Cubanización de América

29 de junio de 2009

Un panorama infantil violento lo largo del continente americano que se debate entre la crisis política y la inseguridad.

Generalidades

A partir del irrefrenable proceso de violencia mundial, las condiciones de vida que trascienden la economía son cada vez más paupérrimas. Con lo cual, el reacondicionamiento de los parámetros de normalidad se complica hasta presentarse como un concepto límite funcional a la extensión de estado de excepcional.

Un escenario caótico atravesado por la anomia y la indiferencia.

Encontramos a niños pandilleros, mareros, soldados, narcos en ascenso y miembros de los ya instalados carteles de la droga. Pero también, están los menores que no forman parte de ninguna de estas agrupaciones y que son sometidos al maltrato que los lleva al despojo de la familia como célula de la sociedad.

Bogotá es uno de los principales centros urbanos que no oculta la barbarie infantil. Que informa, a través de los medios de comunicación, el horror que padecen cotidianamente niños y niñas víctimas del abandono, del abuso sexual y el maltrato al interior del seno familiar.

Niños alineados
15, 14, 13 y 12 años. De mayor a menor y desde la más temprana edad experimentan el abuso como regla, la lógica del despojo de la inocencia y la ignorancia de los Valores Perennes que no les son enseñados y transmitidos. Es por ello, que bajo estas características se forman en el resentimiento y desarrollan una mentalidad que desencadena en un sentimiento de venganza.

Buscan, a través del vínculo con el poder mafioso, ocupar un lugar. Establecer un sentimiento de pertenencia que los haga formar parte de algo que los coloque en un espacio protagónico, aunque más no sea, el narco criminal. Así se convierten en asesinos que son tomados por algunos gobiernos como víctimas del sistema y no como victimarios, colocando una vez más en la mesa de debate la institucionalización de leyes que tengan que ver con la relación entre crimen y castigo en el rango de la minoridad.

Centroamérica, fundamentalmente en su triángulo de maras (El Salvador, Guatemala y Honduras) y Latinoamérica en su triángulo embrionario marero (Argentina, Uruguay y Chile) encarna una realidad que tiene que ver, entre otras cosas, con niños que son víctimas de otros niños. Porque encontramos que en la marginalidad y en la crisis al interior de las familias se desarrollan situaciones de desamparo que son percibidas por los chicos insertos en el terrorismo y más aún, por los individuos que manejan los hilos del poder del narcotráfico, como funcionales al crecimiento y a la ramificación del tráfico de personas, droga y órganos.

Se usufructúa del riesgo social por abulia para crear nuevas células delictivas conformadas por menores impunes en sus distintos formatos bajo el común denominador de la violencia. Un escenario en el que la tragedia de la moral y los valores se profundiza a medida que las fronteras se vuelven más permeables permitiendo que las naciones se rieguen del caos que genera la penetración de los carteles de la droga.

El caso de Honduras
Honduras, como país integrante del triángulo mara encuentra jaqueada su seguridad doblemente. Por un lado, las constantes operaciones conjuntas de las maras y los narcotraficantes y por otro lado, la crisis del Gobierno de Zelaya que termina con un Golpe de Estado. No obstante, algunos especialistas internacionales residentes en dicho país hacen referencia a un auto golpe para intentar evadir la ineficacia del gobierno y el aumento de la violencia.

Sucede, que al igual que muchos países del continente, la reforma de las constituciones es una tendencia que se viene dando desde hace algunos años con el fin de renovar mandatos hasta lograr perpetuarse en el poder. Algo que Manuel Zelaya, siguiendo el modelo de Chávez en Venezuela, parece haber barajado en su círculo político más mediato.

Se busca, a través de la victimización de los oficialistas escudados bajo el velo progresista o popular, llevar el caos de arriba hacia abajo. Movilizar a los estratos sociales más bajos para enfrentarse con las fuerzas de seguridad profundizando el deterioro social y no el cambio como se pretende instalar.

Entonces, alterando ficticiamente las democracias a nivel político y consolidando la barbarie para nutrir a los grandes grupos del poder económico y político, la región se divide en materia de inseguridad en la centroamericanización latinoamericana y en materia política se la conduce a la cubanización americana.

