La vida loca

31 de marzo de 2008

La Argentina del caos y el desborde se posiciona en el ranking de los países más violentos del continente.
El brote de “Las Pirañas” en el contexto de un paro estilo campo.

Mientras el paro agropecuario prosigue y el gobierno se toma su tiempo para ver qué hacer frente a los reclamos de los productores, en Argentina, la violencia prosigue de manera ilimitada. Porque dicha variable encuentra un espacio propicio para el asentamiento de individuos agrupados que buscan sobresalir del resto de la sociedad.
Se creen superiores por portar un vocabulario específico y patético que denota la falta de educación así como en algunos casos, la falta de contención familiar.
Los chicos en banda, paulatinamente, se adueña de las calles del extenso territorio cuyo orden social se encuentra en jaque.
Se entremezclan en las protestas y se valen de los reclamos sociales pacíficos para marcar una línea de diferenciación al presentarse de manera violenta y jactanciosa.
Menores amparados por algunos piqueteros referentes del oficialismo y/o la oposición porque entienden que ellos existen como consecuencia del sistema capitalista, o bien, por la abulia de la sociedad que simplemente los etiqueta como delincuentes sin contemplar los por qué de sus actitudes.
Algunos, emergentes de la marginalidad y otros, persistentes adolescentes que buscan nuevas experiencias de vida. Para ello, incurren en ilícitos y se relacionan con lo peor pero más sofisticado del narcoterrorismo.
Hoy, el tema candente es el conflicto del campo, por lo que la atención periodística, lógicamente, se encuentra concentrada en dicho foco. Entonces, los inadaptados sociales que han convertido a los ciudadanos argentinos en rehenes de la delincuencia aprovechan el problema para poner en práctica el diseño logístico que desarrollan sigilosamente.
Ellos “trabajan” al tiempo que las fuerzas supuestamente encargadas en salvaguardar el bienestar, descansan. O en el peor de los casos, son característicos cómplices indiferentes.
Un estado de situación que alarma y del que surgen nuevos sujetos que ponderan la actividad delictiva. Sujetos que aprovechan el caos por el que atraviesa el país para saquear, por ejemplo, supermercados ante el desabastecimiento tan temido que ya se visualiza en diversos centros comerciales.
En este contexto, la vida loca se hace presente.
Aparecen “Las Pirañas”. Un grupo de número importante que se expandió por la Avenida Crovara para desplegar las tácticas y estrategias del delito organizado.
Jóvenes comandados por sujetos preparados en el armado de operativos crearon un desastre en un ambiente de desasosiego en el cual, todo podía suceder.
Se valieron de la concentración de la información en las rutas y en la casa de gobierno para dar un golpe que aguardaba el día preciso.
Fue entre el martes y el jueves de la semana pasada. Y solo el noticiero de AMERICA dio la información de manera parcial.
Ocurrió el desastre en los días de furia con ruido a cacerolas.
Los delincuentes avanzaron por Crovara. Unos vigilaron, otros distrajeron y otros, finalmente, ingresaron de manera voraz llevándose todo del mercado.
Absolutamente combinados y sin miedo a nada, “Las Pirañas”, les hacen honor a los peces carnívoros de río. Aquellos que se reúnen en grandes bancos y aprovechan la agitación de las aguas.
Estos chicos mafiosos que ya conforman una especie más dentro del abanico de las pandillas delictivas y del estado embrionario de maras en Argentina, fueron despiadados.
Excitados como consecuencia de la adrenalina que les produce delinquir así como también, por la ingesta de estupefacientes.
“Las Pirañas” encuentran semejantes en México. Allí, existe un grupo llamado “Los Pirañas”. Quienes se enfrentan, como comúnmente sucede, con otro grupo. En este caso, “Los Dragones”.
Estos chicos reunidos en pandillas, se metamorfosearon del mismo modo que las bandas en Argentina. Pasaron de los encuentros en las esquinas y las peleas a puños al delito a gran escala y al uso de armas blancas y en algunos casos, de fuego.
Todo ello, en una ciudad en la que los temores de hoy no son más que los temores de siempre pero exacerbados por estas agrupaciones delictivas y en estos últimos días por piqueteros oficialistas que se enarbolan en su condición conforme a su conveniencia.
Primero con orgullo y luego, cuando son ubicados bajo el panóptico social, se convierten en víctimas.
Contradicciones y proliferación de la inseguridad en un país que espera ansioso respuestas y soluciones a los problemas más urgentes que nos paralizan como sociedad.
Que nos estacan en el primitivismo mental de las autoridades gubernamentales y en un desarrollo abrumador del crimen organizado.
“Las Pirañas” nos acechan dentro de éste triste estado de naturaleza que nos envuelve, retrotrayéndonos a un contractualismo que tendría que ser solamente, una parte más de la historia que compone esta era moderna y contemporánea.

