"La banda de los progre"

25 de agosto de 2008

Ex integrantes de ejércitos de élite en Argentina confirman el estado embrionario de maras. Observaciones de diagnósticos anunciados.

Con la penetración del narco en Argentina y el triple crimen de General Rodríguez, el demencial proyecto de despenalizar el consumo de droga cobra aún más cuestionamientos porque no solamente contamos con la presencia del narcotráfico argentino sino también con los carteles de la droga de México, Colombia y Guatemala. Éste último casi obviado por algunos investigadores que reducen la problemática al país azteca por el vínculo fronterizo con USA.
Solo se habla de los Zetas (ejército de elite mexicano) y se omiten a los Kaibiles (ejército de elite guatemalteco). Ambos, son ejércitos sofisticados con diferencias muy sutiles pero precisas. (Ver nota abajo republicada; Maras, Kaibiles y Zetas)
El ingreso a nuestro país no es de los Zetas en funcionamiento sino de algunos de sus ex integrantes que han encontrado por fuera de la milicia mayor remuneración.
Sus habilidades congénitas y tácticas aprendidas los han convertido en individuos voraces que aprovechan todas las falencias y precariedades que tiene un país como el nuestro en materia de seguridad.
La penetración de los carteles de la droga, las pandillas en crecimiento y la presencia de los ex integrantes de dichos ejércitos no es aleatoria y tampoco se produce en cualquier estado.
El caso argentino, en este sentido, es paradigmático por su tendencia sostenida a la negación así como al desconocimiento voluntario y a la conformación de ministerios débiles, cerrados a los aportes teóricos, prácticos y resolutivos que pueden dar los estudiosos en estas cuestiones. Con lo cual, los vacíos se hacen presentes y la apertura de espacios propicios para la instalación del caos se difunde a través de un tráfico de información que circula por todos los medios de comunicación del globo.
Veamos. Si se pretende encontrar en las maras, zetas y/o kaibiles características estéticas distintivas para capturarlos, pueden pasar años. Incluso, sería un concepto límite, ya que actualmente, estas organizaciones que en algunos casos compiten por el poder del narco y en otras se alían, visten como cualquier persona. Sus rastros, de producirse, no trascienden la escena del crimen. Razón por la cual, la radarización y el panóptico deben estar puestos en el campo de acción, en los modos de operación que tales agrupaciones cubren.
Sus estilos físicos forman parte de los comienzos de las investigaciones. Cuando uno toma en crudo su objeto de estudio y se nutre de las primeras observaciones que por lo general, son las más obvias. Con los avances aparecen nuevas variables e indicadores que cambian el curso del procedimiento y obligan a los investigadores a crear más de una hipótesis.
De ahí, que las proposiciones planteadas en este blog desde fines del año 2006 hasta la actualidad hayan sido, algunas refutadas y otras, constatadas.
La principal refutación tiene que ver con que las maras no son iguales a las pandillas barriales. Las primeras están vinculadas al narcotráfico y las segundas al narcomenudeo con una clara emergencia marginal. La igualdad del nombre es un cliché que debe cambiar para no proseguir con fatales imprecisiones.
La constatación, es la vinculación de las maras con los ex zetas y ex kaibiles. La otra reafirmación, es la existencia del estado embrionario de maras en Argentina que termina de cobrar sentido con la presencia de varios de los Zetas en nuestro país. Los cuales, no solo arriban para controlar los hilos sociales del poder sino también, para coptar pandilleros en ascenso y alinearlos en la trágica estructura piramidal que terminará de consolidarse de arribarse a la despenalización que pretende Aníbal Fernández y la “banda de los progre”. Aquellos que no entienden que la benevolencia con el consumidor es, por carácter transitivo, la ampliación del narco escudado en los muros del silencio.

Maras, Kaibiles y Zetas (Nota del 29-06-06)

Las maras como una nueva forma de insurgencia y los Kaibiles y Zetas como los fieles representantes de la contrainsurgencia, conforman el panorama violento centroamericano. (Aclaración; Primeras instancias teóricas y análiticas de una investigación que data de más de cuatro años)

Como emergentes de la pobreza y la marginalidad, las maras, conformaron una subcultura de corte “insurgente” que encontró su ancla en el poder y el terror.
A través de la variables violencia, buscaron y buscan tener todo aquello que no poseen como consecuencia; por un lado, de los antagonismos, y por el otro lado, por el doble efecto que la globalización ha tenido en las sociedades.
Todo aquello que los negocios, las finanzas, el comercio y la movida informática ha generado y que se considera como un proceso globalizador, ha ocasionado -según la línea de pensamiento del sociólogo Zygmunt Bauman- una ampliación en las libertades de algunos y un destino cruel e indeseado para el resto.
Individuos excluidos de la sociedad de consumo se unieron en una “lucha insurgente” contra el sistema y la marginalidad que éste les deparó.
Así, las individuos superados por las circunstancias y renegados de su condición, encontraron en la conformación de una pandilla un medio para superar los avatares de la vida.Implícitamente quisieron formar una comunidad, pero la misma fue, simplemente, un intento frustrado.
Ya que los mareros, tanto en el interior de la mara como en el exterior, se van devorando. No obstante, también se propagan, a través de la coptación de nuevas generaciones de maras.
Cabe destacar, que cuando se habla de “insurgencia” de maras, se lo hace con cuidado, puesto que las maras no se revelan sólo contra los gobiernos, también lo hacen contra el resto de la sociedad que no compone el llamado mundo de las maras y que por ende, no comparte ni sus usos y costumbres, ni el mismo proceso de construcción subjetiva.

