Pandilleros se expanden (Prensa Libre)

30 de septiembre de 2009

Una nota publicada en Prensa Libre de Guatemala plasma las distintas teorías sobre la evolución de Las Maras en el continente Americano y el mundo.
Entre los libros citados se encuentra "La Mara al Desnudo" de Pedro Gallego y "ESPERANDO LAS MARAS, Estado embrionario en Argentina" de mi autoría.
Les adjunto el link para que puedan nutrirse de mayor conocimiento.

http://www.prensalibre.com.gt/pl/2009/junio/28/323047.html

ESPERANDO LAS MARAS: Estado embrionario en Argentina

25 de septiembre de 2009

ESPERANDO LAS MARAS: Estado embrionario en Argentina.
Autora: Laura Etcharren
Editorial: Catálogos
Próximamente en todas las librerías.

Desde la profanación de la identidad de los argentinos subyugados a las incoherencias gubernamentales y a las acciones del crimen organizado en sus distintas expresiones, el crisol de razas se amplía en nuestra Nación dándole lugar a una llamativa forma de violencia que se expresa en el fenómeno de Las Maras centroamericanas que han iniciado, desde la década del ’60, un movimiento expansivo de desarrollo y evolución que invita a las potenciales Maras locales a alinearse en un campo de acción abierto al delito.
Porque la inseguridad mundial no es una situación nueva. Es, en todo caso, un proceso sostenido en el tiempo marcado por los ritmos de la globalización que se complementa con intereses económicos y políticos en el marco de las modalidades delictivas que anidan en las fronteras cada vez más extendidas, así como en los grandes centros urbanos.
Se encuentra, en el narcoterrorismo, una rentabilidad deseada que desata una guerra entre los distintos carteles de la droga que se disputan el dominio de los hilos sociales del poder a lo largo del continente Americano, afectado, en su centro, por el Triángulo Maras (El Salvador, Honduras, Guatemala) y alerta, en su sur, por el Triángulo Embrionario de Maras (Argentina, Chile, Uruguay)

"El oficialismo marero"

17 de septiembre de 2009

El desgaste social como consecuencia del desquicio gubernamental.
Breve panorama continental.

Arengados al interior de la barbarie grupal que los estimula para pasar de potenciales delincuentes a delincuentes feroces, los narcotraficantes van mutando en su composición, al tiempo que contribuyen en profundizar la descomposición social que se extiende a lo largo del continente.

Una centroamericanización latinoamericana en materia de inseguridad se entremezcla, en el caso específico de Argentina, con una chavización en materia política. Se eleva el descontento de los diferentes estratos de la sociedad pero la osadía gubernamental no decae. Al contrario.

Se asiste, en la vorágine de los sentidos sociales opuestos, al desequilibrio sustancial de un país atado a las vinculaciones con más desprestigio que se puedan entablar y se esgrime, en los proyectos, democratización.

El escenario desborda de incapaces y perfectos tergiversadores. Profesionales de la mentira enarbolados en el mal uso de lo popular y nivelador.

Mientras tanto, el estado de situación en materia de seguridad estalló y con ello, el colapso en las distintas esferas de la vida es un hecho.

El triángulo embrionario de Maras avanza como gigante.

La mafia del narco es parte integrante de los hilos del poder y desde el gobierno las operaciones de lucha son caducas porque a ciencia cierta, no hay movilización.

No hay un plan para combatir el narcotráfico porque no se sabe o no se quieren saber, voluntariamente, cuáles son las relaciones más mediatas de los narcotraficantes que se mueven, en la permeabilidad de la frontera, con desparpajo, jactancia y sigilosa coptación de menores pandilleros con ansias de trascender la banda.

En Centroamérica, la MS13 llamó a la guerra. Se impone la guerra de las Narco Maras.