Prórroga para el progreso

26 de marzo de 2008

El gobierno, los agropecuarios, el pueblo y los inadaptados de siempre en una plaza que parece ser privativa de ciertos sectores de la sociedad.

La peor elección
En oposición a la retórica se encuentra la práctica en el marco de una Argentina cuyos actuales dirigentes se jactan de relacionarse con lo más involucionado en materia mental de América Latina. Venezuela.
Un país en el cual, los derechos fundamentales han quedado en el olvido. Y cuando se los recuerda, es para unos pocos. Algo similar sucede en nuestro país. Territorio que allá lejos y hace tiempo se dividía en civilización y barbarie, hoy se encuentra estancado en el siglo del miedo. Un siglo del cual, no parece querer salir el gobierno de los Derechos Humanos selectivos que enmascara acumulación con velo de progresismo.
Porque nuevamente, la Nación Argentina vuelve a ser testigo de la barbarie. De la fragmentación acentuada. Del estado de descomposición social que termina de estallar ante un discurso presidencial más provocador que conciliador ante el conflicto del campo.
Una mesa de diálogo que se cierra y una distorsión de los hechos que profundiza la crisis. Crisis que se evidencia en todas y cada una de las esferas de la vida. Crisis de identidad frente a enlaces con países gobernados por dementes que lo único que buscan es perpetuarse en el poder.
No obstante, el kirchnerismo, también parece querer proseguir con esa línea. Entonces, lo que para ellos significa una gran elección que responde a las ideas libertarias, para la sociedad argentina atenta al sentido de la evolución, es la peor elección.

Palabras más, palabras menos
Trece días de paro agropecuario igual a trece días de silencio. Un silencio que evidenció abulia al mismo tiempo que soberbia.
Pero cuando habló, dicha soberbia se exacerbó y nuevamente el pasado se hizo presente. Porque hablando del pasado, la presidente, intenta escabullir las culpas del hoy. De la inoperancia.
Se sobrestima y subestima a los ciudadanos al decir que el paro agropecuario es contra la sociedad. Que es un paro de la abundancia. Declaraciones desafortunadas que sin duda alguna, en un país ya marcado por el componente trágico de la política, tenían un final anunciado.
Y palabras más, palabras menos, lo que logró Cristina Fernández a través de su programado discurso fue alentar, aún más, los antagonismos.

Derecho a protesta
Indudablemente, el derecho a protesta en la Nación Argentina es parcial.
Se puede protestar en tanto y en cuanto los reclamos no afecten los egos gubernamentales. Se puede reclamar, si las demandas no ponen en jaque la legitimidad del gobierno.
No se reprime a los delincuentes y tampoco a los que no respetan la constitución nacional porque eso, según la línea de pensamiento de los Kirchner, es fascismo.
En cambio, es válido reprimir la protesta de personas que apoyan las peticiones del campo. Claro está que no con la policía, sino con los piqueteros oficialistas. Quienes actualmente manejan los hilos del poder en las calles cuando se roza la susceptibilidad de la señora presidente.