Guatemala
Guatemala es uno de los países centroamericanos más afectados por la problemática de las maras. Además, claro está, de ser uno de los más violentos. Niños y mujeres se encuentran en la mira.Durante el año 2005, por ejemplo, fueron asesinados más de 500 niños. Según una nota llamada “Guatemala, el futuro comprometido por la violencia” publicada en el portal http://www.prensalatina.com.mx/ “la violencia en Guatemala rebasa cualquier estrato, edad y condición y afecta por igual a niños, adolescentes, mujeres y hombres”.
Norma Cruz, integrante de la Asociación de Mujeres y Familiares Sobrevivientes de la Violencia menciona tres elementos que marcan el incremento despiadado de la violencia en el país hacia los niños.
Como primer elemento, destacó la limpieza social. “Es muy común escuchar testimonios acerca de niños en bicicleta que de repente son apresados por individuos armados y al otro día son hallados muertos”.
El segundo elemento que tuvo en cuenta fueron los asesinatos cometidos por las maras. Asesinatos que se producen cuando niños y adolescentes se niegan a ser parte integrante de algún grupo.
El tercer elemento, dijo Cruz, son las extorsiones. “Hay muchos padres de familia, incluso madres solteras, que son amenazadas con matarles a sus hijos al salir de la escuela, si no le entregan cierta cantidad de dinero”. Aunque en este punto resta destacar que los mareros juegan un rol fundamental en el tema de las extorsiones. De hecho, diariamente, los trabajadores del transporte público son sometidos a los llamados acosos delictivos.
Un testimonio cuenta que “los delincuentes llegan a los predios y ya saben qué cantidad de unidades posee cada empresa y el recorrido de éstas, y conforme a ello, definen el monto de la extorsión”.
De acuerdo con el informe de 2004 Situación de la niñez en Guatemala, de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHAG), las fuentes hemerográficas registraron 108 muertes violentas de mujeres menores en 2002 y llegaron a 256 en 2004. La Policía Nacional Civil (PNC) reportó un total de 1.400 asesinatos de menores en sólo tres años a nivel nacional. El Organismo Judicial dio cuenta de 862 homicidios de menores en dos años sólo en el departamento de Guatemala. (http://www.amauta.inf.br/) La relación de las maras con el narcotráfico y los homicidios en el país es recurrente.
El centro de Estudios de Guatemala publica en el site http://www.adital.com.br/, un informe que estima que; del total de los homicidios que se suceden en la nación, el 97% de los mismos se encuentran irresueltos. Esto demuestra el fracaso de los mecanismos de seguridad impuestos; cierta complicidad de las autoridad con la delincuencia; y una incapacidad del Estado para realizar las pertinentes investigaciones criminales.

KAIBILES: Masacres en Guatemala
Las masacres en Guatemala tuvieron características particulares. Fueron parte de las operaciones contrainsurgentes, al mismo tiempo que se presentaron como un medio para aislar a la insurgencia de la población.
Por otro lado, las masacres también buscaron dejar a los guerrilleros sin fuentes de abastecimiento y reclutados. Ocurre, que en éstas masacres, muchos pobladores indefensos sufrieron las consecuencias de la lucha contrainsurgente. Entonces, en Guatemala, la violencia de las maras no es la única.
Pues existen los Kaibiles que se presentan como contrainsurgentes ante la “insurgencia” de las maras y de otros grupos conflictivos. A pesar que ellos también son conflictivos, puesto que su forma de presentación, coincide con la de las maras y es el uso indiscriminado de la violencia.
Insurgencia/Guerra de guerrillas.
Tras la II Guerra Mundial, el término ‘guerrilla’ ha ampliado su significado hasta incluir las tácticas guerrilleras de cualquier insurgencia, rebelión o revuelta contra un gobierno establecido. (Encarta 2005)
Los grupos insurgentes conocidos como guerrillas -y a los que las maras podrían irse asemejando paulatinamente, debido a la evolución que están teniendo en sus modos estéticos y de operación- llevan adelante tácticas y estrategias completamente distintas a las de los ejércitos regulares debidamente conformados.
No disponen de una cantidad suficiente de hombres y tampoco de armamento adecuado para enfrentar a los ejércitos latinoamericanos formados en su mayoría, en los Estados Unidos.
Por lo tanto, las guerrillas siempre evitarán el enfrentamiento en campo abierto porque hasta carecen de la supervivencia que fueron adquiriendo los soldados adiestrados bajo técnicas de aprendizaje rigurosas.
Los guerrillero prefieren operar en terrenos tales como bosques, montañas o junglas, y suelen depender del apoyo de los lugareños, no sólo para conseguir reclutas, sino también alimentos, abrigo e información. Las tácticas de las guerrillas se basan en el hostigamiento constante.
Su movilidad es una de sus características principales. Tal es así, que su fácil dispersión en pequeños grupos y su habilidad para desaparecer entre la población civil, las vuelve difíciles de ser neutralizadas.
Finalmente, entre algunos de los ejemplos más conocidos de la guerra de guerrillas en Latinoamérica son las de Nicaragua por los sandinistas (hasta 1979); la contra nicaragüense (desde 1979 hasta 1990; y realizada en México desde 1994 por grupos zapatistas.

Contrainsurgencia y Kaibiles
Los Kaibiles fueron creados durante la década del ‘70, entrenados por Estados Unidos.
Son las fuerzas especiales de contrainsurgencia de Guatemala, entrenadas para matar con la jactancia que lo otorgan a la violencia y sobrevivir en las condiciones más extremas.
Se caracterizan, entre otras cosas, por su resistencia, adaptación y crueldad. Se encuentran mentalmente preparados para soportar situaciones climáticas extremas y cuentan con un entrenamiento especial para resistir la tortura. Uno de los actos bárbaros cometidos por éstas fuerzas especiales, es la ingesta del corazón crudo de niños o animales.
Todas estas características, hace que países de distintos continentes, envíen a sus soldados a entrenarse con los Kaibiles. Porque en la escuela Kaibil, más conocida como “el infierno” sólo admite a 34 oficiales y un número cercano a esa cifra de soldados al año. Pero solamente llega a graduarse, el 30% de los mismos.
Recordemos que los mismos protagonizaron una gran cantidad de sangrientos incidentes durante los 36 años de una guerra civil que devastó a Guatemala.
Su lema se sintetiza así: “Si avanzo sígueme. Si me detengo aprémiame. Si retrocedo ¡Mátame!”
Maras en México
La mara salvatrucha, es la mara más conocida y peligrosa dentro del mundo de las maras. Operan en distintos países del mundo y se encuentra integrada por todos salvadoreños, o bien, por miembros de otros países. Aunque siempre, su líder es oriundo de El Salvador.
El problema de las maras en México se agudiza a diario. Tanto es así, que el incremento de células mareras es absolutamente notorio.
Hay cinco mil maras en el país que han conformado doscientas células.
La MS 13 opera en distintos puntos de México, concentrándose, fundamentalmente, en el Estado de Chiapas.En cuanto a la relación con el narcotráfico, no es nueva. La integración se agudizó.
La relación de las maras con el mismo, es claramente una obviedad. Sin embargo, es dable aclarar, que los mareros son simplemente funcionales al narcotráfico. Por sí solas, las maras, no tienen un poder específico en ese terreno. Son una herramienta de los narcotraficantes para llevar adelante una venta por menor; para transportar la droga; etc. Es decir, son utilizadas por el narco en tareas mínimas pero comprometedoras.
A todo esto, debe sumársele que, hoy por hoy, las maras están siendo vinculados como posibles operadores de los carteles del narcotráfico, operando como sicarios, ya que no se desecha la posibilidad de que integrantes de maras sean los responsables del secuestro y decapitación de tres policías y un civil en Tijuana (Baja California)
Los problemas de seguridad que azotan a México, a países centroamericanos y también de Latinoamérica, hacen que el problema de las maras se complique cada vez más. Y eso permite afianzar el posicionamiento de las mismas; la asociación con el tráfico de personas y drogas; la corrupción de la policía y cuerpos de seguridad mediante la falta o escaso control de las fronteras.

