Pandillas en Argentina

26 de noviembre de 2007

Funcionarios abúlicos le dieron la bienvenida a las pandillas juveniles y al crimen organizado para que el embrión vaya creciendo hasta estallar en maras.
El "lágrima", "La banda del Guacho", "La fabela" y "Los ninios populares".
A pocos días de finalizar su mandato, Arslanian prosigue con un rally mediático en el que afirma la baja del delito en el Conurbano Bonaerense y declara sentirse frustrado por no haber podido esclarecer el caso de Jorge Julio López. No obstante, y paradójicamente, rescata la labor de los efectivos que, supuestamente, están a cargo de la investigación.
Una más de las tantas incoherencias y contradicciones a las que el Ministro de Seguridad nos ha acostumbrado a lo largo de su gestión. La cual versó en importaciones de problemas cuando los mismos aquí no existían y más tarde, en la negación de problemas que hicieron raíz como consecuencia de la abulia del gobierno provincial.
Tanto es así, que el problema de la minoridad en el delito adquirió rasgos de notoria gravedad en los últimos tiempos. Los cuales trascendieron, evidentemente, al grupo de especialistas en Tribus Urbanas que el Gobierno de la Provincia posee.
Sucede, que la relación de los menores y la ley es cada vez más compleja. Las normas no contemplan el encierro de chicos pequeños que hayan cometido ilícitos. Razón por la cual, el descontrol se profundiza y la vida en las calles agudiza todos aquellos hábitos que van en contra de los usos y costumbres. De las normas de urbanidad que regulan el orden social establecido.
Bajo estas circunstancias, la conformación de bandas o pandillas se instala en los grandes centros urbanos para contribuir con el caos al que se asiste.
Emergentes algunos de la marginalidad y la precariedad educativa, dominan los barrios y entablan luchas de poder con los miembros de las bandas de otros barrios. Incluso, dentro de un mismo barrio, existen bandas antagónicas que delimitan la zona de operación mediante métodos que trascienden lo simbólico.
Así comenzaron a operar las pandillas en Centroamérica y con el correr del tiempo comenzaron a ser coptados por los ex integrantes de ejércitos de elite, algunos guerrilleros y sicarios aislados.
Por tales motivos, el tema de las pandillas es complejo por el avance progresivo que muchos de sus miembros suelen tener. El vínculo con el crimen organizado termina siendo el destino inexorable de los pandilleros, ya que los delincuentes a gran escala buscan a sujetos de escaso capital cultural pero con ansias desmedidas de poder y control para llevar adelante delitos por los cuales ellos, no pondrían su vida en peligro.
Entonces, escindir a las pandillas de las maras no es sencillo. Sí en un primer momento. Cuando la diferenciación encuentra su explicación en los rasgos característicos de los chicos en banda que llevan adelante rituales de iniciación sexuales promiscuos; cometen un tráfico de droga a menor escala y llevan adelante homicidios, en la mayoría de los casos, culposos y en el contexto de un robo que no sale “bien” o en la puja por el barrio.
En cambio, las maras operan a gran escala. Se vinculan con el narcoterrorismo y tienen centros de operación en distintos países del mundo que se vinculan. Células grandes y medianas dedicadas al crimen organizado que trafican droga pero también sustanciosa información referente a los gobiernos de turno.
Ahora bien, los pandilleros proliferan poniendo en evidencia, una vez más, el colapso al que asiste la sociedad argentina. La descomposición social que la caracteriza y la llegada a nuestro país de una construcción de la subjetividad propia de las pandillas juveniles centroamericanas aún no devenidas en maras.
En su momento se habló de la primera clica de la Mara Salvatrucha en La Matanza que se cobró la vida de Eugenia Ledesma. Una chica de 22 años asesinada por un sujeto apodado “lágrima”. Palabra que en el mundo de las maras significa la cantidad de muertos con los que cada quien carga.
En Gorina (Provincia de Buenos Aires) existe la llamada "La banda del Guacho."
