Delivery criminal

24 de octubre de 2008


Apuntes sobre la emergencia Argentina en materia de inseguridad y la distinción entre menores víctimas y menores victimarios.

Desde los vacíos y la negligencia, la Provincia de Buenos Aires arribó al peor de los destinos. El de una muerte cada ocho horas en el extenso territorio bárbaro en el que no se distinguen estratos sociales, barrios y localidades.
La doble compulsión se apoderó de los vecinos. La compulsión de la negativa gubernamental enarbolada en la inseguridad en estado de sensación y la compulsión de los delincuentes que encontraron allí un espacio liberado para enriquecerse con lo ajeno y también, para satisfacer sus bajos instintos. Para explayar, con jactancia, sus patologías y regodearse del amparo, la benevolencia y una anomia que se supo construir, paulatinamente, en nuestro país.
Sublevados y escudados en el cliché del pauperismo, cuando no devoran familias enteras, las destrozan. Se resguardan en la victimización del sistema y es en realidad, el sistema, el que les ha proporcionado las herramientas para poder llevar adelante sus delitos.
La delincuencia tal como se presenta ahora, poco tiene que ver con la marginalidad, dado que esa condición les impide contar con los elementos suficientes para montar los operativos armados que conforman el panorama provincial. Porque más allá de la existencia de personas con escasos recursos que se mueven bajo precarios parámetros delictivos y el narcomenudeo, se necesita de cerebros y capital. Con lo cual, etiquetarlos a todos como delincuentes es caer en una concepción errónea que, a ciencia cierta y en el tráfico informativo, se desfigura hasta mutar en atrocidades y deformaciones que impiden analizar con claridad un estado de situación que concluye en un llamado de emergencia por la inseguridad.
Veamos. La pobreza devino en una estrategia funcional utilizada en la retórica de los encargados de salvaguardar el bienestar de los ciudadanos y funcional además para el crimen organizado que se sumerge en dicha retórica, ya que saben que quienes están bajo el panóptico gubernamental son los pobres y no ellos. Y quienes manejan en verdad el crimen son los narcoterroristas que aprovechan pues, ese señalamiento de culpa desviado, para desplazarse y proliferar.
Ya no hay potencialidad delictiva ni cuestionamientos acerca del colapso del vértice embrionario de maras argentino. La inseguridad estalló sin paliativos. Sin absurdos consuelos obvios.
La penetración de los cárteles de la droga así como pequeñas clicas larvales y aislados miembros de ejércitos de elite (Zetas) ingresaron a nuestra Nación. Entonces, frente a la catástrofe, recién ahora comienza a barajarse la posibilidad de bajar la imputabilidad de los menores y con ello, la creación de un espacio de debate entre abogados, sociólogos, psicólogos, periodistas, etc.
Que se los impute a partir los de 14 años no es una idea criminal. Solo que esa medida debe complementarse con otras que tienen que ver con la toma de conciencia, la prevención, la distinción entre maras, pandillas y tribus, la idoneidad jurídica y el claro discernimiento entre delitos culposos y dolosos. Incluso, hacer hincapié en la diferencia entre robos y hurtos que suele traer condenas incomprensibles.
Se debe establecer un plan de seguridad colectivo encuadrado en nuestra realidad y agiornado a las necesidades de los habitantes. Un plan global que cubra el desborde imperante que en muchos casos se origina al interior de una policía débil en su preparación y como el blog ha sostenido en varias oportunidades, relacionada en ocasiones con el delito al estar dentro o fuera de la fuerza. Coptando menores que amparados en la ley asesinan sistemáticamente. Que son enviados por los cuerpos de inteligencia que trabajan en pro de sus intereses a través de una rigurosa delimitación del terreno y en vista de ampliar redes en sus vínculos con los carteles de la droga y los escuadrones de la muerte.
Menores instrumento y menores que son pequeños estrategas alineados concientes de sus actos y al mismo tiempo poseedores de los derechos del niño como cualquier otro chico que no daña. Como fue el caso de Matías Bragagnolo. Un adolescente como tantos otros, víctima de la perversidad de menores victimarios. Chicos asesinos que gozan de los DD.HH en su carácter argentinamente selectivo y hacen, sin que se los llame y entre otras cosas, delivery criminal.

Centroamericanización latinoamericana

6 de octubre de 2008


Panorama inseguro del triángulo embrionario y la militarización de las calles en Honduras.

