Columnas de la nada

16 de enero de 2008

La tendencia a querer figurar en la televisión y otros medios, aunque sea, cayendo en la ridiculez. El intento frustrado de Kavlin, el fantasma de la TV.
Al mejor estilo de las promesas de la nada de ciertos políticos abúlicos, algunos extraños personajes que pululan por los medios de comunicación escriben columnas, también de la nada.
Porque existe una tendencia sostenida a figurar. Aunque sea, haciendo el ridículo. Lo importante, es estar. Presentarse en los medios diciendo o bien, escribiendo situaciones que no son más, que un intento frustrado de análisis televisivo.
No es la primera vez que sujetos que trabajan en la televisión se encargan de boicotear al medio que los sustenta. Una contradicción en sí misma que tiene como única explicación, la necesidad de darle profundidad a un tema que a la audiencia no le interesa. Ahondar en la temática de los contenidos para demostrar que los códigos y parámetros de vida de quien escribe o dice, son distintos al del resto que elige.
Tal es el caso del prácticamente desconocido David Kavlin. Un muchacho que se lo conoce más por haber tenido cierto affaire con la hija menor del matrimonio Calabró, Marina, que por sus apariciones en los medios.
Es más, participó más de la televisión en los tiempos de Marina que como “conductor”. Pero Kavlines, hay muchos en el medio. Abundan los cazadores de mujeres de reconocidos apellidos para dar, aunque sea, un pequeño salto a la “fama”. La cual, es prestada y se diluye al momento de la ruptura amorosa si no se tiene talento para trascender la relación.
En el sitio de espectáculos Primicias ya, aparece algo así como una columna forzada que no conduce a nada. Esa nada que se ha vuelto emblemática pero que en algunos periodistas tiene más sentido, ya que contienen un bagaje intelectual más interesante y referencial.
Y Kavlin, ha querido emularlos, redactando una columna que se titula “La televisión no se mancha”. Un título lamentable al que si se le cambia la palabra televisión por pelota, nos quedamos con la brutal frase de Maradona: “La pelota no se mancha”. Otra gran contradicción que dio la vuelta al mundo, puesto que entre las tantas barbaridades que hizo el otrora diez, fue manchar la pelota.
Lo mismo hace este hombre. No quiere y sin embargo, termina por manchar a la TV con un estilo de escritura banal y una mirada absolutamente parcializada que no se ajusta a las demandas de la sociedad de consumo que le ha dado legitimidad a todo lo que él supone transgresiones televisivas.
“Pero no quiero criticar al medio dentro del que y del que vivo y mucho menos ponerme en una posición de Juez, porque soy parte”.
Luego, su discurso se vuelve insoportablemente auto referencial. Y agota, como en el párrafo anterior, tratando de justificar todo aquello que nadie lo ha obligado a escribir. Se justifica de sus propios conceptos y así deja en evidencia, que los mismos, lo único que buscan es dar una mirada distinta que busca destacarse.
“Y no se trata tampoco de conservadurismo, porque aunque no haya tenido demasiadas oportunidades de mostrar mis ideales y paradigmas siempre defendí los cambios.”
También hace referencia a las revoluciones pero sin duda alguna, no tiene en claro que es una revolución. Por lo menos, no cuando habla en materia televisiva.
La revolución tiene que ver con la aparición de la televisión y los alcances que la misma ha tenido a nivel mundial.
“(…) lo que pasa en nuestra TV y a lo que me quiero referir lejos esta de ser revolucionario.” En el contexto actual, la palabra revolución no tiene cabida.
Con esta frase, el fantasma de la TV nos está queriendo decir que no tiene la menor idea de lo que escribe. Sus manos no pueden seguir el ritmo de su pensamiento o viceversa.
Por supuesto que la televisión actual no tiene nada de revolucionaria.
No es más, que una instancia dentro de la infinidad de ciclos que ha tenido la misma desde su creación.
Es como siempre se ha dicho desde el blog, un sistema autopoiético que se regula a sí mismo a través de estudios de mercado que marcan las demandas y tendencias de los televidentes.
Quienes hoy buscan distenderse frente al aparato de televisión y olvidarse, por algunos instantes, de los imponderables y problemas de la vida cotidiana. Entonces, se detienen en los escandaletes, en los dimes y diretes. En todas las peleas mediáticas que venden por ser bizarras y combinar puesta en escena con realidad.
De ahí, que las reflexiones de Kavlin no tengan sentido o por lo menos, que no entren dentro de los parámetros que hoy venden.
Los códigos no los imponen los medios sino el público a través del encendido en el caso de la TV. Nadie es juez en ella. Todos son opinólogos con mayor o menor autoridad. Y en tal caso, si el chiquitaje opina sobre las divas del espectáculo es porque existen conductores que envían a sus cronistas con un micrófono para sacarles declaraciones que levanten polémica.
Así es la televisión de hoy porque así ha sido elegida.
Todos sumergidos en un juego mediático. Y el que no sabe jugar, que se vaya. De lo contrario, quedará relegado y caerá en la elaboración de columnas de la nada, preguntándose: “Un "juego" a los que muchos no queremos jugar. ¿Pero estamos obligados a hacerlo?”
Un cuestionamiento absurdo que no condice con esa necesidad imperiosa de ser un figureti de los medios.