Pérsico y D’Elía
Referentes de los movimientos piqueteros enarbolados en el lamento boricano de la no igual de oportunidades y atentos a las necesidades de las dos caras del espejo, estos sujetos se creen los ordenadores sociales.
Representantes de muchos individuos sumidos en la vagancia, a los que les es más redituable ser piquetero que tener un trabajo, por ejemplo, con horario de oficina.
D’Elía, admirador del brazo venezolano argentino y resentido social, busca acomodarse ilimitadamente en el gobierno. Para ello, quiere jugar a ser el mejor alumno y sigue los pasos de Scioli en carácter de muñeco que se pone y se saca.
Tanto es así, que el incontinente verbal, luego de tener una comunicación telefónica con Gerardo Rozín por el aire de C5N y en la que se mostró ofuscado y patéticamente complaciente para con el discurso presidencial, irrumpió junto a los salvajes de Pérsico en la Plaza de Mayo para sacar a los ciudadanos que allí estaban.
Ciudadanos, que en el imaginario piquetero, son oligarcas.

La plaza trágica
Mientras que para las madres de Plaza de Mayo, la plaza es de ellas, para los piqueteros K, la plaza, es de ellos.
Bajo esa premisa y al grito de insultos, los piqueteros que gritaban ante las cámaras de televisión en estado de dudosa lucidez, se fueron como animales contra los vecinos allí presentes.
Iban, desmesuradamente, al choque.
Querían demostrar que son poderosos colectivamente, dado que individualmente no existen.
Ávidos de reconocimiento y necesitados de expresar su descontento personal y para con el mundo del cual se creen víctimas, generaron temor y temblor para que la plaza de todos los argentinos quedase para ellos.
Marcar territorio creyendo que eso los enaltece ante la mirada de una mujer que por sus características, seguramente, los rechaza. Aunque es conciente que los necesita y por eso, simula igualdad.
Ayer por la noche estos piqueteros intentaron instalar la idea de que la plaza les pertenece, obviando que no todos los individuos que conformamos esta sociedad moderna y contemporánea no participamos del tablero oficialista. Que no somos fichas que se ponen y se quitan conforme a las necesidades de turno.
Porque mientras ellos salen a respaldar al gobierno más allá de todo y de todos, hay otros sectores de la sociedad que salieron, por un lado, a solidarizarse con el campo y por otro lado, a manifestar su descontento para con una presidente que no fue votada por el total de los argentinos.
Dos situaciones que se entremezclaron desde una acción pacífica que encontró su disturbio, cuando llegaron los inadaptados de siempre para intentar convertir el espacio en tragedia.

Prórroga para el progreso
Con un Moyano que reúne a los camioneros para amenazar a la gente del campo y un D’Elía más un Pérsico que sacan, mediante el empleo del miedo, a los ciudadanos comunes de la Plaza de Mayo, Argentina, no progresa. Por el contrario, retrocede.
Entonces, se asiste a un pedido de prórroga para progresar a ciencia cierta y no bajo la amenaza de grupos que sí componen lo más bajo de la sociedad argentina.
El lumpen del que se valen los políticos para amedrentar la palabra y la acción social. Las principales plazas de las distintas provincias de nuestro golpeado país se poblaron como hacia tiempo no ocurría.
Vecinos que se solidarizaban con los pequeños y medianos productores agropecuarios que solicitan la reducción de las retenciones. Trabajadores que tal vez, en un principio, adoptaron el cliché del progresismo y la condición humana en la Argentina de Hamlet.
País signado por la tragedia que ayer temía y recordaba el caos del 2001. Un año que parecía retornar, con otros actores gubernamentales pero con el mismo pueblo cansado y fatigado ante la ignorancia voluntaria de los problemas que nos envuelven, convirtiéndonos en una triste sociedad de pasado.

Culto a la droga

17 de marzo de 2008

El proyecto de la despenalización del consumo personal de droga en el contexto de una Argentina colapsada y rehén de la inseguridad.

