Entrevista: Violencia bajo la piel

28 de abril de 2009

El fenómeno centroamericano de las pandillas conocidas como Maras aumenta día a día y su notoriedad ya creó un conflicto sobre su existencia en estado larval en países como Argentina, Uruguay y Chile. Una realidad que va unida al empobrecimiento de la sociedad y al avance del narcocrimen organizado. Observador Global entrevistó a la socióloga Laura Etcharren, autora de Esperando las Maras, estado embrionario en Argentina.
http://observadorglobal.com/violencia-bajo-la-piel-n554.html

El miembro de una Mara es detenido en El Salvador - AP
Hablar de Mara es hablar de un grupo organizado. Es hablar de un conjunto de jóvenes que no tienen oportunidades laborales, educación y, muchas veces, ni familia. Es la Mara la que va a recibir al nuevo como un miembro del clan. La pertenencia a este grupo es de por vida y la única forma de salir es la muerte.
Las Maras son un caldo de cultivo para el crimen organizado que los usa para realizar acciones delictivas que van desde robos menores a acciones de tipo comando. Pero con el tiempo las Maras pasaron de estar en los márgenes de la delincuencia a ser el centro mismo de todo lo relacionando con el narcocrimen organizado.
Hablar de Mara es hablar de exclusión social y pobreza. Todos sus miembros provienen de familias sin recursos, hijos de matrimonios desintegrados con profundos episodios de violencia intrafamiliar. Pocos van a la escuela y los que fueron la abandonaron en algún momento para formar parte de una pandilla.
Hablar de Mara es hablar de violencia. En forma rápida los chicos que se suman a la estructura aprenden que la violencia es una herramienta válida de la que siempre se valen sus mayores para conseguir lo que necesitan para sobrevivir.
Las Maras son un subproducto de la transculturación centroamericana que tuvo como punto de partida la migración masiva de personas iniciada en la década de 1970.
El modelo económico y la guerra de El Salvador hizo que cientos de jóvenes intentaran emigrar a los Estados Unidos, pero la deportación o la falta de oportunidades hicieron que el regreso los encontrara en una situación de mayor marginación social. A ellos se sumaron jóvenes de sectores sociales marginales de El Salvador, conformando una amenaza de alto grado de violencia. Básicamente se agrupan en dos grandes pandillas: La Mara Salvatrucha 13 (MS 13) y la Mara 18, por el nombre de la calle donde se asentaron.
En junio de 2003 el presidente salvadoreño, Francisco Flores, puso en marcha el Plan Mano Dura por el que se detuvo a más de tres mil integrantes de diferentes Maras. Por su parte el envío de presos, que no habían terminado de cumplir con su condena en los Estados Unidos, redujo costos y liberó espacios en sus cárceles pero convirtió en un problema mayor al llamado Triángulo Mara Centroamericano. Jóvenes sin futuro que son captados cada vez desde más chicos, tatuajes que representan la pertenencia, criminalidad, falta de oportunidades y violencia. Las Maras bajan hacia el sur del continente y ningún gobierno está haciendo nada.

¿De dónde viene el término Mara?
El término Mara proviene originariamente de la hormiga marabunta, una hormiga que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Bajo esa forma de acción, las Maras han ido devorando generaciones de chicos desde la más temprana edad. No sólo matándolos sino también sometiéndolos al pauperismo de un submundo que se encuentra relacionado con el narcotráfico y el narcocrimen.

¿Dónde y cómo aparecieron?
Aparecieron en los Estados Unidos conformando un entramado de diversas nacionalidades. Cuando se producen las guerras civiles en Centroamérica se inicia un proceso migratorio atravesado por la violencia. Así, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y otros, comienzan a reunirse en grupos con características distintivas que van desde lo estético hasta lo que puede llamarse un reglamento propio de convivencia interno y externo. Luego de propagarse por varios estados de los Estados Unidos, estos pandilleros son deportados a sus países de orígenes en los cuales se inician contiendas entre pandilleros de la misma nacionalidad pero pertenecientes a diversos barrios.

