. Aquella que no fue renegada por sus padres y/o abuelos aunque sí adaptada a las necesidades que encontrarían su satisfacción en la ciudad luz, así como en otros centros del país.

La primera generación de inmigrantes tuvo un comportamiento mucho más francés que los nacidos en Francia de la fusión nativa con migratoria.

La falta de adaptación a la rigidez cultural y educativa en Francia, así como el sentimiento de exclusión y no pertenencia, dieron lugar a la creación de un terreno propicio para la violencia. Ocurrió que el vaciamiento o la nueva “huída” de aristócratas franceses, que en un primer momento escaparon de la Ciudad para instalarse en el remanso de las afueras ahora ocupadas por un color diferente, motivó a los africanos e islámicos, legítimamente franceses, a escapar del lugar que se parece a otro país dentro del mismo país. Así, cada vez que el hastío, la vagancia, la intolerancia y la falta de incentivos personales los azuza, se trasladan a “buscar” a los sofisticados que no pudieron convivir con ellos. Que aún los repudian.

Buscan, en la verborragia de la indignación, descargarse contra un sistema que en su universo de significados, al igual que en su sistema de creencias, no los acuna. Se repliegan contra el francés que no experimentó el cruce migratorio y que tal vez por eso, nos los considera más allá de un papeleo que los hace compatriotas.

Bajo estas características, se gestó el estado de caos. Aquel que se disputa en el corazón más luminoso, transitado y paquete de París a través del incendio de autos y coquetos negocios. No obstante, tiene su organización central y previa agitación, en la pelea entre los habitantes de otras Banlieue. Y de ellos contra la Police.

La integración social fracasó y con el fracaso se produce la paradoja de la expansión del Islam. Del África Urgente.

Y en ese fracaso, nace, crece y desarrolla La Banlieue parisina encuadrada en un territorio que queda lejos, no geográfica sino socialmente. Allí donde sus coordenadas están atravesadas por las leyes de los odios.

Continuará.

Paris - paname the ghetto?



Imagenes en vide de La Banlieue de París. Canción de protesta repera de sus habitantes.
 
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