Relaciones enmascaradas

9 de enero de 2008

Colombia, las FARC, Chávez y un entramado de peligrosas relaciones.
Más, el papel de los medios de comunicación.
En estas instancias en las cuales la vida parece no tener valor, el quiebre del tejido social a nivel mundial se profundiza y la cosmovisión que los sujetos, en tanto colectivos podamos crear, es compleja. Con lo cual, la construcción de la subjetividad pasa a ocupar un lugar importante en la edificación de sentidos así como en la necesidad de elaborar sentimientos de pertenencia para con algo o alguien.
Sucede, que la pérdida de credibilidad ante las constantes promesas incumplidas o bien, frente a las promesas de la nada, revelan estados de situación que lejos de aproximarnos a un arribo de solución, nos llevan al naufragio.
Los sucesos que en las últimas semanas han movilizado la conciencia social de los colombianos y también de todas las sociedades americanas y del mundo, ponen de manifiesto las potenciales relaciones de poder entre las FARC y Chávez bajo el velo de una hipócrita pero redituable solidaridad.
Una forma de proceder viciada por el enmascaramiento de una realidad en una retórica basada en la constitución de la libertad de los pueblos y los individuos. Enarbolados en la figura de Simón Bolívar y sujetos, demencialmente, a reproducir un sistema que tiene más desaciertos que aciertos. El sistema de perpetuidad de Fidel Castro.
Porque estar en el poder significa manejar los hilos del mismo.
Dominar espacios para imponer una identidad a la que los sujetos deben acomodarse para no quedar por fuera de los cambios. Independientemente de que esos cambios no sean los deseados.
El poder bajo la figura de una persona se ubica en el centro de la escena y desde allí se ramifica hacia el resto. Es decir, todo sale de ese centro legitimado por unos y repudiado por otros según cuestiones ideológicas y perspectivas de vida.
En ese sentido la función de los medios es primordial, dado que sin ellos, los shows que montan algunos presidentes no darían la vuelta al mundo.
La política se vale de los medios así como los medios se valen de la política, creando un régimen de creencias que concluye en la conformación de una relación dialéctica en la que ambas esferas de la vida se retroalimentan y conviven en el marco del desgaste social.
Ocurre, que la conjunción de medios y política mueve importantes sumas de dinero. Insospechadas cantidades por esa necesidad de complicidad que existe.
Ni a los políticos les conviene que los medios sean contra hegemónicos al orden vigente impuesto, ni a los medios les conviene que desde la cúspide se los ignore bajo el ninguneo del mutismo y la subestimación.
Entonces, se crean relaciones de interés decoradas con formalidades y cordialidad.
Al suceder esto y como consecuencia del desgaste, la violencia social se exacerba y los medios de comunicación se ven obligados a reflejar tales episodios. Lo cual, es positivo, en tanto y en cuanto les sea redituable.
Y lamentablemente, los hechos de violencia, perversidad y de color, son los más consumidos debido al morbo y al voyeurismo que se ha instalado en los tiempos modernos.
Si retomamos el tema de las FARCS, el mismo está rodeado de extrema perversidad. La organización guerrillera conoce de eso y sabe cómo jugar con la ansiedad y las expectativas de los familiares y de todos los seguidores del caso.
La “buena predisposición” al momento de negociar, las condiciones impuestas y el saber que Emmanuel -el niño nacido en cautiverio- no estaba con ellos pero que igualmente formaba parte del botín de entrega, demuestra, entre otras cosas, que lo macabro también se encuentra dentro de esta farsa de aires revolucionarios.
Y lo que menos importa, es el bien común.
Interesa sí el fracaso de la operación no por el fracaso en si mismo, puesto que dadas las características de despliegue ya es "anecdótico". Importa, por el ridículo al que han asistido todos los allí presentes. Un ridículo del cual no se vuelve pero al cual se exponen, en el caso de Néstor Kirchner, para no perder vigencia.
Para estar dentro del campo de acción aunque sea, sin aportar nada y sabiendo que el final, estaba anunciado.
Los rehenes no se entregarían. Las FARC, dudosamente se desprenderán de ellos, puesto que entre los sentidos de lucha que ellos poseen se encuentran los secuestrados.
Son el arma para presionar y mantener en alerta no solo a Uribe sino también, a toda la población de Colombia que debe enfrentarse a múltiples conflictos armados.
El problema del narcotráfico, el tráfico de armas y de personas son algunas de las situaciones que colocan a éste país en uno de los más peligrosos del mundo.
Un territorio en el que la presencia de las maras no es una utopía.
En el que existen los escuadrones de la muerte y en el que la selva es la cuna de las grande operaciones que determinan la extensión de las redes de poder de la guerrilla con otros países del continente. El principal, Venezuela.