Una guerra que ya no solo es entre miembros de distintas Maras sino entre las Maras, los gobiernos, los pandilleros y los desprendidos de las pandillas que fluctúan sin saber aún, cuál es la organización en la que encontrarán mayor satisfacción criminal y mejores relaciones con los grupos del poder político y económico que es, empíricamente, aquello que les asegura la ganancia económica deseada.

En Argentina vamos por la misma vía. Pandilleros escurridizos arriban al país para imponer su estilo, modos de operación y alinearse junto a los pandilleros locales. Ambos, en la búsqueda de ser Maras.

Devoran América Central en el triángulo Mara y van por la triangulación embrionaria de América Latina que incluye a nuestro país y a la que se le debe sumar, la evidencia accionaría de las dos últimas administraciones (Kirchner/ Fernández) que devoran, bajo el velo democrático y de los DD.HH, al pueblo argentino.

Contamos entonces, con el estado embrionario de Maras que empieza a devorarnos y con el “oficialismo marero” que busca arrasar con todo lo que encuentra, bajo el perverso y desequilibrado cliché del debate en el Congreso.

Buscan, como la hormiga marabunta, imponer lo peor de la política hasta que el tic tac del reloj deje de sonar.

El costo del retrato

10 de septiembre de 2009

El asesinato del prestigioso documentalista Christian Poveda.

El inicio de un tema de investigación puede ser muy grato para quien lo emprende pero muy molesto para quienes, en algunos casos, son objeto de estudio. Eso sucede con Las Maras y su mundo. Un mundo que ya no es impenetrable aunque sí, ciertamente peligroso cuando uno ingresa.

Las imágenes se convierten en la declaración de una guerra en la grave extensión del terrorismo. El retrato es imperdonable y la exhibición de una construcción de la subjetividad basada en sus alianzas con los narcotraficantes para constituir las narco maras tiene su costo.

Fue así, com la M18 no le perdonó al talentoso cineasta y fotógrafo franco español, Christian Poveda, haberlos filmado para realizar el prestigioso documental “La vida loca”.

Desde la barbarie de la cárcel, un jefe Mara, Nelson Lazo Rivera, ordenó su asesinato. El cual se cometió en San Salvador.

“Lazo Rivera ordenó a otros pandilleros investigar a Poveda y les dio instrucciones de que lo asesinaran si confirmaban que era un informante. Los pandilleros solicitaron a Poveda, a quien identificaban como 'El Amigo', que se reuniera con ellos el 30 de agosto, pero el fotógrafo no acudió a cita, lo que les hizo pensar que la versión de que era informante era cierta, dijo Cotto. Los miembros de la 'Mara 18' citaron nuevamente a Poveda el 2 de septiembre a reunirse cerca del barrio La Campanera, a unos 10 km al noreste de San Salvador, donde lo asesinaron, agregó el oficial”. (http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5g8uj3yDXQ2_cyCHDu2z4bXJ4Vvsw)

Fueron 16 meses consagrados a un trabajo de campo basado en la observación directa, la toma de fotografías y la filmación de capturas y juicios. Poveda contaba con el permiso de la policía, el sistema judicial y de algunos pandilleros que habían ingresado en un camino de reinserción social.

El documental muestra, entre otros actos, los usos y costumbres de una de las pandillas más peligrosas de Centroamérica que tiene células dentro del triángulo Mara Central, así como en España, Canadá, El Líbano y su potencial presencia embrionaria, junto a la MS13, en América Latina.

Con lo cual, lo que se confirma y que atiende al razonamiento que hace este Blog desde hace tiempo, es que no han sido los integrantes de la banda los autores del crimen, sino Las Maras. Aquellas que han logrado desprenderse de las pandillas para vincularse con los grandes grupos del poder político y económico. Así como con los ex integrantes de ejércitos de elite, narcos y el crimen organizado.

Es decir, quienes verdaderamente asesinaron a Poveda son los desprendidos de la 18 que buscaban escalar para dominar los hilos sociales del narcotráfico. Fueron las narco maras que necesitan esconderse, que se mueven en la impermeabilidad fronteriza y que no desean ser equiparadas con una banda, ya que ésta última, en la carrera de ascenso, es una instancia menor de novatos.