¿En qué países se puede decir que hay Maras?
En Centroamérica existe lo que he dado en llamar el Triángulo Mara Centroamericano compuesto por El Salvador, Honduras y Guatemala. En esos países, la presencia de las Maras en su relación con el narcotráfico es cada vez mayor. México es uno de los países más sometidos a la violencia marera. Allí, los carteles de la droga han captado a menores pandilleros para convertirlos en verdaderos mareros, y también en niños soldado. Existe una presencia más reducida de pandillas en Nicaragua así como en Venezuela y Colombia. Estos dos últimos países ya más relacionados con la guerra narco han recibido a pequeños grupos de mareros. Lo mismo que Perú y Bolivia.

¿Cuántas Maras hay?
No existe un relevamiento de datos específico. Por lo tanto, es difícil precisar un número. Las más conocidas son la MS13 (Mara Salvatrucha), la M18, la Latin King, y Ñetas, pero existen y aparecen más. En Argentina –si bien no existen Maras en estado puro- una de las pandillas más sobresaliente es la de Las Pirañas. En México existe un grupo llamado Los Pirañas quienes se enfrentan, como comúnmente sucede, con otro grupo (en este caso, Los Dragones). Estos chicos reunidos en pandillas se metamorfosearon del mismo modo que las bandas en Argentina. Pasaron de los encuentros en las esquinas y las peleas a puños, al delito a gran escala y al uso de armas blancas y de fuego. Otras son La Banda del Guacho, el semillero Narco en el barrio Chino dentro de la Villa 31. También hay agrupaciones ubicadas en la zona del barrio porteño del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires sin nombres distintivos pero conformados en su mayoría por peruanos y bolivianos.

¿Cuál es el rito de iniciación?
Aquí también debemos ser rigurosos para no caer en la tendencia sostenida a la desinformación sobre un tema cada vez más complejo. El mundo de las Maras es diferente al mundo de las pandillas. El primero es un mundo más sofisticado en cuanto a la infraestructura y estructura piramidal que poseen. También en relación a la logística que emplean al momento de dar un golpe. La iniciación de un pandillero para escalar a la Mara es asesinar, vincularse desde otro lugar con el narcotráfico. Tiene que ver con demostrar a los líderes de la mafia que la defensa del barrio ha sido superada por la defensa de la frontera. De hecho, aquellos individuos que se encuentran en la cúspide siempre buscan captar a menores que se perfilen como cerebros criminales. Que tengan sus mentes relativamente limpias para poder asimilar la información delictiva correspondiente.
En cambio, para ingresar a una pandilla, cuyos integrantes generalmente son emergentes de la pobreza y la marginalidad, los ritos de iniciación tienen que ver con matar a sangre fría a un integrante de una pandilla rival; a un ciudadano común; violar a alguien. En el caso de las mujeres, cuya vida en la pandilla es casi efímera y son utilizadas como mulas, deben mantener relaciones sexuales con el líder de la pandilla, que en realidad son todos. Porque en el mundo pandillero, se suele decir que no hay un líder determinado.

¿Hay evidencias concretas de que Al Qaeda, la organización terrorista de Osama Bin Laden, haya mantenido reuniones con representantes de las Maras Salvadoreñas?
Las Maras están relacionadas con el terrorismo por ejercerlo desde su seno mismo. Textualmente, INTERPOL teme que las células de Al Qaeda tejan vínculos con las Maras de los países centroamericanos para reforzar las redes de tráfico de drogas. Ese temor cobra fuerza por las evidentes debilidades para combatir el narcotráfico y porque los países centroamericanos son un semillero de Maras.
En Canadá, Líbano y Australia existen pandillas con características propias que se van abasteciendo de las experiencias del crimen organizado que se nutre de estos brotes. Lo mismo sucede en España, el primer país europeo que ya experimenta un estado larval de Maras.

