Desgaste por ignorancia

22 de septiembre de 2008



La epidemia continental hace estragos en América Latina. Argentina y Uruguay, los dos vértices del triángulo embrionario de Maras en la región.

De cómplices y abúlicos
Así como el siglo XX comenzó con grandes esperanzas y sin embargo terminó en dolor y desesperación, (Sofsky) algo similar sucede al iniciarse el siglo XXI que arrastra dramas y experimenta nuevos.
A las distintas esferas de la vida, ahora, debe sumársele la esfera de la inseguridad aunque ya sofisticada en sus modos de operación.
Los países del globo, en mayor o menor medida, advierten el progreso del narcoterrorismo y el control de los hilos del poder mediante el movimiento de importantes cifras de dinero debido a las intensas relaciones que entablan los grandes grupos del dominio político y económico con esta nueva forma de hacer política.
La sociedad argentina atraviesa al respecto uno de los períodos más comprometidos y caóticos al mismo tiempo que negados y justificados por las autoridades a cargo. Aquellas que han demostrado su ineficiencia así como sus vacíos al momento de tomar medidas preventivas o bien, accionar contra el delito.
El problema data de años y encuentra su semillero más profundo en la Provincia de Buenos Aires que no deja de tener gobernadores abúlicos e ignorantes que se vuelven críticos y observadores de la inseguridad una vez que dejaron su mandato. Tal es el caso de Eduardo Duhalde. Quien por estos días parece no asimilar que un problema de la envergadura del narco no aparece en un año sino que forma parte de un proceso del cual no es ajeno.
La subestimación sobre el arribo del crimen organizado y la complicidad en algunos casos, fueron tan solo algunas de las situaciones que nos condujeron a la opacidad y a la puesta en jaque del orden social establecido.
La inseguridad en “estado de sensación” se convirtió en uno de los lemas de la banda de los progre que gobiernan desde Néstor a Cristina. Sucede, que las dos caras del espejo no fueron capaces de rodearse de un equipo superador e inteligente que tuviese la suficiente astucia y razón para evitar la debacle epidémica del continente. Porque a partir de Centroamérica y con explosión actual en América Latina, el narco crimen hace estragos con las características propias de los lugares en los cuales se desarrolla, otras aprendidas como consecuencia del tráfico informativo, más individuos pertenecientes a los carteles de la droga mexicanos y pequeñas agrupaciones de ex integrantes de ejércitos de elite del tipo Kaibiles y Zetas.
Un combo que ha modificado las formas de vida de los ciudadanos atados a la realidad violenta con pronósticos alarmantes agudizados, cotidianamente, a través de distintos episodios que confirman y reafirman el estado embrionario de maras en nuestro país así como en Chile y Uruguay. Un triángulo embrionario latinoamericano que cuenta además con la presencia de pandillas y tribus urbanas que anidan también sus propias internas más allá de tener intereses comunes.

Uruguay: Un vértice del triángulo
Veamos. En los últimos tiempos, la explosión de hechos delictivos en Uruguay ha invitado a la reflexión así como al sostén de hipótesis pronunciadas. En este caso, el Dr. Alberto Scavarelli es esencial para comprender como el delito deviene en el centro de la información. Porque de un tiempo a esta parte, el asalto a transportes por menores de edad que utilizan armas de fuego se ha convertido, al igual que en Honduras y Guatemala, una práctica corriente propia de las pandillas en pleno avance. De ahí, la especificidad y contundencia de los artículos de Scavarelli.
Quien en su último artículo, "Lo peor en cualquier momento", resalta: “Los hechos se acumulan y no hacen más que comprobar preocupaciones. En su momento planteamos anticipadamente los dos extremos que encuadran estos hechos que parecen salidos de la ficción. La sumatoria del consumo de drogas, el establecimiento en ciertos ámbitos de la cultura marginal de considerar el delinquir como un trabajo, la deserción educativa en los lugares mas complejos y la aparición de zonas y horarios donde el delito y su violencia está en franco crecimiento.” (Scavarelli; Representante Nacional-Partido Colorado/Opiniones de Vanguardia)
Una proposición, la de Scavarelli, que evidencia el estado de situación uruguayo y que al mismo tiempo contribuye a afianzar las bases de las típicas observaciones que pueden hacerse en una Argentina altamente comprometida, vinculada con uno de los países más embebidos en el narcotráfico como es Venezuela.
Apartados casi de un sistema de representatividad y relaciones internacionales pero unidos a lo peor del continente. Con lo cual, el aumento sostenido del crimen por importación e in situ o local, abre un juego de oferta y demanda de la mano de obra delictiva que potencia a los embriones vigentes y regenera aquellas clicas aparentemente muertas.