Los pandilleros captados por especialistas para iniciar la complicada vía de readaptación, dentro de una sociedad que ya los ha estigmatizado como delincuentes y desviados, no han sido los autores del crimen.

En este contexto de violencia y sofisticación de la organización criminal, la diferencia entre Pandillas y Maras no es caprichosa ni voluntarista. Es, simplemente, el reflejo de una realidad que requiere de dinero, tácticas y estrategias, movilidad y cierto velo gubernamental.

Argentina: Adicta e inimputable

1 de septiembre de 2009

El amparo del mal en la Argentina de Hamlet.

Con la despenalización de la tenencia de marihuana para consumo personal se ponen en evidencia cuestiones que nos identifican como un país enmascarado de progreso y desarrollo.

Existe una idea contradictoria de modernidad. De simulación.

Reinan, en el país de la selectividad, principios de retroceso que no se ajustan a la realidad social por la que atravesamos. Porque cuando más tendríamos que estrecharnos en los Valores Perennes y en el control de los usos y costumbres de la tradición en relación dialéctica con la escuela y la familia, el gobierno se avoca en la construcción de un camino de falsa libertad del Ser.

Algo que nos arrastra como sociedad que se ajusta, desde abajo, a las incoherencias del arriba que se sumerge en la indiferencia, relegándonos y nutriéndose de la inseguridad preponderante en una irreverente acumulación de poder.

Entonces, colectivamente arraigamos en la espera de los efectos que la droga puede causar individualmente. Nos enfrentamos al descalabro de un falso progresismo que penetra en las mentalidades de todos aquellos consumidores jovenes que encuentran, en este gobierno, la legitimidad de sus acciones.

Y asistimos, en la aceptación de ciertos integrantes de las generaciones más adultas, a la gloria de la no represión en ninguna de sus facetas.

Como si saliesen de la opacidad. Como si el libre olor de la marihuana representase el triunfo de una lucha que en la Argentina de Hamlet no tiene epílogo y cuando parece tenerlo, emerge, como protagonista, la tragedia. Acompañada de los DD. HH como actores destacados aunque parciales.

Con lo cual se traza una matriz Nacional adicta e inimputable.

Se legaliza, con esta nueva normativa, el desquicio de aquellos consumidores que lejos de tener efectos pasivos, experimentan sensaciones incontrolables que ya han causado diferentes tipos de delitos. En su mayoría, homicidios y robos.

Se legaliza la fatalidad. Se le abren, aún más, las fronteras a los narcos y se desnaturaliza el sentido de la familia como célula que motoriza a toda sociedad que desea trascender la vulnerabilidad que produce la criminalidad.

Vulnerabilidad irrefrenable acompasada con menores delincuentes que no encuentran un continente legal. Que perciben, a través de los códigos de la calle, las mafias que los coptan y las nuevas gestiones, que la droga tampoco tiene un freno jurídico.

La decisión primaria, es la antesala del todo.

Porque para poder acceder a un porro (cigarrillo de marihuana) si no se tiene una pequeña plantación casera, se necesita de un dealer. Y si se entiende que la marihuana no es perjudicial en su consumo “moderado”, cómo sancionar al dealer. De esta absurda lógica, que se desprende de las decisiones oficiales, sobresale la cadena de equivocaciones.

Se ampara al consumidor en la creencia de víctima cuando muchas veces el consumidor utiliza los efectos de los estupefacientes para salir a delinquir. Para hacer aquello que en condiciones de normalidad, no haría.

“Dróguense y procuren que el abastecimiento de cuenta que es para consumo personal. Y que los menores salgan a robar y matar”. Es la premisa que se transmite, tal vez, “inocentemente” desde la cápsula oficial.

La ley, en Argentina, los ampara. La ley, en su progresismo kirchnerista, no es más que el amparo del mal.
 
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