De espaldas
Si algo le faltaba a la clase dirigente argentina es barajar la idea de despenalizar el consumo de droga. Una idea que no hace más que contribuir a la lamentable profundización del estado de anomia por el cual atravesamos.
Porque dicha despenalización es, entre otras cosas, obviar problemas. Es no haber tomado conciencia de los efectos que el consumo de estupefacientes tiene sobre las sociedades que se encuentran sujetas a los ritmos de la delincuencia.
Sucede, que las drogas no producen las mismas condiciones en el proceder de los consumidores. No todas las personas que consumen actúan del mismo modo. Y la pasividad, no es precisamente la regularidad que mayormente se evidencia.
En un país colapsado en todas sus esferas, con elevados índices de violencia, con un estado de inseguridad exacerbado por la formación del crimen organizado, la penetración del narcotráfico, el crecimiento de las pandillas juveniles y la inevitable realidad de observar un estado embrionario de maras; la posible despenalización del consumo aparece como la ratificación de la “inseguridad en estado de sensación”.
Sería pues, legitimar pasadas declaraciones, dándole la espalda a una problemática que ha crecido notablemente en los últimos años.

Contradicciones compulsivas
Combatir la inseguridad por un lado y por el otro, droga libre para los particulares. Contradicciones entorno a un problema tan complejo que nadie sabe cómo solucionar a ciencia cierta. Entonces, a través de la emulación de otros países se contribuye al caos.
Alucinaciones de un gobierno que entiende por apertura abuso de las libertades individuales. Para ello, se nutre de palabras sueltas así como de discursos inacabados que no son más que la reafirmación de las incoherencias a las que nos tienen acostumbrados.
Sondeos que se realizan desde la hegemonía para mantener esa tendencia sostenida de progresismo que aboga todas y cada una de las demencias de las supuestas necesidades libertarias. Aquellas que lejos de acondicionar un ambiente de desarrollo y evolución aportan a la involución individual y colectiva.
Ahora bien, concretar ese proyecto sería, sin duda alguna, ampliar los espacios del narcotráfico en Argentina. Aquel que busca combatirse en la calma discursiva. En la actuación que se pone en práctica para acompañar y tapar los grandes vacíos del saber. Porque si se realiza este planteo es porque no se contempló la magnitud de la violencia. Una violencia que no es privativa de las calles.
De hecho, de un tiempo a esta parte, la violencia se asentó en los lugares más insospechados. Así es como encontramos violencia en los hogares, en los colegios, en los estadios de fútbol.
Asistimos a un estado de descomposición social que refleja la debacle de la familia como célula de la sociedad, la puesta en cuestionamiento de la Iglesia como institución y la falta de organización en los planes educativos.
No aparece una relación directa entre familia y escolaridad en la que se establezcan parámetros de contención y formación en los usos y costumbres combinados con enseñanza de conocimiento paulatino. Eso se debe a la distorsión de roles y al traspaso de las responsabilidades.
No existe un equilibrio que permita conformar una dialéctica que nos ubique como una verdadera sociedad de progreso. Es más, incluir la palabra orden en el contexto de la Argentina actual es sinónimo de fascismo, totalitarismo y cuantas deformaciones idiomáticas quepan.

Relegación de culpas
Mediante el déficit argumentativo se desconoce o ignora, voluntariamente, que las personas violentas menores de edad que se droguen serán inimputables doblemente más allá de las atrocidades que cometan.
Drogarse y matar serán dos situaciones jactanciosas en el universo delictivo que copta menores de edad para fortificar la estructura piramidal en la que se divide el narcoterrorismo.
El cual existe, en primera instancia, por el consumo personal que luego prolifera a gran escala como consecuencia de la abulia gubernamental y de los beneficios económicos que se perciben.
Veamos, para que haya droga no solo se necesita de plantaciones sino también de una disposición que contenga distribuidores y proveedores.
Un círculo vicioso de legitimidad entre narcotraficantes y consumidores. Los primeros, perseguidos en apariencia y los segundos, amparados por la ley.
Locuras propias de decisiones que deben tomarse y que se encuentran ligadas, inexorablemente, a la lógica de los excesos confundidos con libertad de elección y decisión.
Querer “progresar” profesando un culto a sustancias que están matando generaciones a nivel mundial.
Por otra parte, considerar que los individuos jovenes y/o mayores se drogan por culpa de los traficantes, como dijo Aníbal Fernández, es no entender la metamorfosis que el proceso de socialización ha sufrido. Es parcializar los orígenes de las adicciones y banalizar el problema.
Es no comprender que los procesos urbanos se contaminaron más allá de la droga. Que la adicción a la misma puede dividirse por lo menos, en tres casos.
Primero por rebeldía ante el cliché del mundo cruel; segundo por irónica sofisticación y tercero por falta de educación a causa de la marginalidad.
Situaciones diversas que no pueden contemplarse del mismo modo ante la ley y que tampoco pueden ser tratadas bajo los mismos parámetros explicativos.
La predisposición a las adicciones, la intención de buscar nuevas experiencias como consecuencia del hastío que genera la inacción, el trascender tempranamente etapas y la exclusión social que no siempre tiene como efecto la drogadicción, deben ser hechos considerados y estudiados.
Deben ser la clara señal del desastre que puede producir legalizar el consumo de estupefacientes en una sociedad argentina aún estancada en el siglo del miedo y embebida de extraños conceptos de significación de normas.