¿Se puede hablar de Maras en la Argentina?
En Argentina no hay Maras. No obstante, lo que sí hay es un estado embrionario de Maras. Un estado larval de Maras que significa pequeños brotes regados minuciosa y lentamente por la penetración del narcotráfico en el país frente a la permeabilidad de las fronteras, a la falta de un continente educativo y a la negación del problema. Eso convierte a la Argentina en un espacio propicio para el desarrollo y arribo de las Maras vinculadas al narcoterrorismo. Argentina integra junto a Uruguay y Chile lo que he dado en llamar Triángulo Embrionario Latinoamericano de Maras.

¿Cuál es el futuro de las Maras?
En el caso del Triángulo Embrionario depende básicamente de dejar de lado la negación compulsiva de la violencia imperante. De no seguir siendo funcionales a los narcos diciendo que vivimos una inseguridad en estado de sensación. Es importante que tanto el oficialismo como la oposición, en el mundo, dejen de tomar a la pobreza como una herramienta funcional para justificar la inseguridad.

Las dudas de Pasquini Durán

21 de abril de 2009

El problema de la inseguridad y un archipiélago para llenar un espacio en Página 12.

La discusión en Argentina sobre la baja de imputabilidad de los menores, así como la inseguridad en estado de sensación son dos puertas abiertas a la precarización de la realidad social que ha cobrado distintas formas en los últimos años.
Desde una inflamación mediática, hasta una negación compulsiva de los gobernantes y jueces, la seguridad se presenta, en estos tiempos, con matices casi utópicos. Sucede, que los medios no exacerban la problemática como desde el otro lado se plantea o acusa.
Los medios de comunicación transmiten los sucesos en sus distintas ediciones televisivas por los diversos canales de TV, en los programas de radio AM/FM y en los periódicos. Es una cuestión que responde a una dinámica informativa y que atiende a las demandas de una sociedad de consumo fragmentada en horarios de disponibilidad.
En este contexto, el fenómeno de Las Maras también fue adquiriendo notoriedad y preponderancia. En Centroamérica por ser un hecho y en Latinoamérica por estar en vías de desarrollo.
El debate se ha dado en algunos círculos intelectuales y académicos; dentro del periodismo mismo y entre los ciudadanos que encuentran en jaque, cotidianamente, su derecho de vida.
A través de documentales, escritos y algunas investigaciones livianas sobre el modus operandi de Las Maras, se han establecido proposiciones desde arriba que niegan la existencia de las mismas en nuestro país y salen al ruedo crítico de aquellos que sostenemos una teoría media.
En una nota publicada en Página 12, el domingo 19 de abril de 2009, titulada “Archipiélagos” y firmada por Pasquini Durán, se hace una pequeña retrospectiva del surgimiento de Las Maras, se promulga el film “La vida loca”, recientemente estrenado en México, y se niega la presencia de Maras en Buenos Aires.
Más precisamente, el autor dice: “No hay “maras” en Buenos Aires, pero la violencia comienza a presentarse tan salvaje y descontrolada que, al margen de sus dimensiones reales, espanta a porciones importantes de las sociedades de grandes y medianos centros urbanos”.
Esta afirmación lleva, inexorablemente, a volver sobre las divisiones que hacen de nuestro país un entramado violento que tiende a confundir al momento de negar o afirmar presencias.
Primero: En Argentina como en el resto del mundo existen pandillas con características locales e importadas, cuya principal característica es la defensa del territorio barrial mediante el empleo de la violencia.
Segundo: En Argentina existen Tribus Urbanas vinculadas a los estereotipos estéticos y al cliché del desencantamiento, también, como en otros países.
Tercero: En Argentina, como dice Pasquini Durán, no hay maras. Lo que si hay es un ESTADO EMBRIONARIO DE MARAS. UN ESTADO LARVAL DE MARAS que significa pequeños brotes regados minuciosa y lentamente por la penetración del narcotráfico en el país frente a la permeabilidad de las fronteras, a la falta de un continente educativo que pueda sostener a los chicos en banda que buscan escalar y a la negatividad antes mencionada que convierte a nuestra Nación en un espacio propicio para el desarrollo y arribo de las Maras vinculadas al narcoterrorismo.
¿Una nueva ley penal que baje la edad de inimputabilidad desarticularía la violencia o apresuraría la formación de “maras” a la criolla? Es la pregunta del autor de la nota que debería atender a la posibilidad, si conoce sobre lo que escribe, de no transmitir interrogantes sino certezas e información a sus lectores.
No obstante, ayudemos a Pasquini a despejar sus dudas.
Penalizar a un menor es una posibilidad que no debe descartarse por razones que no necesitan ser intelectualizadas.
Un menor que asesina requiere de una pena. De una sanción que le de cuenta que el hecho cometido es un delito que atenta contra la seguridad individual y colectiva. Estos chicos necesitan un continente legal porque de lo contrario, se les está legitimando la acción. Con lo cual, ya sea por falta de educación y trabajo o bien, por ser congénitamente delincuentes, reincidirán y cuando lleguen a la edad, hoy por hoy estipulada por la ley, se habrán cobrado la vida de muchos ciudadanos.
Bajar entonces la edad, implica un freno. Un límite. Una medida que acompañada por un equipo de especialistas en minoridad sería el inicio de sacar la anomia por la cual estamos atravesados.
En cuanto a si ello apresuraría la formación de Maras, debemos hacer nuevamente hincapié en que ya existe un estado embrionario local de Maras. Reducir, en este sentido, significaría alejar a los menores delincuentes ya etiquetados como tales de los narcos que buscan alinearlos para armar lo que ya sería, la definitiva estructura de Maras en Argentina.