Auge urbano
Las Tribus Urbanas que han comenzado a saborear la atención de los medios de comunicación, parecen haber dejado sus pancartas pacíficas para ingresar a la vorágine del maltrato compulsivo en sus lugares de típicos de encuentro o en el peregrinaje nocturno que termina, tal como ocurrió en la Provincia de Santa Fe, con el incendio intencional de autos. Captar el hecho para luego subirlo, jactanciosamente, a los respectivos fotologs y conseguir así que las imágenes circulen por el espacio digital hasta llegar a los medios gráficos y por supuesto, a la televisión. Espacio deseado, dado que su masificación implica una mayor trascendencia de estos nuevos encendidos juveniles que utilizan el cliché del desencantamiento del mundo conjugado con prácticas comunes elaboradas en el contexto de un sentimiento de pertenencia diseñado ligado a las creencias, al capital cultural y simbólico, a las nóminas auto impuestas y a la configuración de una estructura de pensamiento que marque tendencia y diferencia del resto no referente.
Sobresalen a través de su estética y también se diferencian entre ellos.
Cumbios y Raperos; Emos y Floggers se debaten entre la afinidad y la disparidad en un submundo que no se ajusta precisamente a la dinámica político económica de estos tiempos y que no puede escapar, a su pesar, de la tragedia de la moral y los valores de la que hoy se es víctima. Razón por la cual, abren un universo de significados acotado en el cual tampoco se respetan los lineamientos creados por la otra tribu que por lo general, se distingue por indumentaria y tipo de música que escuchan sus miembros. Ellos también representan la intolerancia, alineándose, paulatinamente, en las filas de la violencia.

Desgaste por ignorancia
Cuando se descorre el velo se asienta la ignorancia como uno de los peores males de las sociedades que por esa característica, además de por otras, se encuentran desgastadas y en consecuencia, débiles. Desgaste y debilidad se conjugan dialécticamente en un contexto que se ha vuelto propicio para el vale todo y en el cual, algunos medios, fundamentalmente gráficos, son cómplices de las aberraciones que se consolidan en el silencio cuando no, en la banalización. Todo depende de la relación de la prensa con los gobiernos de turno porque como bien supo observar el periodista y escritor argentino radicado en Portugal, Carlos Quevedo, “a mayor oficialismo menor índice de inseguridad”. De ahí, las el asentamiento del narcoterrorismo y la creación de una estructura sólida que respalde el desenvolvimiento dentro del campo de acción. Un campo en el cual, se devorarán generaciones, se coptarán individuos y se arrasará, al entrecruzarse con las maras en estado larval, con todo lo que se pueda.

Tribus Urbanas; Declaraciones para Radio La Red.