Los desencantados

10 de marzo de 2008

Las nuevas culturas juveniles se entremezclan en el panorama urbano con las pandillas violentas. Floggers, “Emos” y el cliché del mundo cruel.

Encendidos juveniles
Bajo el lema que remite a que las condiciones que plantea el sistema capitalista no son igualitarias, se crea una construcción subjetiva que maneja un universo de significados distante de los parámetros que rigen la dinámica urbana relacional y laboral.
Se encienden, en el medio de las grandes ciudades, nuevas formas de presentación de las culturas juveniles. Las cuales, no son privativas de tal o cual clase social.
Porque de un tiempo a esta parte, los códigos de referencia así como la elección de una estética que diferencie a un grupo de otro y al mismo tiempo de ese resto que siente que no los comprende, entiéndase sociedad de consumo, se ha convertido en un desafío al interior de algunos sectores de las nuevas generaciones y de las ya existentes.
Con lo cual, la contención de la familia como célula de la sociedad y la educación en el marco institucional se ven desbordadas ante los nuevos planteos contestarios frente al orden social establecido.
De hecho, un país como Argentina, colapsado en todas sus esferas y embebido de la importación voluntaria de problemas, aparece como un espacio propicio para la creación de otras formas de agrupación. Sean nativas o bien, emergentes del arribo extranjero.
Tanto es así, que la proliferación de la violencia en cualquiera de sus formas representa ese colapso. Aunque también el hastío forma parte de esta profunda crisis de identidad que muchas sujetos creen sobrellevar mediante la edificación de nuevos modelos “culturales”. Modelos por los cuales, ingresan en una lucha demencial de conversión a prototipos o paradigmas imperantes.

Los floggers
El caso de los floggers no es la excepción a una tendencia sostenida de diferenciación. Individuos que se reúnen para compartir sus mismos miedos, carencias, gustos e idear planes para adquirir notoriedad y destacarse.
Son la nueva modalidad de vínculos que emerge de los beneficios filosos que la modernidad, conjuntamente con la globalización, ha aportado a la vida de consumo.
El uso indiscriminado de internet ocasionó varios problemas al respecto.
De hecho, en ese espacio casi impersonal, individuos entablan relaciones para luego conocerse. Entonces, a partir del vínculo personal y con un bagaje de conocimiento virtual del otro referente, el diagrama de grupo comienza a tomar forma.
Los floggers, categorizados hoy como una nueva tribu urbana, conformados por adolescentes de sectores que nada tienen que ver con la marginalidad y ávidos de ser famosos, utilizan, entre otros puntos de encuentro, la zona del Abasto.
Inofensivos en apariencia y aún no estigmatizados socialmente como las pandillas juveniles que se disputan en lucha el dominio del barrio, los floggers, comenzaron a demostrar días pasados que la violencia no les es ajena. Que forma parte de sus tantas maneras de presentarse ante el mundo y que pueden violentar todo aquello que les estorbe para alcanzar sus fines. Así fue como los destrozos en el Shopping del Abasto y en las inmediaciones no se hicieron esperar.
Jóvenes que publican sus fotografías en los fotologs y que se dividen, según fuentes, en “Los cabezas” y “Los Chetos”. Con lo cual, allí se entremezclan sectores que convergen en un mismo sitio. Eso no significa que los primeros sean peores que los segundos o viceversa. Simplemente, confrontan a causa de la demencia que comparten por la fama y los espacios digitales.
Chicos que adolecen de perspectivas y proyecciones se imponen estilos y auto imponen presencias llamativas en el panorama que presentan las calles de la ciudad. Buscan, inquietantemente, llamar la atención de los transeúntes, generando expectativas, temores y estado de alerta a la reacción que puedan tener si alguien los mira con asombro.