Según una nota del Diario El Día de ayer domingo, la misma está compuesta por no más de 15 miembros. Se aclara que su estructura nada tiene con la de las maras. Sin embargo, la potencialidad existe. Con lo cual, la necesidad de la toma de conciencia, debate y operatividad para combatirla no puede esperar. De lo contrario, la pandilla puede mutar a mara. De hecho, dentro de la misma nota, se marca la existencia de bandas que no tienen un origen familiar tan humilde como la del “Guacho” y que están vinculadas con importantes desarmaderos que operan en el Gran La Plata.
“El génesis de la banda del Guacho, por dar un ejemplo que es paradigmático, tuvo su inicio en una estructura familiar. Los primeros integrantes eran El Guacho y dos de sus hermanos, El Capu y El Oreja, los cuales se juntaban a su vez con algunos pibes que trabajan en las quintas de Gorina. Incluso durante un tiempo "la sociedad" -que vendía los ladrillos de marihuana y los distribuía en varios puntos de la zona norte- estuvo dirigida por el padre del Guacho, conocido en el barrio por su pasado como ex represor en la época de la dictadura y devenido en la democracia como "lanzallamas" en una comparsa de la periferia.”
Si pasamos a Rosario (Provincia de Santa Fe) el panorama dista de ser mejor.
Por un lado, “La Fabela” y por el otro, “Los Ninios Populares.” (Ver nota: Cerca del estallido)
Con estos nombres se presentan las pandillas rivales que van al choque constantemente. Estas bandas de adolescentes tienen como modalidad el manejo de internet para intercambiar amenazas. Por lo menos, así lo revela una nota publicada hace tiempo atrás en el Diario La Capital de Rosario.
Ambas pandillas estarían compuestas por chicos que asisten a la escuela pero que tienen formas de actuar, pensar y sentir violentas.
Entre pintadas, golpes y una competencia que tiene que ver con una rivalidad entre integrantes de colegios, estos chicos tienen como medio de expresión los avances de la tecnología. Es por ello que se manejan con computadores.
Desde blogs, fotologs y otros espacios acuerdan lugares de encuentro y elucubran venganzas.
Un estado de situación que pone en alerta a la sociedad rosarina y ejemplifica el crecimiento del embrión del cual siempre se habla.
Porque los integrantes de la fabela tienen como lema “LA FAVELA MANDA.” Y los otros, no se quedan atrás. Arremeten y buscan posicionarse en el lugar que ellos consideran superior, el del dominio.
En síntesis, aunque muchos lo nieguen, tanto las pandillas juveniles como las maras representan una amenaza para los países que las padecen y para los que poseen, como en caso de nuestro país, pandillas y un estado embrionario de maras.
En un artículo publicado por Terra España, un experto analiza el fenómeno y busca derribar la realidad que tanto las pandillas como las maras supieron construir.
El sujeto plantea que estos grupos no son una amenaza para la seguridad nacional de ningún país y agrega que su existencia puede ser funcional para que las autoridades ejerzan abusos contra los jóvenes. Para violar sus derechos humanos y civiles.
Sin duda alguna, Colef, el académico especializado busca desmitificar el estado de barbarie mediante un discurso acomodaticio que revierte toda una situación pero en su imaginario.
Una especie de Felipe Solá, Aníbal Fernández y Arslanian pero de los círculos académicos.
Ocurre, que cuando se hace mención a palabras como bandas, pandillas y maras, la relación inmediata es la de la violencia. Porque ya son sujetos estigmatizados y etiquetados socialmente. Etiquetamiento no caprichoso sino acorde a lo que cada uno de estos grupos ha demostrado en los países que habitan y buscan habitar.

Promesas de la nada

21 de noviembre de 2007

Arslanian, Scioli, Stornelli y la ignorancia del estado embrionario de maras.
Al tiempo que Jorge Julio López continúa desaparecido, Arslanian prosigue con el proceso de reacomodación de los hechos. Porque frente a la ausencia de noticias, una vez más, el Ministro intenta acomodarse.
Prepara el terreno para hablar de la eventual muerte del desaparecido. Algo que hasta hace unos meses atrás no hacía. Es más, sembraba esperanzas de vida.