Los antiblogs

7 de enero de 2008

Horacio González y Marcelo Birmajer.
Críticas reflexivas y resentidas alrededor de uno de los formatos de internet: los blogs.
El submundo internet
De un tiempo a esta parte, internet se ha convertido en un auge indiscutido.
El mundo digital ha pasado a ser el epicentro de la información al instante en el que se encuentra de todo. Incluso, hasta pone de manifiesto una alternativa de vida de consumo de sus navegantes mediante sitios de venta.
A lo que debe sumársele, todas las noticias vinculadas a las diversas esferas de la vida en un espacio que llama la atención.
Un medio que no deja de sorprender y que se agiorna cotidianamente. Un submundo dentro del mundo que suele ser criticado o bien, ponderado.
Es decir, como todo medio de comunicación, internet no queda exento a la tendencia sostenida de ser intelectualizado por algunos representantes de la cultura que buscan sobresalir con sus criterios, imponiéndose por sobre el consumo y la elección popular.
Tanto es así, que el 22 de diciembre de 2007, en el suplemento cultural de Clarín, Ñ, algunos intelectuales se tomaron el trabajo de escribir acerca de uno de los tantos formatos que internet brinda a sus visitantes: Los Blogs.
Las críticas fueron expuestas por Horacio González y Marcelo Birmajer.
No obstante, las respuestas no tardaron en llegar. Tal es así, que el diario Perfil publicó una interesante nota de Quintín al respecto que invita a que el 22 de diciembre sea el Día Internacional del Blog. (http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0221/articulo.php?art=4915&ed=0221)
La alfombra roja de Ñ
Si algo caracteriza a la revista cultural de Clarín es la diversidad en cuanto a los temas a tratar. Un espacio gráfico multidisciplinario rico en contenidos que refleja, no solo las nuevas formas de composición de la cultura, sino también, las más tradicionales. Aquellas que son rescatadas por intelectuales que se resisten a otro tipo de fuentes que no sean las literarias.
Diversas formas de actuar, pensar y sentir que reflejan la construcción de la subjetividad de las nuevas y otroras tendencias en materia de arte, literatura, medios y revelaciones estéticas.
Una revista distinta, que a veces, pretende inducir el pensamiento de sus lectores con entrevistas a sujetos premeditadamente contra hegemónicos, tendiéndoles, alfombra roja.
La mirada reflexiva (El blog no tiene futuro)
Uno de los sociólogos más reconocidos e interesantes del mundo académico. Exponente de la cultura argentina, Horacio González transita los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales imponiendo respeto y sabiduría por el simple y complejo hecho de ser quien es.
Interesado por la construcción de los sujetos colectivos más que por la sociología en sí misma, marca tendencia a través del dictado de clases absolutamente desestructuradas que bien pueden plantearse, si el alumnado así lo dispone, en charlas de café.
Accesible al momento de mantener un diálogo y generoso en la transmisión de su vasto y exquisito conocimiento, es incapaz de llevar adelante un cuestionario que pueda poner en apuros a su interlocutor.
Sin duda alguna, el actual director de la Biblioteca Nacional es un libre pensador que tal vez, sin proponérselo, moviliza conciencias y despierta el interés del saber. Bucear por la literatura y plasmar en la ensayística la interpretación de las grandes obras, como ser, las de Ezequiel Martínez Estrada.
Sin embargo, en algunos aspectos se resiste a la evolución que la modernidad, conjuntamente con la globalización, han creado. Situaciones, modos y métodos de divulgación que han sido legitimados por una sociedad de consumo que encontró en ellos funcionalidad y practicidad no solo para informarse sino también, para expresarse.
De hecho, en un artículo publicado en la Revista Ñ, el sociólogo se expresa contra los blogs y dice que los mismos no tienen futuro. Evidentemente, percibe el fracaso del papel como consecuencia del desarrollo de la informática a gran escala.