Desencantados
La rebeldía que los jovenes presentan colectivamente es mayor que la rebeldía individual. El conjunto los provee de un poder que al igual que el de las pandillas juveniles dedicadas al delito es ficticio pero eficaz dentro de las sociedades.
El poder existe en tanto y en cuanto la manipulación que ellos ejercen sobre los ciudadanos se exacerbe.
Los floggers, los pandilleros en otro contexto y las tribus urbanas adquirieron notoriedad a través de la difusión de los medios de comunicación y el voyeurismo. La sociedad y los medios, implícitamente, terminaron de darles identidad a estos chicos que bajo la premisa del desencantamiento que tienen sobre el mundo que les toca vivir hacen cualquier barbaridad.
Es decir, lejos de superarse, las bandas juveniles que emplean la violencia como práctica en el corto, mediano o largo plazo no son más que una profundización de ese mundo desencantado.
Ahora bien, existe una moda de emulación de tribus e incoherencias. Tal es así, que cualquier excusa es “relevante” para armar una tribu. Los “Emos” son un ejemplo de ello.
Representan a un conjunto de chicos que visten ropa de color negro con algún toque de color fuerte para diferenciarse de otras agrupaciones en las que el negro predomina. Tienen, algunos de ellos, un mechón rojo en su cabellera.
Son jovenes que participan de ese cliché de angustia que el mundo les produce.
Según indica una nota publicada en el Diario La Nación del domingo 9 de marzo, varios “Emos” “se autoflagelan para mostrar su dolor, rechazan a sus padres y a la sociedad”.
Se reúnen en la zona de la Plaza Rodríguez Peña para mostrar su dolor y tristeza ante la realidad. Actuaciones lamentables de chicos con sus neuronas a la deriva que buscan, fundamentalmente, molestar a sus padres porque los límites que puedan ponerles estos últimos, en ese subuniverso creado que busca marcar un antes y un después, significa incomprensión.

Las consecuencias del tiempo
Sucede, que con paso del tiempo y bajo los parámetros de la sofisticación de las comunicaciones, las agrupaciones originadas en la web pueden enmascarar operaciones vinculadas al delito con sus deseos de fama estética.
Es decir, del mismo modo que empíricamente se revela que algunos pandilleros trascendieron la pandilla y como consecuencia el barrio, los floggers también, pueden ir más allá del estilo del fotologs e ingresar al circuito de los secuestros virtuales así como al armado de encuentros que desatan la barbarie.
Antecedentes se encuentran, por ejemplo, en Rosario.
“La Fabela” y “Los Ninios Populares”. Estas bandas de adolescentes tiene como modalidad el manejo de internet para intercambiar amenazas.
Ambas pandillas estarían compuestas por chicos que asisten a la escuela pero que tienen formas de actuar, pensar y sentir violentas.
Entre pintadas, golpes y una competencia que tiene que ver con una rivalidad entre integrantes de colegios, estos chicos tienen como medio de expresión los avances de la tecnología. Es por ello que se manejan con computadores.
Desde blogs, fotologs y otros espacios acuerdan lugares de encuentro y elucubran venganzas. (Ver nota Pandillas en Argentina)
Con lo cual, el estado de alerta existe y la metamorfosis al interior de las tribus, pandillas y/o bandas no es una instancia que deba descartarse.