Los Zetas
Así como en México hay maras, también hay Zetas. Son ex militares de elite reclutados a fines de los años ‘90 por el Cartel del Golfo. Suelen vestir de negro y portan armas de grueso calibre.
Conforman un grupo criminal de sicarios, del tipo Kaibil.Especiales y peligrosos, a diferencia de las maras, no surgieron en las calles.
Pero el común denominador con éstas y los Kaibiles es su carta de presentación, la violencia. Realizan trabajos encomendados como ser; protección y extorsión; ejecución de personas; custodia y traslado de drogas; operaciones de seguridad para sus miembros. Además, sus despliegues por mar y tierra son asombrosamente rápidos.
Lo mismo su inteligencia en la confección de emboscadas y organización de patrullas. Nunca disparan de cerca y lo hacen varias veces, aunque pueden asesinar a su blanco de un solo disparo.

Entrevista Diario La Capital (05/02/08)

21 de agosto de 2008

Pandillas, corrupción y delito organizado. "En Argentina existen Maras en un estado embrionario"
Durante su estadía en Mar del Plata la socióloga especialista en el estudio de las Maras, Laura Etcharren dialogó con LA CAPITAL acerca de esa problemática que, según advierte, existe en estado embrionario en Argentina.
05.02.08 Diario La Capital. Ciudad de Mar del Plata.
por Juan Carrá
- ¿Qué son las maras? ¿Cómo y dónde surgen?-
Etimológicamente la palabra mara viene de las hormigas marabuntas. Una especie que arrasa con todo lo que encuentra a su paso. En lo social, actualmente, hay que hacer una diferenciación entre maras y pandillas. Esto es muy importante porque si nosotros seguimos confundiendo unas con otras estamos incurriendo en un gran error. Hay un gran desconocimiento, ignorancia voluntaria, mucha precariedad teórica y demasiada precariedad empírica a la hora de abordar una problemática como esta. Esa confusión hace que el tema no se pueda encarar de manera concreta. Que no exista una definición concreta de lo que es una mara hasta el momento es una cosa. No obstante, si hay algo más concreto respecto de las pandillas.En un principio las maras surgen en Centroamérica, más precisamente en El Salvador. Eran pandillas emergentes de la pobreza, de la exclusión social, algunos resabios que quedaron de las guerras civiles que se produjeron en los países de la región, de algunas guerrillas. Así surge la "Mara Salvatrucha" y la "M-18", que son rivales que entran en el campo de la acción a través de la lucha por el barrio.-¿Siempre dentro de El Salvador?
-Sí, siempre en El Salvador pero paulatinamente se van extendiendo por Honduras, por Guatemala, en menor medida por Nicaragua. Aunque los focos de acción principales son El Salvador, Honduras y Guatemala. Estos son los países de Centroamérica más comprometidos en el tema de las maras y en los cuales todos los planes que se llevaron adelante para erradicarlas lo único que lograron fue rebrotar el fenómeno y abrirles un espacio propicio para que proliferen, las pandillas por un lado y las maras por otro.
-¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?
Una pandilla propiamente dicha en un 90% está compuesta por chicos que emergen de la violencia y la exclusión social.Son víctimas del sistema que se juntan para tener un poder que individualmente no tienen y que creen que lo van a obtener mediante la unión. Son chicos que están con el merodeo de la marihuana, del paco, delitos menores, etc. Esos mismos chicos, con el paso del tiempo y debido a una necesidad de tener más poder, son puestos en una especie de panóptico para los verdaderos narcoterroristas. Es decir, están vigilados por estos últimos para saber cuáles de ellos son los más aptos para trascender la pandilla. Se fijan cuáles de esos chicos tiene más ansias de poder y cuáles creen que son los más moldeables para ingresarlos, ahora sí, al mundo de las maras.
-¿Qué características tienen las maras en su forma de actuar?
Este mundo es el mundo del crimen organizado, el narcoterrorismo, los escuadrones de la muerte. Agarran a estos chicos y los mandan a realizar delitos que los cabecillas del narcoterrorismo no realizarían. De ese modo los chicos dejan las pandillas, dejan la lucha por el barrio y pasan a la lucha por la frontera. Mientras las pandillas luchan por el barrio, las maras lo hacen por las fronteras, ya que quienes controlan las fronteras dominan los hilos sociales del poder, del narcoterrorismo. Eso nunca lo podría hacer una pandilla que no tiene armas, ni logística, ni entrenamiento táctico y estratégico. Que no tienen una estructura y mucho menos una infraestructura del delito para poder avanzar como lo hacen las maras. Argentina un gran caldo de cultivo
-¿Cuáles son los elementos que le llevan a pensar que en Argentina hay maras?
En Argentina lo que hay es un estado embrionario de maras. Es fundamental aclarar dicha situación. En la Argentina no hay maras. Lo que hay que hacer es empezar a descartar el desconocimiento, la ignorancia voluntaria...
-¿A quien se refiere con lo de ignorancia voluntaria?
Al Estado, a las fuerzas de seguridad.Tenemos en el conurbano bonaerense un desastre en materia de seguridad como herencia de la gestión de León Arslanian. Hace más o menos un año, cuando en Argentina el fenómeno de las maras sólo se conocía en el marco académico de los especialistas, el ex ministro "importa" el tema, lo trae y dice que "el problema de la inseguridad en Argentina se debe a la existencia de maras". Siembra una especie de terror que se reproduce en la gente que desconoce el tema. A ello se le suman los medios de comunicación que fueron funcionales a esas declaraciones haciendo informes sobre las maras. Entonces, ponen el ejemplo de la M-18 que evidentemente fue la de mayor acceso para entrar. Así, el noticiero de canal 9 y Radio 10 hicieron un experimento con este tema informando cualquier cosa.Todo queda en evidencia cuando en el país empiezan a producirse como modalidad de delito los grupos comandos en barrios cerrados con el mismo modus operandi. Ahí uno comienza a preguntarse ¿No era que la inseguridad, según el entonces ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, emerge de la exclusión social, de la marginalidad? ¿Pandilleros asaltan como grupos comandos con planes de inteligencia de meses? Es decir que lo que hay es crimen organizado y no las pandillas que se mostraba en los medios.