En su imaginario, la dialéctica del libro con lo digital, parece no tener cabida. Separa estas dos formas de lectura y expresión, denostando a la segunda como si fuese un método abortivo de la cultura del saber.
Es decir, en su estructura de pensamiento, González diluye todo tipo de sofisticación de la modernidad mediante la exaltación de lo tradicional. No reconoce que el blog, es una manera de expresión de estética sencilla en la cual, lo que prima, es lo que se plasma con la palabra.
No es una página web, tampoco un portal y muchos menos un diario digital.
Es, simplemente, un escritorio con fondo blanco o de color, que transmite ideas, novedades y análisis con pocos accesorios artísticos.
“La era del blog ha disuelto la distancia entre el texto y quien lo escribe”. Así expresó el investigador.
Ahora bien ¿Quién determina que deba existir esa distancia? Porque de hecho, si existen los blogs es porque existen lectores que los leen y escritores o informantes que no buscan experimentar el sentimiento de distancia.
Además, detrás de un blog existe un trabajo que no es ni más ni menos meritorio que el de la creación de un libro. Solamente, es distinto.
“(…) disentería verbal que se confunde fácilmente con libertad”. En este punto la visión, puede ser irreprochable. No obstante, también es cierto que la confusión que existe alrededor de la palabra libertad no puede limitarse a la presencia de los blogs. De limitarla, se estaría cayendo en una trágica banalización que pondría en jaque, al mejor estilo de Maquiavelo, la moral y los valores.
Es más, existen textos que se encuentran en periódicos y revistas que gozan de absoluta vulgaridad pero que no son cuestionados por pertenecer a importantes grupos económicos o bien, por estar dentro de grandes editoriales.
La divulgación de escritos cargados de incoherencias y lenguaje “indecoroso” como excusa de libertad es masiva.
Igualmente, y más allá de las diferencias con respecto al tema, la mirada del sociólogo Horacio González siempre es enriquecedora porque entre otras cosas, es el portavoz de las diferentes construcciones de sentido que deambulan por esta sociedad moderna y contemporánea que goza, además, de distintas formas de actuar, pensar y sentir.
El rencor de Birmajer (Contra la blogalización)
La visión de Marcelo Birmajer dista, en materia de pureza, de la de Horacio González.
Se presenta, ante todo, con conceptos rencorosos que lejos de realizar un aporte evidencian las falencias de un escritor que notablemente, también está en contra del sistema al que deben ajustarse los escritos.
Líneas editoriales, correctores y un sinfín de instancias que revelan su malestar.
Porque sin quererlo, boicotea su propio campo, el del escritor.
En sus brutales y patéticos cuestionamientos hacia los blogs, Birmajer, en referencia a quienes construyen tales espacios dice: “(…) no debe afrontar los rigores de editores y correctores. No debe preocuparse por si al público le interesan o no sus reflexiones ni por si los críticos las elogiarán o aniquilarán”.
Una manifestación rica en contradicciones. Porque para sostener que los blogs gozan de impunidad argumentativa y de nulo sometimiento a las apreciaciones de los lectores, él, como escritor, les dedica bastante tiempo.
Les dedica, una amplia página en la que en realidad, el resentimiento, tiene más que ver con él que con los constructores virtuales. Un frustrado intento de defenestración de un género que nada tiene que ver con el papel.
Una columna que adolece de la densidad reflexiva de González y que abunda en tristes expresiones primarias que buscan abrir una polémica caduca acerca de una nueva forma de comunicación.
Cierre aislado y perimetral
Horacio González con sus opiniones de cierta futurología y Marcelo Birmajer con su editorial de génesis relativista, invitan a hacer un cierre ciertamente evaluativo, dado que un artículo sobre el tema de los blogs puede ser interpretado como una expresión aislada de reacción ante las nuevas formas de expresión que no se comprenden.
En cambio, dos artículos ya representan una versión rencorosa y perimetral hacia todos aquellos individuos o grupos de personas que plasman sus ideas, fotos y demás en los repudiados espacios.