Desde los anales observamos como el continente americano es víctima de la tragedia y de la organización de personas que se unen para operar de manera criminal en una defensa de ideas y modelos que en la práctica se han agotado. No así en los imaginarios que luchan por mantenerlos vigentes sosteniendo, forzadamente, paradigmas también caducos.
Bajo estas características y sobre la base continental, descansa la variable violencia desarrollada por las diversas agrupaciones que manejan los hilos sociales del poder y que encuentran protección en los grandes grupos políticos y económicos que lideran la decadencia de los pueblos al tiempo que con pompas se enriquecen, tendiendo además, relaciones internacionales que se nutren del narcotráfico así como del drenaje de los habitantes del globo.
El colapso mundial ya no es un aviso, tampoco una posibilidad entre tantas otras que pueden barajarse; el colapso es un hecho manifiesto en todas las esferas de la vida que se profundiza con los avances de la tecnología así como en las escasas posibilidades de interacción humana entre gobernantes y gobernados que buscan matizar, en primera instancia, los efectos de la barbarie con la toma de conciencia que los lleva, significativamente y en segunda instancia, a la radicación de denuncias sobre tales o cuales hechos delictivos. Se busca con ello iniciar un proceso de erradicación del narcoterrorismo materializado y en otros casos, de la potencialidad del mismo.
A todo esto, debe sumársele la regla como abuso. Es decir, en el caso argentino, la falta de preparación de muchos de los integrantes que ocupan un cargo en las fuerzas los lleva a cometer errores fatales que nos hunden como sociedad que adolece de políticas públicas concretas en materia de seguridad. Es más, algunas fuentes expertas nos confirman que los embriones de maras hacen semillero dentro de la bonaerense.
En el caso de Centroamérica, por ejemplo, se considera que la existencia de pandillas y maras son una excusa para militarizar las calles y recortar así la libertad de expresión y libre circulación. Esas premisas fueron las que llevaron a la conformación de encuentros en la región.
Este último fin de semana finalizó en Honduras “El Segundo Encuentro Hemisférico frente a la Militarización”.
Sucede, que el problema de las maras despierta intensas confrontaciones intelectuales y de distintas organizaciones que luchan por la paz mundial debido a la falta de discernimiento entre estas últimas y las bandas. De ahí, que no se comprenda que la presencia de las fuerzas de seguridad más sofisticadas por las calles del triángulo mara centroamericano (El Salvador/Honduras/Guatemala) es fundamental para “controlar”, por lo menos, en los barrios y centros urbanos, la narcodemencia.
Se necesita de militares en ejercicio porque las maras propiamente dichas han sido alineadas por ex integrantes de ejércitos de élite y también, algunas de las clicas, se encuentran compuestas solamente por estos ex militares. La decisión no es caprichosa sino una consecuencia más de los fracasos que han experimentado todos los planes anti maras.
El globo es un tablero en el cual las fichas han comenzado a moverse. Aquello que hasta hace unos años parecía ajeno, hoy forma parte de la realidad de cada país que encuentra en jaque el orden tradicionalmente establecido, ya sea desde lo concreto o bien, desde lo larval.
El adiestramiento de jóvenes se produce desde la clandestinidad en varios puntos del maltratado hemisferio. De hecho, “Honduras fue utilizada como centro de entrenamiento para mercenarios locales y extranjeros, los que usaron las facilidades de los batallones del ejército nacional para sus siniestros propósitos. La empresa Triple Canopy - especializada en seguridad, trajo ex militares desde Chile, los que fueron entrenados en Honduras ante de enviarlos al frente en Irak”. (http://www.ecoportal.net/content/view/full/81707/)
A propósito, Chile, forma parte de uno de los vértices del triángulo embrionario maras de América Latina junto a Uruguay y Argentina. Tres países permeables por el narco que sufren la penetración de los carteles de la droga. Sobre todo, Argentina.
País propicio para la importación de mafias al igual que para la creación de nuevos aparatos locales vinculados con las colectividades de peruanos y bolivianos asentados en la zona del Abasto y en el llamado Barrio Chino que trasciende los pasillos de la Villa 31 y 31 bis y en el que se cometen ilícitos caracterizados, especialmente, con el tráfico de drogas y personas. Tanto es así, que ni siquiera los habitantes de ese inmenso pauperismo urbano se acercan a las inmediaciones de ese barrio inserto en uno de los asentamientos más complicados de la Capital Federal que junto a las pandillas en ascenso, al narcoterrorismo y a otras de las tantas situaciones de violencia que se producen al sur (Ver nota Desgaste por ignorancia: http://sociedadymedios.blogspot.com/2008/09/desgaste-por-ignorancia.html), provocan pánico colectivo y caos. A punto tal, de arribarse a la tétrica conclusión de la centroamericanización latinoamericana de los primeros años del siglo XXI.
 
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