Entrevista: “Se está gestando un fenómeno mara en la Argentina”

4 de marzo de 2008

http://www.razonesdeser.com/vernota.asp?d=29&m=2&a=2008&notaid=54215

La socióloga argentina, Laura Etcharren, especialista en el estudio de las Maras, dialogó en forma exclusiva con RazonEs de SER, acerca de la referida problemática en el sur del continente. Según advierte, existe en estado embrionario en Argentina.
Originarias de Centroamérica, esta forma particular de organización delictiva avanza de manera organizada y sistemática sobre Latinoamérica.
"Las maras bajan hacia el sur", sentenció la licenciada Etcharren en entrevista desde Argentina, mientras prepara el lanzamiento de su libro "Esperando las maras. El estado embrionario en Argentina".

por Daniel Eduardo Raddi

Sobre el indicio real del fenómeno mara en la Argentina y países vecinos, teniendo en cuenta que la migración hacia el sur del continente es casi nula, nuestra entrevistada señaló: “Si bien es cierto que los procesos migratorios ya no se dan del mismo modo y con la misma frecuencia que hace años atrás, también es cierto que en muchas ocasiones, los conflictos migran a través de los medios de comunicación. Es decir, el fenómeno de las maras llega a la Argentina como consecuencia del tráfico de información. Razón por la cual, algunas agrupaciones aún en estado de pandillas ven en el fenómeno de las maras un modelo a seguir y otras, ni siquiera se detienen, prefiriendo conservar la “seguridad” que les brinda ser miembro de una banda.
Del mismo modo entonces que a nosotros nos llega la información de la existencia de bandas y maras en Centroamérica, afuera llega la información del espacio propicio que hay aquí para que algunos mareros ingresen a Argentina. Incluso, se “alerta” a los nativos para que se sofistiquen. El crimen organizado en los barrios cerrados, los operativos comandos en asaltos a entidades bancarias, la alevosía luego de matar a algún sujeto poderoso así como el asesinato de Eugenia Ledesma en el municipio de La Matanza son algunos de los indicios con características bien definidas de clicas mareras. Estos hechos revelan que las maras están cada vez más cerca”.

¿Podría compararse, en caso de que existan maras, con el fenómeno de los pibes chorros, surgidos en los últimos años, o acaso estos últimos son una burda copia del fenómeno?, se le cuestionó. “Precisamente, como usted dice, los pibes chorros nada tienen que ver con las maras propiamente dichas. En algunos casos, pretenden emular a las maras, mientras que en otros, ni siquiera las conocen y en el último de los casos, los pibes chorros conocen sus limitaciones y saben que para conformar una mara y dejar de ser una banda deben relacionarse con los verdaderos grupos de poder político y económico”.

Sobre la posible localización del fenómeno, Etcharren precisa que “Argentina es un país que ha colapsado en todas sus esferas. La seguridad no es la excepción. Por tal motivo, el embrión de las maras se observa mejor en la Provincia que en Capital Federal. No obstante, en esta última zona, el estado de barbarie se ha ido agudizando con la presencia de grupos similares al de las pandillas. Tampoco hay mareros pero sí se suceden crímenes que nos ponen en alerta máxima”.

La realidad, hasta ahora, indica que no hay una guerra de carteles de la droga como acá en México, donde se utilizan estas pandillas para el narcomenudeo o algún ajuste de cuentas. ¿Es posible que se empiece a utilizar este tipo de pandilla en los narcotraficantes que rondan en Argentina?, fue la pregunta obligada.
“Es posible, y de hecho, la guerra del narcotráfico en Argentina no es una importación sino una realidad que tiene como protagonistas a las pandillas y a otros grupos que provienen de países como Perú y Bolivia. Existe una ruta del narcotráfico que encuentra su epicentro en el Norte Argentino para luego distribuirse por vía terrestre y/o área en la Capital Federal y en el Conurbano Bonaerense”.