El asesinato que se produce en el municipio de La Matanza y que se lo plantea como un acto de maras...Ese es uno de los primeros indicios que hay. Ocurre que también hay un error en ese caso. No es que la mara se llama "lágrima" como se dijo, sino que al acusado le dicen así por los tatuajes que tiene en su cuerpo. La cantidad de lágrimas tatuadas representan el número de asesinatos cometidos. En este caso es en donde empezamos a hablar de estado embrionario, dado que después de que se liberó al acusado no se supo más nada.Según algunas fuentes que tengo se dice que se fue a Perú donde también hay un estado similar al de nuestro país respecto del desarrollo de las maras.
-¿Cree que estos embriones tienen una relación orgánica con las maras centroamericanas o son imitaciones de ellas?
Hay de todo. America Latina tiene un retroceso atroz, razón por la cual existen chicos que emergen de la exclusión social y conforman sus pandillas pero también hay otros que vienen de otros lugares del mundo y encuentran en Argentina un lugar propicio para el crimen. Porque acá no hay control, no hay normas. Lo que existe, es anomia. Por otro lado el fenómeno de los medios de comunicación, sobre todo la televisión, que es vista por todo el mundo, generó en materia de información, respecto de este tema algo que es peligrosísimo.
A ver, un chico de una pandilla de acá que ve el informe de las maras se identifica con el fenómeno centroamericano y busca tener el mismo grado de resonancia que ellos tienen. Entonces se genera una reproducción de la violencia y una creación propia de los imaginarios colectivos y como no hay conciencia social y el juzgamiento es selectivo se profundiza el problema y se agudiza la crisis. Hoy podemos decir que hay un estado de metamorfosis de las maras. Ya no son lo que eran antes, ya no se van a tatuar porque dejaron de ser pandillas para ser parte del crimen organizado. En Guatemala lo hacen ex integrantes del ejército de elite, "Los Kaibiles", en México por los "Z", integrantes o ex integrantes de estas fuerzas de elite que encuentran fuera de esas organizaciones mayor remuneración que dentro de ellas.
-¿Piensa que en la Argentina las purgas realizadas en la Policía Bonaerense y los bajos salarios de esta fuerza pueden generar una situación similar?
No se puede afirmar. Estamos en un período de cambio de gobierno. Sí podemos decir que agregar más policías que no están preparados para enfrentar la criminalidad es un barbaridad. Poner policías que no terminaron el colegio es una barbaridad. Para estar al frente de un fuerza que tiene que cuidar la seguridad hay que estar preparado. Si este gobierno, el de Scioli, va a seguir la línea del anterior estamos perdidos. Estas son pequeñas cosas que nos hacen ver que en la Argentina el orden social está en jaque. Mucha gente que se va de la bonaerense o de la federal, con todo lo que aprendieron dentro de la fuerza pueden empezar a cooptar chicos y se arman pandillas, de hecho, así surgen los escuadrones de la muerte y los asaltos comando. Se apartan o los apartan de la policía y encuentran en la cooptación de menores un círculo absolutamente funcional para operar sin ponerse en evidencia.
Los jóvenes en la mira
-En su análisis apunta a los sectores juveniles como foco del problema ¿Por qué?
Primero porque los menores de edad son mas fáciles de cooptar por la gente grande. La educación en Argentina esta devaluada. En realidad, todas las esferas de la sociedad lo están. La familia, que es la célula de la sociedad, está totalmente desmembrada. Hay un quiebre en el tejido social y al desmembrarse la familia los chicos quedan a la deriva. En este sentido hay que aclarar que no todos los chicos que nacen en un medio pobre son delincuentes, eso es un error. Quizás el porcentaje es mayor pero también hay un porcentaje que quiere prosperar y no en el delito. Pero ese alto porcentaje es el que están mirando, o los ex agentes de la bonaerense, de la federal o gente con mucho poder que los usan para realizar delitos que ellos no quieren realizar por una cuestión de jerarquía y autopreservación.
-¿Qué rol juegan las instituciones correccionales para prevenir esto?
Al no haber regulación todas estas instituciones, al igual que las cárceles, son universidades del crimen. Pandilleros, mareros y algunos policías dentro de las cárceles les dicen a los que están afuera qué hacer. Obviamente siempre hay excepciones.Primero hay que tomar conciencia del problema y después actuar interdisciplinariamente en la solución.
-¿Las maras pueden denominarse como tribus urbanas?
Si los medios de comunicación siguen diciendo que las maras son tribus urbanas estamos muertos. No son tribus urbanas. Estas pueden ser identificadas en los dark, los raperos, los góticos, etc. Son chicos que buscan diferenciarse desde la estética o la música. Caracaterísticas que si bien las pandillas también las tienen, a diferencia de las tribus urbanas, ellas buscan prosperar en el delito.

Anticipos sobre Maras y Zetas

20 de agosto de 2008

Desde este espacio, el estudio de las maras ha sido sostenido. Los avances en materia de investigación acercaron varias conclusiones. Entre ellas, el estado embrionario de maras en Argentina y las relaciones de las maras con los ex integrantes de ejércitos de élite. Kaibiles de Guatemala y Zetas de México.
El triple crimen de General Rodríguez pone ahora de manifiesto lo que se ha estado anticipando y analizando en el blog desde principios del año 2007 y que podrá leerse dentro de un tiempo en el Ensayo Preliminar de mi autoría que publicará Editorial Catálogos: Esperando Las Maras/ Estado embrionario en Argentina.
En portada del blog, algunos de los materiales anteriormente publicados que se encuentran relacionados con algunos de los diagnósticos que circulan por los medios de comunicación.
Cordialmente y gracias.
Laura Etcharren

P/D: Ver más en el historial del Blog y por la web.