Busca, a costa de negaciones y absurdas imprecisiones, sobrevolar a los venideros. Tantear los climas y dibujar, como si fuese una criatura de jardín de infantes, el paisaje de la Provincia de Buenos Aires.
Mostrar que abundan las sensaciones y escasea el drama.
Que todo lo malo que ha sucedido a lo largo de su inútil gestión no es más que una ficción. Una creación voluntaria de los bonaerenses para ofrecérsela a cualquier cineasta interesado en filmar el traspaso de la barbarie del campo a la ciudad.
Eso es lo que Arslanian intenta sembrar en la conciencia colectiva. Una conciencia que tiene memoria, ya que cotidianamente los hechos de violencia que nos envuelven impiden olvidar o reinventar lo que ayer sucedió.
No son aislados. Son concretos y violentos.
Operan en casi todo el país. Pero más, en aquellas zonas desbordadas por funcionarios abúlicos y retardatarios. Los cuales, con su falta de compromiso, segmentación de conocimiento y pensamiento autárquico, le dieron la bienvenida al crimen organizado.
A los grupos comando que toman por asalto a familias en medio de la noche.
El PBI de la República conformado por la Capital Federal, la Provincia de Buenos Aires, Rosario, Mendoza y Córdoba está en emergencia debido a la gestión de gobernantes que adolecen de capacidad práctica como consecuencia de su precariedad teórica. De la banalización de los temas y de la tendencia sostenida a considerar que la inseguridad es un estado de situación que emerge de la pobreza. Y con esa variable arman y adornan forzadas explicaciones de un fenómeno, que sin duda alguna, los excede.
A los que se van y a los que vienen. Estos últimos repiten religiosamente las mismas promesas de los que se van. La más previsible, sacar a los presos de las comisarías y trasladarlos a los centros penitenciarios. Empiezan, como siempre, de lo complejo a lo simple.
Como si no supiesen que para llevar adelante esa operación hay que reestructurar todas las unidades carcelarias. Ponerlas en condiciones, hacer la división correspondiente entre los presos, conforme a los delitos cometidos. Y por supuesto, acelerar el debido proceso. Esto es, dictaminar o no, una condena a todos aquellos individuos que están ocupando un lugar dentro de la cárcel sin haber sido juzgados aún.
La superpoblación, así como la complicidad que los delincuentes tienen con algunos de los guardias a cargo, hace que las cárceles no sean más que universidades del delito. Razón por la cual, los riesgos se incrementan.
Scioli, al igual que Stornelli, no tienen en cuenta todos los valores agregados que la delincuencia tiene en nuestro país. Pierden de vista, que el colapso es una situación que se ha dado en todas las esferas de la vida. A punto tal, de eclosionar.
Y el área de seguridad, es una de las más comprometidas.
La idea es correcta. No obstante, llevarla a la práctica requiere de una preparación. Se necesita de la creación de un espacio propicio para que los presos puedan ser trasladados. Entonces, mientras eso se prepara, hay que optimizar los recursos humanos disponibles.
No ser selectivos al momento de catalogar un delito.
Ahora bien, mientras en Guatemala la policía realiza allanamientos para buscar a integrantes de las maras, aquí, las autoridades gubernamentales no tienen en consideración el tema.
La presidente electa, por ejemplo, durante su campaña hizo referencia al fenómeno sin conocer el estado embrionario existente en Argentina.
Lo mencionó, como una problemática propia de los países Centroamericanos. No hubo atisbos de plantearse su arribo. La forma en la que paulatinamente, crece ese embrión.
Por ende, el problema se profundiza. Porque si todos los encargados de salvaguardar a los ciudadanos ignoran a las maras y creen en la inmunidad, estamos perdidos.
Como en otros países algunos grupos organizados están compuestos por ex integrantes de ejércitos de elite en combinación con pandilleros devenidos en maras; nuestra Nación puede experimentar el fenómeno con ex guerrilleros involucrados en el narcoterrorismo.
El análisis no es demencial. Solo condice con una lectura de hechos que demuestran que los excluidos no pueden organizarse en grupos comando.
No tienen, ni los recursos materiales y en algunos casos, la educación necesaria. Mucho menos, la que es específica para llevar adelante operaciones a gran escala.