Al Qaedización de Maras

14 de abril de 2009


Las Maras centroamericanas, el estado embrionario latinoamericano y la presencia de Al Qaeda en las redes del narcocrimen.

Generalidades

A pesar de la negatividad gubernamental y de algunos jueces garantistas enquistados en decir que la inseguridad no es más que un estado exacerbado por los medios de comunicación, el problema existe. Es complejo y se debate entre la ignorancia, la banalización y la funcionalidad de su existencia para una oposición sin ideas.
No obstante, también representa un problema para los especialistas que abordan el tema trascendiendo la obviedad del delito de cabotaje que existe en todas las Naciones. Porque aunque la tendencia sostenida sea negar la proliferación de Las Maras a nivel mundial, ellas aparecen en el escenario para entremezclarse con la criminalidad local que ante la presencia de las mismas, toma herramientas para crecer y desarrollarse a nivel estructural y de organización.
Por tales motivos, la relación de Las Maras con otros espacios de poder es fundamental para trabajar en la extensión del narcotráfico así como en la generación de miedo y terror en las poblaciones que las padecen así como en aquellas que experimentan el proceso, aún, desde la potencialidad.

Los triángulos
Como se sostiene desde éste Blog, las políticas aplicadas para erradicar a Las Maras han fallado y en algunos casos, hasta han incrementado su vigencia en distintos puntos. Sucede, que el hecho de no discernir entre una Pandilla y una Mara invita a la confusión al momento de aplicar medidas tanto preventivas como combativas. Entonces, los hechos cotidianos demuestran no solo el fracaso sino también la ramificación de las células de la M-18 y la MS13. Y lo más grave, la relación que mantienen con el narcoterrorismo y con los grupos terroristas del tipo Al Qaeda.
Tanto es así, que los representantes de los países integrantes del Triángulo Maras Centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador) alertan sobre la operatividad del crimen organizado en la región.
"El terrorismo internacional es un crimen muy bien financiado, sumamente agresivo, no reconocen fronteras, no reconocen grupos, no reconocen nacionalidades” (Ricardo Maduro, presidente de Honduras).
Por otro lado, el llamado de atención y de toma de conciencia que realiza INTERPOL (La Organización Internacional de Policía) revela que el estado de situación es complejo y que paulatinamente baja al Triángulo Embrionario Latinoamericano de Maras (Argentina, Uruguay, Chile).
INTERPOL teme que las células de Al Qaeda tejan vínculos con las Maras de los países centroamericanos para reforzar las redes de tráfico de drogas.
Un temor que cobra fuerza por las evidentes debilidades para combatir el narcotráfico y por ser, los países centroamericanos un semillero de Maras y los países latinoamericanos espacios propicios para su arribo y formulación de grupos que escalan en dicha materia, gozando de ser confundidos con meras Pandillas, Tribus Urbanas e individuos legitimados por la pobreza.
Todas ellas, razones suficientes para pensar en una futura Al Qaedización de Las Maras.