Entrevista febrero de 2008

La socióloga argentina, Laura Etcharren, especialista en el estudio de las Maras, dialogó en forma exclusiva con RazonEs de SER, acerca de la referida problemática en el sur del continente. Según advierte, existe en estado embrionario en Argentina.
Originarias de Centroamérica, esta forma particular de organización delictiva avanza de manera organizada y sistemática sobre Latinoamérica.

por Daniel Eduardo Raddi

Sobre el indicio real del fenómeno mara en la Argentina y países vecinos, teniendo en cuenta que la migración hacia el sur del continente es casi nula, nuestra entrevistada señaló: “Si bien es cierto que los procesos migratorios ya no se dan del mismo modo y con la misma frecuencia que hace años atrás, también es cierto que en muchas ocasiones, los conflictos migran a través de los medios de comunicación. Es decir, el fenómeno de las maras llega a la Argentina como consecuencia del tráfico de información. Razón por la cual, algunas agrupaciones aún en estado de pandillas ven en el fenómeno de las maras un modelo a seguir y otras, ni siquiera se detienen, prefiriendo conservar la “seguridad” que les brinda ser miembro de una banda.
Del mismo modo entonces que a nosotros nos llega la información de la existencia de bandas y maras Centroamérica, le llega la información del espacio propicio que hay aquí para que algunos mareros ingresen a Argentina. Incluso, se “alerta” a los nativos para que se sofistiquen. El crimen organizado en los barrios cerrados, los operativos comandos en asaltos a entidades bancarias, la alevosía luego de matar a algún sujeto poderoso así como el asesinato de Eugenia Ledesma en el municipio de La Matanza son algunos de los indicios con características bien definidas de clicas mareras. Estos hechos revelan que las maras están cada vez más cerca”.


¿Podría compararse, en caso de que existan maras, con el fenómeno de los pibes chorros, surgidos en los últimos años, o acaso estos últimos son una burda copia del fenómeno?, se le cuestionó.
“Precisamente, como usted dice, los pibes chorros nada tienen que ver con las maras propiamente dichas. En algunos casos, pretenden emular a las maras, mientras que en otros, ni siquiera las conocen y en el último de los casos, los pibes chorros conocen sus limitaciones y saben que para conformar una mara y dejar de ser una banda deben relacionarse con los verdaderos grupos de poder político y económico”.

Sobre la posible localización del fenómeno, Etcharren precisa que “Argentina es un país que ha colapsado en todas sus esferas. La seguridad no es la excepción. Por tal motivo, el embrión de las maras se observa mejor en la Provincia que en Capital Federal. No obstante, en esta última zona, el estado de barbarie se ha ido agudizando con la presencia de grupos similares al de las pandillas. Tampoco hay mareros pero sí se suceden crímenes que nos ponen en alerta máxima”.

La realidad, hasta ahora, indica que no hay una guerra de carteles de la droga como acá en México, donde se utilizan estas pandillas para el narcomenudeo o algún ajuste de cuentas. ¿Es posible que se empiece a utilizar este tipo de pandilla en los narcotraficantes que rondan en Argentina?, fue la pregunta obligada.
“Es posible, y de hecho, la guerra del narcotráfico en Argentina no es una importación sino una realidad que tiene como protagonistas a las pandillas y a otros grupos que provienen de países como Perú y Bolivia. Existe una ruta del narcotráfico que encuentra su epicentro en el Norte Argentino para luego distribuirse por vía terrestre y/o área en la Capital Federal y en el Conurbano Bonaerense”.


Siendo Argentina un país que, aparentemente, no sufre condiciones de pobreza como El Salvador, Guatemala y Honduras, ¿qué detonante hay para que surjan embriones de pandillas maras?
En este caso, la socióloga afirmó:
“Tengamos en claro que en Argentina no hay maras. Existe sí, un estado embrionario de maras que se propaga. Las maras no son las pandillas ni las pandillas son las maras. En estas instancias es preciso realizar una distinción para ser rigurosos al momento de informar. Si no se desinforma y eso contribuye a la creación del pánico colectivo así como a la proliferación de unas y otras”.
Y agregó que “las pandillas propiamente dichas son una emergencia de la pobreza y la exclusión social que encuentran en la unión con otros sujetos de su misma condición, un “poder” que individualmente no poseen. Bajo estas características, algunos pandilleros son puestos bajo la lupa de los narcoterroristas para llevar adelante todos aquellos trabajos que ellos, por cuestiones jerárquicas y de auto preservación, no harían.
Una mara se compone pues por pesos verdaderamente pesados que manejan las fronteras y por ende, los hilos del narco que se valen de pandilleros que quieren ascender.
Las maras están sofisticadas y se mueven a gran escala. En cambio, las pandillas no. Ponen en riego su vida por delitos considerados menores en el verdadero mundo de las maras, que son las que tienen logística y entrenamiento militar provistos por ex integrantes de ejércitos de elite. Por eso digo que en Argentina existen maras en estado embrionario”.

Pero además, sobre la pobreza como factor desencadenante, nuestra entrevistada enfatizó que “el pauperismo no es privativo de Centroamérica. Nuestro país, aunque los índices de medición tengan una tendencia a la negación, posee importantes niveles de miseria. Algunos individuos procuran trabajar y revertir esa situación de manera lícita. Otros, en cambio, eligen el camino de la delincuencia”.

En México, los controles policiales y migratorios suelen buscar tatuajes para identificar a que pandilla pertenecen. ¿En Argentina se los identifica de la misma manera?, le consultamos.
“En Argentina existe una tendencia sostenida a tatuarse, especialmente las nuevas generaciones. Independientemente de la clase social de la cual se trate, se suelen utilizar tatuajes. Actualmente, los mismos han dejado de ser una identificación o distintivo de una persona delincuente porque se produjo una metamorfosis. Las maras, ahora, cubren sus tatuajes o bien, no se tatúan para no ser interceptados por la policía u otras fuerzas de seguridad. Han evolucionado en ese aspecto al igual que en sus formas de vestir”.

¿Hay señales de que carteles mexicanos estén operando en Argentina y se estén “importando” pandilleros para hacer crecer el negocio de la droga?
Sobre el particular, Laura Etcharren reflexionó que “Argentina está descontrolada. Como sociedad estamos estancados en el siglo del medio, el cual se agudiza. Pandilleros importados y de origen abundan en un país marcado por la corrupción. Por ejemplo, nunca se informa acerca de a dónde va a parar la droga que se incauta”.