“(…) el triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) es una de las regiones más violentas del mundo.” (Panactual.com) En éste triángulo maldito, en un primer momento, se creía que eran los marginales los causantes de la violencia.
Con el paso del tiempo y a través de exhaustivas investigaciones, el vínculo con los kaibiles y los zetas adquirió sentido.
Y si bien es cierto que los planes contra las maras han fracasado, la toma de conciencia y los hallazgos del vínculo antes mencionado, hacen que las soluciones y las promesas no estén basadas sobre la nada como en nuestro caso.
Una comparación poco afortunada pero ilustrativa, es la que se puede hacer con Honduras.
“Un total de 3.489 niños, adolescentes y jóvenes han sido ejecutados extrajudicialmente en Honduras entre 1998 y 2006. Pero la matanza continua con toda impunidad ante la incapacidad del Estado de investigar y castigar a los culpables, muchos de ellos con nexos en la institucionalidad” (Ibid.)
En ese país, a diferencia de Guatemala, El Salvador y México, hay mayor resistencia a creer que las maras dejaron de ser las pandillas provenientes del pauperismo. De ahí, la incapacidad del estado en materia resolutiva.
Lo mismo sucede en Argentina. Las muertes por droga y asesinatos en menores de edad crecen notablemente. Sin embargo, la impunidad, persiste.
Para Arslanian como una sensación basada en argumentaciones para salvar su imagen y enarbolado en la idea de la difamación hacia su persona. En el caso de Scioli y como estrategia funcional a las demandas sociales, la inseguridad existe, preocupa y altera el orden. No obstante, reitera propuestas incumplidas por los que terminan sus cargos y apela al deporte como forma de erradicar la violencia.
Nostalgias de sus años en la motonáutica que las traslada a un momento marcado por la descomposición y la crisis extrema. Todo, en el marco de su retórica evangelista no apta para personas temperamentales.

Ineptos de profesión

19 de noviembre de 2007

La inseguridad de la que todos hablan y de la que poco se entiende.
Los que se van. Y los que están por arribar; Macri y Scioli.
La modernidad
La modernidad no alcanzó para terminar con los miedos de la tradición. Sin lugar a duda, los profundizó y en este punto, la teoría de Bauman es fundamental para analizar lo que nos sucede.El mal y el miedo conforman una relación dialéctica. Hay miedo porque hay mal y hay mal porque hay miedo.En su libro “MIEDO LÍQUIDO”, Bauman expresa: “Es imposible encontrarse con uno sin encontrarse al mismo tiempo con el otro.” Ambos confluyen en Argentina. Se apoderan de los ciudadanos a la deriva en el marco de un sistema que no se sabe, a ciencia cierta, hacia dónde apunta. La Argentina de Hamlet se encuentra cubierta por los miedos de antes y los miedos de hoy. Un proceso acumulativo que parece no tener retorno. El mal nos desafía. Lo mismo que el miedo. Una conspiración que nos vulnera colectiva e individualmente. Porque en la modernidad todo lo estático se convirtió en líquido. Todo cambia permanentemente. Todo, menos los funcionarios retardatarios y la cultura de conflicto. Tampoco cambia la inseguridad. Al contrario. Se profundiza.
Se agiliza. Se mejora y sofistica en términos de tácticas y estrategias, ubicándonos como espectadores del paisaje de la violencia.
Instalación de Maras
Las maras funcionan como un instrumento mucho más que desestabilizador de las sociedades. Son una amenaza regional en crecimiento y expansión como consecuencia del colapso por el que atraviesa el continente americano en materia de seguridad.
Un estado de descomposición enmascarado con un discurso de evolución que se evidencia en las formas de actuar, pensar y sentir de los sujetos sujetados a la barbarie que les ha sido impuesta. Y que paulatinamente, baja hacia el sur por la tendencia sostenida al desconocimiento, la ignorancia voluntaria y el conocimiento segmentado. Aquel que impide hacer una lectura multidisciplinaría de la realidad político social para establecer un diagnóstico concreto que se ajuste al problema de la violencia que lejos está de ser una sensación como siempre planteó Arslanian.