Pandillas cubanas

3 de abril de 2009

El estado de situación en Cuba como combinación de la nostalgia y los embriones de Maras.

A partir de las desinteligencias gubernamentales y de las confusiones que aún persisten alrededor del tema de Las Maras, el problema se agudiza en la región abriendo nuevas formas de operar dentro del narcocrimen.
Perduran los teóricos que afirman que Las Maras son pandillas y que las pandillas, a su vez, son Tribus Urbanas. Un círculo vicioso de interpretaciones que penetra en la sociedad enrarecida de delincuentes que lejos están de operar con la mentalidad de un marginal en materia de educación o bien, de alguien que carece de recursos económicos para llevar adelante estrategias delictivas sofisticadas.
Lo cierto es, que Las Maras se van propagando.
Al respecto, el triángulo Mara Centroamericano (Honduras, Guatemala, El Salvador) está cada vez más complicado. Las movidas políticas y los trabajos comunitarios no son suficientes para erradicar a estas agrupaciones con contactos europeos y organizaciones terroristas que han cambiado el eje mundial.
Por su parte, el triángulo embrionario Latinoamericano de Maras (Argentina, Uruguay, Chile) se asemeja consistentemente al anterior porque no hay toma de conciencia del peligro que representan las pandillas en ascenso y además, porque no se acepta que el narco ha ingresado en tales Naciones. Fundamentalmente, en la Argentina.
País propicio para la instalación de mareros en fuga o de mareros que buscan sentar sus bases en otros lugares valiéndose de la delincuencia local ávida de poder.

Situación cubana

La infiltración de las maras en combinación con el crimen organizado es tal, que ahora Cuba debe enfrentarse a la potencialidad de las mismas.
Siempre con características propias y algunas aprendidas, las maras hacen raíces y gozan del privilegio de no ser analizadas, por un número importante de analistas, como lo que verdaderamente son: Criminales vinculados con el poder político y económico emergentes algunos de la pobreza y otros, insertados en los ejércitos o en el narcotráfico desde la temprana edad. Siendo pues, los primeros, alineados por los segundos.
En el sitio web www.cubanet.org, Leafar Pérez describe el estado de las Maras en la Isla de la siguiente manera; “Son hijos decepcionados de la revolución cubana. Consecuencia directa de casi dos décadas de Período Especial. Son el resultado del grave deterioro de las condiciones económicas y sociales de la nación, y del agotamiento de un discurso político que ya no cautiva ni alienta. Se refugian en la violencia, las drogas y el robo como modos de subsistencia. Son las maras cubanas.”
Una visión benévola que nos ubica en una fase del pensamiento que se asemeja más a los nostálgicos revolucionarios que se agrupan para debatir los por qué de los aciertos y desaciertos así como para pensar en el tiempo pasado y darse cuenta que la revolución no era ni la tercera ni la cuarta vía.

Expresan su fastidio y desencanto de forma violenta. Estos individuos nada tienen que ver con el estado embrionario de Maras.
Los que sí tienen que ver con ese estado que marca el panorama callejero y fronterizo del continente americano, son los grupos de personas que se dedican a delinquir con métodos de narcomenudeo y hurtos.
Son los que comienzan como pandillas que realizan rituales de iniciación pero que luego, con el paso del tiempo y al ingresar en el panóptico de los narco, se convertirán en verdaderos embriones que pueden transformarse, de acuerdo a cómo se aborde el tema, en Maras propiamente dichas.
Tanto es así, que el sociólogo Luis Arroyo en ese mismo sitio de Internet dentro de la nota llamada Las Maras cubanas observa esa situación. Y su descripción es, sin duda alguna, una alerta a Cuba.
Una Cuba que si no toma en consideración el trabajo de campo ingresará al circuito de Las Maras. Aquellas que buscan crear, triángulos nacionales.
 
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