¿El gobierno argentino pone atención a la cuestión o lo descarta por “descabellado”?
“De un tiempo a estar parte, si se quiere, desde la administración Kirchner, la ignorancia voluntaria, el desconocimiento y la negación compulsiva son tres calificativos en aumento en materia de seguridad.
Todo es culpa de la pobreza según el gobierno al tiempo que dan a conocer datos en los cuales, supuestamente, los índices de pobreza han bajado. Es una contradicción en sí misma, ya que en Argentina la delincuencia ha aumentado significativamente. Delincuencia en todos sus estadíos”.

¿Cuál sería tu propuesta para evitar la aparición del fenómeno en la magnitud que solemos ver en América Central o Estados Unidos?
“La toma de conciencia, aunque suene una frase trillada, es la primera vía para que el estado embrionario no se materialice. Abolir los tres calificativos que le mencioné anteriormente y abordar un plan de seguridad en el cual la retórica esté en coincidencia con la práctica.
Más policías inexpertos en las calles no es la solución.
Hay que educarlos y ser sumamente estrictos en las elecciones y en la lucha contra el narcotráfico.
Aprovechar los recursos humanos con los que se cuentan al máximo.
Modificar leyes e instituciones. Un menor de edad, frente a la benevolencia de la ley tiene varios asesinatos en su haber que luego pueden devenir en lágrimas. Como las que tienen algunos pandilleros que todavía las exhiben en otros países jactanciosamente.
Ir de lo simple a lo complejo. De lo contrario, las soluciones nunca llegarán y la prevención, si no se comprende cuál es el problema no servirá.
Entonces sucederá lo mismo que en otros países de la región.
La leyes anti-maras, los planes de mano dura y los métodos de readaptación de pandilleros, serán funcionales al delito. En lugar de erradicar el problema, motivarán, aún más, la violencia que nos envuelve”.

La Cobertura de Las Maras (07/11/07)

La ampliación y propagación de un problema a gran escala.

A pesar de la indiferencia que las autoridades gubernamentales argentinas demuestran ante el fenómeno de las maras en Centroamérica, el problema existe, se expande y profundiza.
El estado de alerta y emergencia en el que se encuentran los distintos países del continente da cuenta de que las posibles soluciones planteadas y planes de mano dura no tuvieron el efecto positivo esperado. Por el contrario, los chicos que trascendieron las bandas para convertirse en mareros y que trabajan al unísono con los ex integrantes de ejércitos de elite, se han ido sofisticando en sus tácticas y estrategias alejándose de aquellos rasgos estéticos distintivos que los convertían en blancos de fácil captura por los encargados de mantener el orden.
Se alejaron de los barrios para luchar ahora, muchos de ellos, por el monopolio de las fronteras. Porque controlar las fronteras significa manejar los hilos del poder del narcotráfico.
Son jóvenes alineados por ex Kaibiles y Zetas pero también, son estos mismos los encargados de modificar la paz de las naciones. Ellos encontraron en las agrupaciones de maras un espacio de encuentro y violencia mucho más redituable que el ejército mismo.
Dejaron de salvaguardar a los ciudadanos para convertirse en verdugos y coptadores de menores de fácil manejo como consecuencia de la inexperiencia y las ansias de ascenso. De reconocimiento social. Un reconocimiento que los etiqueta como delincuentes de alta peligrosidad.
Estigmatizados voluntariamente, los integrantes del crimen organizado no piensan en el bien común de los ciudadanos. E independientemente de que la lucha no sea contra ellos sino entre ellos, es decir, entre las distintas organizaciones narcoterroristas, todos los individuos encuentran comprometida su seguridad. Aquella que está en jaque y que pone de manifiesto la fractura del tejido social.
Países enteros bajo un estado de barbarie que se creía propio del campo terminó copando los grandes centros urbanos, ya que una vez que la droga pasa las fronteras se distribuye en el interior. Y en ese interior se liberan luchas armadas que tienen como protagonistas a los compradores y a lo que podría darse en llamar, el lumpen de una mara.
Los chicos que recién ingresan y que se les asigna como tarea la distribución de la cocaína u otra sustancia en las ciudades.
Jerarquías en forma piramidal revelan que serán los “punteros” y no los pesos pesados del narco los que se arriesgarán a vender la droga a particulares. Para eso están los principiantes.
Las elecciones en Guatemala, por ejemplo, abren un nuevo panorama político social que busca erradicar a estas agrupaciones a través de medidas distintas a las planteadas por Pérez.
“Pérez ofreció ‘mano dura', para contrarrestar la violencia, que se cobra miles de vidas cada año. Colom prometió reducir la pobreza como manera de quitar insumos a las maras y al narcotráfico. Guatemala es uno de los países más pobres del continente. El 72% de sus casi 13 millones de habitantes se halla en esa categoría.” (Diario El Deber)
Ahora bien, además del narcotráfico, las maras se dedican al tráfico de personas y a robos complejos. Sus actividades son múltiples y sus objetivos variados.
Ningún país que se precie de serio puede obviar este problema, puesto que hasta en el primer mundo hay células de Maras. España es uno de esos lugares. Latin King y Ñetas comenzaron siendo agrupaciones de chicos rebeldes enfrentados y actualmente, algunos de ellos, se alejaron para alinearse con grupos terroristas internacionales del estilo de Al Qaeda y ETA.
Los instintos negativos de superación son una constante en los chicos que comienzan a ingresar en el mundo de la calle. Algunos, hasta se preservan del consumo de estupefacientes para tener la mente más clara y poder dirigir su mirada hacia el lugar que más les conviene.
En cambio, los menos ambiciosos y verdaderamente emergentes de la marginalidad, se juegan la vida en la comisión de delitos comunes y se hunden en el paco o la marihuana. Como sucede en nuestro país, Argentina. Aquí, el auge del paco es atroz. Se lo relaciona con la exclusión social por sus bajos costos aunque se ha comprobado su consumo en otros estratos sociales.
Indiscriminadamente adictivo y mucho más letal que otras drogas, el paco devora generaciones de chicos en banda que no encuentran un espacio en el que se sientan a gusto.
En algunos casos el problema es genético. Vinculado a una predisposición a las adicciones y a la vagancia. En otros, es producto de la descomposición social a la que se asiste. Razón por la cual, reducir el tema a una causa u otra es banalizar el problema.
Es lo que sucede en la Provincia de Buenos Aires. Se culpabiliza a los pobres de la inseguridad cuando al mismo tiempo se dice que el nivel de pobreza disminuyó notablemente.
Pero si los índices de pobreza son más bajos, cómo explicar que la inseguridad es cada vez mayor y sofisticada y armada.
La respuesta se encuentra en el eclecticismo. En la variedad de casos de violencia que versan entre lo simple y lo complejo. Casos que dan cuenta que nuestro país, bajo ningún punto de vista, está inmunizado del peligroso síndrome de las maras. Más allá de la negación y el desconocimiento voluntario sobre el estado embrionario que nos envuelve y que encontró a su primera víctima en el partido de La Matanza.
Allí, una pequeña célula de la Mara Salvatrucha entró en acción, encargándose de dejar señales de su paso.Un hecho que es mucho más que un aviso. Que una sensación.
Es una realidad que tiene conexión con otros países limítrofes. Países también comprometidos en su seguridad e insertos en un círculo siniestro y de cobertura que sigilosamente las maras han construido.