9 de septiembre de 2008


Levantadas por el Diario La República. (08/09/08) http://www.diariolarepublica.com.ar/notix/noticia.php?i=148726

Emo Vs. Floggers
Tribus urbanas: “El problema es la falta de relación dialéctica entre la familia y la escuela”.
Así lo consideró la socióloga Laura Etcharren. Agregó que en la actualidad ponerle límites a los chicos está visto como una manera de coartarles la libertad de expresión y que los padres creen que la escuela debe hacerse cargo de todo.
Etcharren comentó que “lo que pasa en la sociedad argentina y con las nuevas culturas juveniles es que no hay una relación dialéctica entre familia y educación. Los padres creen que en el colegio se tienen que hacer cargo de todo. Ahora todo lo que tenga que ver con límites se asocia con coartar la libertar de expresión y se los deja hacer lo que quiere. No hay normas, hay anomia a todo nivel”.
En comunicación con el programa “Karothy y su equipo”, de radio La Red, dijo que a los chicos hay que marcarlos de cerca, fijar las pautas dentro de la familia, dialogar. “Hay tanta disgregación dentro de la familia que después tenemos estos males mayores”, dijo la socióloga.
Agregó que “con el gobierno nacional, que tiene un velo progresista y defiende los derechos humanos, todo lo que tiene que ver con límites, normas, ley, está visto como totalitario o fascistas, esto penetra en la familia y en los chicos a través de los medios de comunicación, entonces hacen cualquier cosa. Hoy lloran porque están tristes, mañana van y le pegan a un tiro a alguien”.

Los invito a leer Los Desencantados. Una nota sobre los nuevos encendidos juveniles publicada el 10 de marzo de 2008 en este espacio. http://sociedadymedios.blogspot.com/2008/03/los-desencantados.html

Mundo de latrocinios

8 de septiembre de 2008


La violencia imperante en un globo que no descansa, ajustándose al abuso como regla.
De la violencia de las Maras, al genocidio de Ruanda.