Siendo Argentina un país que, aparentemente, no sufre condiciones de pobreza como El Salvador, Guatemala y Honduras, ¿qué detonante hay para que surjan embriones de pandillas maras?
En este caso, la socióloga afirmó:
“Tengamos en claro que en Argentina no hay maras. Existe sí, un estado embrionario de maras que se propaga. Las maras no son las pandillas ni las pandillas son las maras. En estas instancias es preciso realizar una distinción para ser rigurosos al momento de informar. Si no se desinforma y eso contribuye a la creación del pánico colectivo así como a la proliferación de unas y otras”.
Y agregó que “las pandillas propiamente dichas son una emergencia de la pobreza y la exclusión social que encuentran en la unión con otros sujetos de su misma condición un “poder” que individualmente no poseen. Bajo estas características, algunos pandilleros son puestos bajo la lupa de los narcoterroristas para llevar adelante todos aquellos trabajos que ellos, por cuestiones jerárquicas y de auto preservación, no harían.
Una mara se compone pues por pesos verdaderamente pesados que manejan las fronteras y por ende, los hilos del narco que se valen de pandilleros que quieren ascender.
Las maras están sofisticadas y se mueven a gran escala. En cambio, las pandillas no. Ponen en riego su vida por delitos considerados menores en el verdadero mundo de las maras, que son las que tienen logística y entrenamiento militar provistos por ex integrantes de ejércitos de elite. Por eso digo que en Argentina existen maras en estado embrionario”.

Pero además, sobre la pobreza como factor desencadenante, nuestra entrevistada enfatizó que “el pauperismo no es privativo de Centroamérica. Nuestro país, aunque los índices de medición tengan una tendencia a la negación, posee importantes niveles de miseria. Algunos individuos procuran trabajar y revertir esa situación de manera lícita. Otros, en cambio, eligen el camino de la delincuencia”.

En México, los controles policiales y migratorios suelen buscar tatuajes para identificar a que pandilla pertenecen. ¿En Argentina se los identifica de la misma manera?, le consultamos. “En Argentina existe una tendencia sostenida a tatuarse, especialmente las nuevas generaciones. Independientemente de la clase social de la cual se trate, se suelen utilizar tatuajes. Actualmente, los mismos han dejado de ser una identificación o distintivo de una persona delincuente porque se produjo una metamorfosis. Las maras, ahora, cubren sus tatuajes o bien, no se tatúan para no ser interceptados por la policía u otras fuerzas de seguridad. Han evolucionado en ese aspecto al igual que en sus formas de vestir”.

¿Hay señales de que carteles mexicanos estén operando en Argentina y se estén “importando” pandilleros para hacer crecer el negocio de la droga?
Sobre el particular, Laura Etcharren reflexionó que
“Argentina está descontrolada. Como sociedad estamos estancados en el siglo del medio, el cual se agudiza. Pandilleros importados y de origen abundan en un país marcado por la corrupción. Por ejemplo, nunca se informa acerca de a dónde va a parar la droga que se incauta”.

¿El gobierno argentino pone atención a la cuestión o lo descarta por “descabellado”?
“De un tiempo a estar parte, si se quiere, desde la administración Kirchner, la ignorancia voluntaria, el desconocimiento y la negación compulsiva son tres calificativos en aumento en materia de seguridad.
Todo es culpa de la pobreza según el gobierno al tiempo que dan a conocer datos en los cuales, supuestamente, los índices de pobreza han bajado. Es una contradicción en sí misma, ya que en Argentina la delincuencia ha aumentado significativamente. Delincuencia en todos sus estadíos”.

¿Cuál sería tu propuesta para evitar la aparición del fenómeno en la magnitud que solemos ver en América Central o Estados Unidos?
“La toma de conciencia, aunque suene una frase trillada, es la primera vía para que el estado embrionario no se materialice. Abolir los tres calificativos que le mencioné anteriormente y abordar un plan de seguridad en el cual la retórica esté en coincidencia con la práctica.
Más policías inexpertos en las calles no es la solución.
Hay que educarlos y ser sumamente estrictos en las elecciones y en la lucha contra el narcotráfico.
Aprovechar los recursos humanos con los que se cuentan al máximo.
Modificar leyes e instituciones. Un menor de edad, frente a la benevolencia de la ley tiene varios asesinatos en su haber que luego pueden devenir en lágrimas. Como las que tienen algunos pandilleros que todavía las exhiben en otros países jactanciosamente.
Ir de lo simple a lo complejo. De lo contrario, las soluciones nunca llegarán y la prevención, si no se comprende cuál es el problema no servirá.
Entonces sucederá lo mismo que en otros países de la región.
La leyes anti-maras, los planes de mano dura y los métodos de readaptación de pandilleros, serán funcionales al delito. En lugar de erradicar el problema, motivarán, aún más, la violencia que nos envuelve”.
 
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