Desde las cárceles, las calles y las fronteras, se gesta un sistema de narcoinformación contundente y artesanal. Aquel que configura el panorama de un continente de crecimiento positivo dudoso en materia de seguridad, inclusión social y exterminio del crimen organizado.

Acabados

19 de agosto de 2008

El desgaste de la sociedad ante la brutal inseguridad y la negación larval de maras.

Desde el calamitoso panorama callejero de la Provincia de Buenos Aires se evidencia la incapacidad, así como la inexistencia de una gestión política acorde en materia de seguridad. Se asiste entonces al latrocinio de las poblaciones que se encuentren en el abismo de sus propias construcciones, dado que están sometidas a la operación del crimen organizado que ya se encuentra entre nosotros con características propias y las típicas de los carteles de la droga mexicanos, más, algunos sesgos de maras centroamericanas. Con lo cual, la violencia se ha dejado de percibir como lejana. Tanto es así, que el estado embrionario de maras se agiliza en su solidificación para instalarse en todos aquellos espacios que la abulia y la ignorancia voluntaria de los encargados en salvaguardar el bien común crearon o bien, liberaron, contribuyendo a la penetración del narco en el país y todo lo que el mismo acarrea para su funcionamiento.
Requiere, de una estructura contundente para desarrollarse y reproducirse en redes que se extienden a nivel nacional e internacional. Es por eso que el arribo de la mafia a nuestro país no es una situación que pueda interpretarse como un hecho sorpresivo. Como una instancia incontrolable o como episodios aislados que responden a simples coincidencias con los niveles de violencia que se viven en Centroamérica.
El cliché es ubicar a todos los grupos violentos en la categoría de Maras sin distinguir una agrupación de la otra. De ahí que las representaciones sociales que suelen tenerse acerca de las maras son equívocas y proporcionales al pánico colectivo que se intensifica con el tráfico de información y con las experiencias cotidianas que siempre cuentan, al menos, con un muerto.
Todo grupo de personas es catalogado como pandillas o como maras sin resaltar las diferencias existentes entre ellas. Las cuales, a su vez, marcan los procedimientos y dejan sus rastros, estratégicamente, en la escena del crimen. Crímenes que jamás pueden ser cometidos por bandas, ya que son sofisticados en el entramado de relaciones, en las armas utilizadas y en las sumas de dinero en juego.
Pensemos que la no internalización del narcoterrorismo como una instancia más de la vida es lo que genera el asentamiento de individuos que se organizan para coptar, alinear y adiestrar a las pandillas. Se busca, que muten a maras. Pandillas que son utilitarias y funcionales para el objetivo que se basa en controlar el narco para tener así el dominio de los hilos sociales del poder.
Y como Argentina no asimila la situación larval, el problema se agudiza. De ahí, que lo más interesante que tienen los discursos de Scioli, Stornelli y Aníbal Fernández sea la tendencia sostenida a la incoherencia y a la banalización con tintes de nefastas obviedades.
El Gobernador Provincial está abocado a su prédica evangélica; a combatir la barbarie con el deporte y a sentirse orgulloso por decir que el triple crimen de General Rodríguez fue sin duda mafioso. Como si esto último fuese un hallazgo de inteligencia.
Stornelli, prosiguiendo la línea evangelizadora, habla de la esperanza que tienen para arribar a las soluciones. Se opone al criterio de Fernández en lo que respecta a la despenalización de la droga pero debería transmitirle a su cara que la esperanza y la confianza son certeras y no una actuación retórica para los televidentes.
Fernández, negador compulsivo por excelencia y aval de la inseguridad en estado de sensación en épocas de Arslanian, sorprende en los medios de comunicación con un discurso falaz en el cual nos ubica como a un país de simple tránsito. Del consumo, se olvida. Razón por la cual, su línea interpretativa tiene vacíos y mesetas que son la respuesta del por qué en lugar de disminuir los índices de inseguridad, aumentan.
Todavía no se ha entendido o asimilado desde lo Nacional, Provincial y en la Ciudad, que la inseguridad se corresponde con una relación dialéctica entre traficantes y consumidores. Quienes en determinadas ocasiones son utilizados también como guías para la inserción de los dealers en lugares casi impenetrables y como entregadores de los enemigos que el narco sabe constituir.
El descontrol en las fronteras y en especial, en el norte argentino, es un indicador que constata la anomia imperante y la poca intencionalidad preventiva que se propaga por todo el territorio haciendo eclosión en la acabada Provincia de Buenos Aires que siempre es testigo de aberrantes homicidios relacionados con ajustes de cuentas, con asesinos a sueldo y con la potencialidad creciente de las maras. Se encienden así las interpretaciones sobre la presencia de mafias dentro de la policía bonaerense y de aquellos apartados de la fuerza que conocen los modos de operación para conformar células diagramadas con chicos emergentes de la pobreza pero ávidos de trascenderla con características adecuadas para ser adiestrados por ex uniformados que deberían estar, en realidad, presos.
Las excusas que muchos anteponen son los sueldos bajos, los escasos recursos y la falta de preparación para enfrentar la complejidad de los casos.
Ocurre, que las organizaciones criminales gozan de inmunidad por esta falta de conocimiento. Es decir, desde un lugar acomodaticio y durante la gestión de Solá, se supo importar el tema de las maras. En ese momento, un disparate antológico, en cambio hoy, existen embriones que son descartados desde la hegemonía, debido a que las maras dejaron de ser un fenómeno novedoso que pueda despertar curiosidad y desviar atenciones. Su potencialidad, es ahora sinónimo de los fracasos prácticos consecuentes de los delirios teóricos que han devenido en excesos y reduccionismos que no han hecho más que desgastar a una sociedad sujeta a la narcodemencia al tiempo que conciente de que la inseguridad, criminalidad e impunidad provienen de la puja del oficialismo y la oposición y del desorden al interior de los mismos estratos políticos. Además, claro está, de la complicidad que los grandes grupos económicos y políticos tienen -al igual que en Centroamérica- con las mafias vestidas de combativas del narcocrimen.