Metamorfosis

2 de enero de 2008

Los cambios del crimen organizado y el desvío de la atención. Más, bandas y maras escindidas.
Al igual que las pandillas, las maras forman parte del círculo de inseguridad mundial.
Propagadas por todo el continente americano y con clicas en diversos países de Europa, estas otroras pandillas ahora son parte del crimen organizado que maneja los hilos del poder del narcotráfico. No obstante, para ello, debieron transformase.
Trascender el barrio y defender la frontera.
Dejar parte de las armas blancas y optar por las de fuego.
Las peleas que aprendieron en el tránsito callejero, imponiendo una cultura fueron dejadas de lado por el entrenamiento de sujetos especializados.
Brazos de ex miembros de los ejércitos de elite reclutaron a menores y adolescentes para alinearlos en tácticas y estrategias a gran escala.
Cambiar su estética original para poder infiltrarse al interior de los gobiernos. Para operar con los grandes grupos de poder político y económico que viven del tráfico de armas, drogas y personas.
Tanto es así, que “Los nuevos mareros van por la calle sin ninguna característica que les delate. Vestidos con ropa formal y sin un solo tatuaje visible, los pandilleros están más activos que nunca en sus extorsiones y otros delitos.” (Juan Carlos Llorca)
Con ello, la atención se desvía y las elaboración de alternativas para dar solución a la situación de barbarie por la que se enfrentan diversas sociedades, solo han producido el llamado efecto rebote.
Los planes de “mano dura”, de “limpieza social” y las leyes antimaras fueron factores detonantes para que las maras adquirieran ese bajo perfil que exacerba el peligroso fenómeno que han sabido crear, mantener y reproducir con el paso de tiempo.
Agrupaciones delictivas de alto riesgo que forman parte de los escuadrones de la muerte o bien, se asemejan a ellos, llevan adelante la matanza indiscriminada de niños y jóvenes.
Algunos de ellos, por negarse a ingresar al mundo de la violencia y otros, por no cumplir con las tareas que desde la cúspide le fueron asignadas.
“Según datos proporcionados por Casa Alianza, desde 1998 en Honduras se han registrado un total de 3,936 casos de niños y jóvenes asesinados brutalmente.” (El Heraldo; 28/12/07)
De esta cifra se desprende el riesgo por el que atraviesan las nuevas generaciones. Las cuales se han convertido en las principales protagonistas de la narcodemencia que cotidianamente se transmite por los medios de comunicación.
La ausencia de valores y la distorsión con respecto a los mismos son factores esenciales para que los menores de edad sean coptados por las bandas callejeras o por las maras para realizar trabajos riesgosos. Aquellos por los que sus miembros más destacados, no pondrían en juego su vida.
Ocurre, que en ambos mundos, las ansias de poder son desmedidas y la vida humana se presenta como un juego que por supuesto, tiene su precio. La misma es puesta bajo la mirada de quiénes se encuentran en la punta de la pirámide de la organización que lideran. O sea, la vida es un experimento sometido a la experiencia de prueba y error.
Pasar la prueba puede tener la lectura de no haber fallado en la elección y ser apto para estar dentro. En cambio, el error, puede interpretarse como sinónimo de ineptitud. Con lo cual, la pérdida de la vida al interior de este complejo universo de significados, lejos de ser un drama, se convierte en una solución.
Ahora bien, Honduras, El Salvador y Guatemala, son los países más comprometidos en una vorágine violenta que no encuentra su fin y que se agudiza, atrozmente, frente a la incapacidad de los gobiernos y a la precariedad teórica y empírica de los investigadores.
E incluso, ante la extrema confusión que aún existe entre pandillas y maras.
Sucede, que hasta el momento no se ha comprendido que ambas deben ser escindidas. De no hacerlo, se crean espacios propicios para que unas y otras puedan operar.
Las primeras al interior de los barrios y/o villas; las segundas, en las fronteras y protegidas por una estructura sofisticada que revela su evolución.
Aunque ambas, en diferentes niveles, comparten el mismo desafío, profundizar la miseria en el mundo, incrementando la violencia social.
Las ansias desmedidas de poder así como la necesidad de fomentar sentimientos de pertenencia explican tales cuestiones y evidencian los por qué de los métodos que estos grupos utilizan para permanecer en el campo de acción sin ser encontrados por las fuerzas de seguridad o deportados a sus países de origen.
Bajo estas características, pandillas y maras escindidas en sus formas de actuar, pensar y sentir se despliegan por los distintos países.
Argentina, Chile y en menor medida, Uruguay presentan un estado embrionario.
Estado embrionario de maras en metamorfosis para alcanzar y dominar las metas propuestas dentro del contexto de una América Central y Latina que lejos de avanzar retrocede e invita al crecimiento sostenido de grupos armados como las maras y similares a ellas que profundizan el siglo del miedo y revelan las diversas formas de violencia social como las epidemias del siglo XXI.
 
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