Son varios los frentes que ponen de manifiesto la perpetuidad de un siglo del miedo que no logra trascenderse ni desde la retórica y mucho menos, desde la acción.
La humanidad, estancada y rehén de la selectividad, asiste a la opacidad de un pasado cuya principal característica es la violencia en sus distintos formatos y con la consecuencia más mediata que es la muerte.
El puntero se posa sobre el mapa y encuentra una historia signada por la tragedia de la moral y los valores en el contexto de disputas en las que siempre hay intereses políticos y económicos enmascarados con pancartas que pregonan otros objetivos de lucha. Cuando en realidad, el fin último y verdadero es la acumulación de poder para llegar a esa cúspide piramidal que pontifica a algunos al tiempo que destruye a otros. Antagonismos que se debaten en un campo de acción curtido de masacres que a veces, la parcialidad del conocimiento, impide su detención para observar que no todo debe reducirse a las mayorías.
Existen pues, minorías, o tal vez, poblaciones olvidadas que forman parte de este mundo inhumano sobre el cual se opera y operó. Porque la proliferación de la barbarie en el globo no es aleatoria y sorpresiva sino una consecuencia más de la abulia y la inacción al momento en el que comenzaban a vislumbrase las señales de un caos ansioso por instalarse. Aquel que cuando llega, es difícil de erradicar porque en su forma de terrorismo deviene en ideología. Con lo cual, se evidencia que hoy, el paradigma mundial vigente tiene que ver con la organización del crimen llevado adelante por grupos que se diferencian por sus formas de proceder. Por sus tácticas y estrategias así como por el lugar en el que se desarrollan. Tanto es así, que mientras en Centroamérica tenemos el triángulo mara conformado por El Salvador, Honduras y Guatemala; en Latinoamérica, el triángulo mara larval lo componen Argentina, Uruguay y Chile.
Episodios violentos in situ, propios de las condiciones socio económicas de cada país y también, dramas importados que arriban a los distintos territorios que por sus deficientes políticas en materia de seguridad se vuelven espacios liberados y zonas proclives a la instalación de individuos que portan un bagaje de peligrosidad característico de lo que fueron las guerras civiles en Centroamérica y sus secuelas.
Encontramos entonces a la MS13 contra la M18; a las FARCS contra el mundo; Al Qaeda y La ETA. Irgún en su momento y Hezbollah. Terroristas enfrentados que mueven los hilos de la violencia amedrentando poblaciones enteras, generando alianzas y dividiendo las posiciones internacionales, tal como ha sucedido, por ejemplo, en Ruanda.
Ruando, país víctima de un genocidio atroz que no ha tenido la debida trascendencia mediática en el continente americano aunque aún se revive en el panorama de sus calles así como en el padecimiento de enfermedades, como el HIV. Relevamiento de datos indican que a causa de la falta de educación y la miseria, unos 500.000 ruandeses han contraído SIDA.
Las diferencias entre Hutus y Tutsis fueron el factor desencadenante de la gran matanza de Ruanda que tiene su comienzo en el año 1994 y que marca uno de los latrocinios más espeluznantes experimentados en el continente africano. Un genocidio que mató generaciones de hombres, mujeres y niños Hutus y Tutsis moderados, tratados, tal cual indican algunas revisiones históricas, como escorias.
El 90% de los ruandeses y el 85% de los burundeses son hutu. Culturalmente se trata de una división ficticia que se centra más en las clases sociales que en las diferencias étnicas, puesto que no existe una diversidad lingüística o cultural entre ambos grupos. Lo que sí existen, son diferencias físicas, principalmente en la altura media. Los hutu y los tutsi comparten la misma religión y lenguaje (son católicos y su idioma es el bantú). Por su parte, los tutsi son el último pueblo que llegó a asentarse en Ruanda y Burundi. Sus habitantes nativos eran los twa, un pueblo pigmeo. Los hutu, un pueblo bantú que al llegar dominaron a los twa. Más tarde, los tutsi inmigraron y dominaron tanto a los hutu como a los twa, estableciendo reinos que ellos dominaban.
Un aspecto interesante de estos tres grupos raciales es su estatura. Los twa son tradicionalmente bajos, los hutu tienen una estatura media y los tutsi son altos; aunque en tiempos modernos el cruce entre estos grupos está reduciendo estas diferencias.
Para los tutsi, los hutu eran básicamente trabajadores. Si un tutsi asesinaba a un hutu, los del linaje del hutu podían matar al tutsi en venganza, pero si un hutu asesinaba a un tutsi, los del linaje del tutsi podían matar al hutu y a otro miembro de su familia en venganza.
Durante los últimos años, los tutsi han sido mayoría en el poder, lo cual creó un fuerte resentimiento por parte de los hutu. Muchos de ellos refugiados, aún no han regresado y se estima que en total han sido 2.000.000 los civiles desplazados por la brutal agresión.
Veamos. Según fuentes, la masacre de Ruanda ha dejado un escenario trágico de alrededor de 800.000 muertes. Pasados ya, más de 10 años, los habitantes del país se debaten entre la pobreza, el pauperismo, la desidia, y las enfermedades. El 70% de sus pobladores vive por debajo de la línea de pobreza.
Todo ello evidencia el estancamiento de varios países que lejos de estar insertos en un mundo marcado por los ritmos de la modernidad y la globalización, se encuentran atados a los odios y el olvido. Relegados del sistema e inmersos en una precariedad, que en el año 2008, alarma y pone en evidencia que la evolución y el desarrollo del mundo tiene su contra cara en lo que quedó de Ruanda y el Darfur (Ver nota; Mundo inhumano). Lugares en los cuales, la violación a los derechos fundamentales de los individuos es una constante que no cesa. Desde la hegemonía como desde lo subalterno. No obstante, ni los organismos internacionales, ni los defensores de las libertades individuales lucran con esa situación como ahora sucede en ciertos países de América Latina que con el velo de la lucha por los DD.HH esconden grandes negociados. Entre algunos de ellos, y en el caso específico argentino, el negocio de ser madre. Forjando así, un devenir de la historia, cargado de resentimientos.







 
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