Evangelio bonaerense

1 de agosto de 2008

Entre la benevolencia retórica y la ignorancia voluntaria el estado embrionario de maras se afianza en la Provincia de Buenos Aires.

Triángulo Maras
Indudablemente, el fenómeno de las maras en Centroamérica ha atravesado por varios estadíos en un proceso que comenzó en fines de los años ’60 y que se fue agudizando con el devenir de los años hasta implosionar en cada país y explotar, finalmente, a nivel continental. De este modo, el rigor teórico se volvió imprescindible y la necesidad de razonar y actuar multidisciplinariamente comenzó a imponerse para poder arribar a la antesala de soluciones luego de definir con veracidad, cuál es la incidencia que tienen las maras en el desarrollo y evolución de las sociedades.
Es decir, con el paso del tiempo las autoridades gubernamentales de las naciones afectadas, así como los habitantes de las mismas, se introducen en una realidad impuesta por la voracidad de una combinación extrema. La conjunción del narcotráfico con el terrorismo para conformar, el ahora imperante, narcoterrorismo.
Narcoterroristas que buscan dominar los hilos sociales del poder a través del control de las fronteras en un vínculo estrecho con los grandes grupos políticos y económicos. Tanto es así, que el orden naturalmente establecido está en jaque. Con lo cual, la mediocridad en materia de seguridad no puede ocultarse y las relaciones peligrosas del narco con la política son un hecho que revela un estado de anomia en el cual, ningún grupo humano puede tener garantizados sus derechos básicos ni salvaguardado su bienestar.
El triángulo maras por excelencia (Honduras, Guatemala, El Salvador) no ha podido responder a los reclamos sociales. De hecho, todos los planes para combatir a las maras han fracasado y cuando no, han tenido resultados parciales. Ello se debe a la eterna confusión entre pandillas y maras.
Los planes de rehabilitación son propicios para las primeras. Aquellas que se encuentran en situación de calle y dedicadas, algunas, al narcomenudeo como a la lucha por el barrio. Chicos, en su mayoría, emergentes de la marginalidad y la exclusión social. En cambio, en el mundo de las maras esos planes no son funcionales porque los intereses creados son otros y las características de sus integrantes difieren como consecuencia de una estructura de pensamiento de elite congénita o bien, aprendida rigurosamente.
“Un informe del Consejo Nacional de Seguridad Pública ha dado a conocer que el costo total de los hechos violentos en el año 2006, para toda la región, fue de $6.506 millones, que equivalen a un 7,7% del producto interno bruto (PIB) centroamericano”. (http://www.nacion.com/ln_ee/2008/agosto/01/opinion1643834.html)

Coptadores compulsivos
La necesidad de expandirse y propagarse por el mundo es una de las metas más definidas del crimen organizado. Razón por la cual, la extensión de redes es vital para poder llevar adelante dicho cometido.
Con células aún poco definidas en Canadá, Australia y El Líbano, las agrupaciones mareras interpretan desde la clandestinidad que la coptación de menores de edad y chicos insertos en las simples pandillas es una vía auspiciosa para formar nuevas células o clicas. Observar cómo se desenvuelven para decidir si serán útiles o no para los fines propuestos.
Encontrar que sus características físicas y mentales sean acordes a sus necesidades. A su estructura e infraestructura. Que tengan condiciones para aprender el negocio del narcoterrorismo ateniéndose, sin posibilidad de cuestionamientos, al adiestramiento táctico y estratégico.
Compulsivamente, y sin barajar la posibilidad de pérdida de tiempo, los cerebros que manejan las organizaciones, según últimos datos, atraen cada vez más a jóvenes españoles y marroquíes. La idea es reforzar la estructura piramidal así como también, tener reservas humanas. De ahí, la pluralidad de nacionalidades.

Evangelio bonaerense
La ignorancia voluntaria y el desconocimiento es una tendencia sostenida que los diversos gobiernos de la Provincia de Buenos Aires han experimentado en materia de seguridad. De ahí, la llegada al Conurbano Bonaerense del estado embrionario o larval de maras. Un estado que no implica la existencia implícita de maras pero sí, la antesala de un fenómeno que está dando claras señales en el hemisferio sur. Fundamentalmente, en Uruguay, Chile y Argentina.
Porque la penetración del crimen organizado en sus distintos formatos no forma parte de imaginario social. Tampoco es un estado de sensación y mucho menos una forma del golpismo o boicot hacia las autoridades encargadas en cuidar a los vecinos de todos y cada uno de los puntos del extenso territorio provincial.
Por tales motivos, el reduccionismo retórico al momento de explicar la existencia de la violencia y la inseguridad en nuestro país es una invitación a la importación de las maras así como a la conformación de grupos originarios que se encuentran en esa delgada línea entre bandas y maras.
En este contexto, el discurso de Daniel Scioli es relevante solo por su incoherencia, ya que alarma por su banalización, por su pensamiento autárquico, por hacer cargo a los pobres de la inseguridad, por tener una prédica casi evangélica de los hechos y por decir, entre otras cosas, que la inseguridad se soluciona con la práctica deportiva.
Bajo esas características argumentativas, la provincia atraviesa por uno de los momentos más complejos en relación a la violencia con una política de seguridad ficticia y con la comprobación visual de que muchos de los policías de la bonaerense apartados de la fuerza son hoy los cabecillas de las grandes mafias que operan en los distintos puntos del país que han encontrado en el conurbano un espacio propicio para montarse, crecer y desarrollarse a punto tal de afianzar el estado embrionario de maras.
 
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