Entrevista Maras para Revista Rosario Express

8 de junio de 2009

Por: Danisa Primo para Rosario Express
http://www.rosarioexpress.com/

“En Argentina no hay maras organizadas, pero existe un estado embrionario o larval de formación” sostiene la socióloga Laura Etcharren, autora del libro “Esperando a las Maras” próximo a publicarse.
Estas bandas, muy conocidas en Centroamérica, son grupos violentos integrados en su mayoría por jóvenes vinculados a las drogas, a los asesinatos por encargo, a la lucha entre bandas, al delito y al tráfico de personas.

“El término mara proviene de la hormiga marabunta, una especie que arrasa con todo lo que
encuentra a su paso”
, explicó a Rosario Express esta estudiosa del fenómeno.
“La teoría que sostengo –agregó– es que en Argentina no hay maras pero si hay un estado
embrionario o larval para que se formen. Son pequeños brotes que, frente a la negación que hay acerca de la inseguridad, se van a ir regando y se van a convertir en lo que sería la estructura definitiva de las maras en Argentina”.

– ¿Por qué podría pasar esto?

Hay chicos que están en la calle y que son un blanco perfecto para los narcos. En Argentina
hay una intensa penetración d narcos y de carteles de la droga gracias a la permeabilidad
de nuestras fronteras. Sin ir más lejos, en muchos campos, incluso en Santa Fe, llegan aviones
con droga. Los narcos buscan captar a estos chicos que pertenecen a bandas, como por
ejemplo La Favella o Ninios Populares de Rosario para alinearlos y adiestrarlos.

– ¿Es un tema excluyente de clases sociales?

Algunos de los chicos que conforman estas bandas son emergentes de la pobreza y la marginalidad, pero otros no. Reducir el problema de la conformación de las bandas y las pandillas a los pobres es un error que impide mejorar el problema de la inseguridad en Argentina.
Los pobres se han convertido en una herramienta funcional de campaña que a la oposición
le viene fantástico y el oficialismo lo toma como que delinquen porque tienen hambre. Muchos
de estos chicos tienen la cabeza limpia como para poder asimilar las tácticas y estrategias que les enseñan los narcos, o enmuchos casos policías o ex policías corruptos, porque los embriones de las maras también están dentro de la policía, sobre todo, de la bonaerense.

– ¿Cree que hay conciencia acerca de esto?

– Hay una tendencia a negar el problema pero Argentina, lamentablemente, conforma el Triángulo Embrionario Latinoamericano de maras junto a Uruguay y Chile.

– ¿Uruguay y Chile están en una situación similar a la nuestra?

– Están en un estado embrionario. Después está el triángulo centroamericano de maras conformado por Honduras, el Salvador y Guatemala, donde sí están las verdaderamente vinculadas al crimen organizado y al narcotráfico.

– ¿Cómo se conformaron?

Cuando se producen las guerras civiles en Centroamérica. Muchos jóvenes se fueron a Estados Unidos o a México pero luego fueron deportados a sus lugares de origen donde se encontraron en una situación demayor marginalidad social. A ellos se sumaron jóvenes de sectores marginales que conformaron una amenaza de un alto grado de violencia. Se agruparon básicamente en La Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y la Mara 18, por el nombre de las calles donde se asentaron.
En Latinoamérica, las condiciones socioeconómicas e históricas son distintas.
Nosotros tenemos pandillas con características locales pero también con características importadas. Pero además, Argentina, se vuelve un espacio propicio para que aquellos mareros que ya no pueden estar en sus países de origen como El Salvador, Honduras, Guatemala o Nicaragua, vengan a la Argentina a crear sus propias células.
Los controles migratorios en Argentina son nulos.

– ¿Cuál es la diferencia entre mara y pandilla?

La diferencia básica es que las pandillas luchan por la defensa del barrio. Se relacionan con lo que tiene que ver con el narco menudeo o con los delitos “menores”. Las maras son mucho más sofisticadas, tienen una infraestructura superior porque están vinculadas
a los grandes grupos del poder político y económico de cada país. Están vinculadas a los narcos que han trascendido el barrio para empezar a luchar por la frontera y dominar el narcotráfico.
 
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