Un Arslanian que por su ineficacia convirtió a la situación en dramática, más allá de que lo niegue, mediante un juego sucio de palabras propio de la astucia de su razón.
Un conflicto que tampoco mermará con los discursos de corte evangelista de Scioli. Quien, aparentemente, considera que las soluciones tienen su epicentro en el deporte. O a través de las declaraciones de gloria que Felipe Solá realiza en una propaganda lamentable en la que dice entregar una Provincia de pie. Declaración, que podría evaluarse como una expresión de deseo más que como un hecho concreto.
Al parecer, la Provincia de Buenos Aires está destinada al caos. A ser gobernada por ineptos que no pueden armar un equipo de trabajo funcional a las necesidades de sus habitantes.
Gobernantes que banalizan y parcializan los problemas huyendo de la responsabilidad que los ciudadanos le otorgaron al momento de emitir el voto.
Situaciones catalogadas como aisladas que siempre dejan como un saldo, por lo menos, a un muerto.
Consultas a supuestos especialistas extranjeros para tratar el tema de la inseguridad. No obstante, en la práctica, no hay atisbos de coherencia. Porque si bien la inseguridad es una variable continental, cada país tiene sus propias características. Es decir, existe un problema colectivo que tiene sus particularidades de acuerdo al país en cuestión. Eso se debe a los usos y costumbres. A la construcción de la subjetividad y por supuesto, a los niveles de desarrollo.
A la riqueza del país y a los alcances del narcotráfico.
La argentina del narcotráfico
En el caso de Argentina, de un tiempo a esta parte, el narcotráfico ha cobrado un papel fundamental dentro del crimen organizado. Papel que permitió que hoy, trágicamente, se tenga que hablar de un estado embrionario de maras.
En este sentido, la relación con Venezuela es central para comprender más acabadamente la ruta que los abúlicos gobiernos ignoran, contribuyendo a la opacidad social que forma parte de nuestra cotidianeidad.
Venezuela, con el gobierno de Kirchner y bajo la demencia de los aires revolucionarios, se transformó en nuestro principal brazo dentro del continente, creando un espacio propicio para el asentamiento de grupos armados que luchan por el dominio del narco.
La ruta se presenta de la siguiente manera: Parte de la droga que hay en Venezuela se dirige hacia Europa o baja a Brasil. No obstante, Argentina no se encuentra al margen de esta ruta, ya que el norte del país es un espacio propicio para la formación de grupos de alta peligrosidad del estilo de maras.
La provincia de Santiago del Estero, a pesar de la tranquilidad que la caracteriza, es una de las más peligrosas. Gran parte de la droga que llega del exterior desembarca allí. Y luego se distribuye por el país hasta llegar al Conurbano Bonaerense.
Un camino de norte a sur que se puede llevar adelante gracias a sospechosas distracciones. A la liberación de zonas.
A la complicidad de quienes deberían combatir el narco. Los vehículos circulan del mismo modo que circula la marihuana, la cocaína y el paco.
Ahora bien, la Capital Federal no es la excepción.
Ineptos de profesión
Mientras Macri critica al gobierno Nacional y “lucha” por el traspaso de la policía, su plan contra la inseguridad es tan inconsistente como el de Scioli.
Lejos de tener un discurso claro, desde que fue electo Jefe de Gobierno Porteño, Macri tuvo un notable descenso en su imagen.
Absolutamente perdido en el campo político, sus ideas adolecen de sustento práctico. Siempre tiene que salir Michetti a cubrir los gravísimos vacíos argumentativos que posee.
Se refiere a la inseguridad con un vocabulario propio de adolescentes. De joven que asiste al colegio y mira con distancia una situación que tampoco sabe como resolverla.
En materia de seguridad, Macri y Scioli no hacen uno. Al tiempo que el primero les pide ayuda y paciencia a los habitantes de la Capital Federal, el segundo hace lo mismo con los bonaerenses. Así es como el círculo vicioso de las veleidades de todos los ineptos de profesión persiste.
Entonces, desde la oposición que asumirá en la Ciudad y desde el oficialismo que lo hará en Provincia, la lucha contra el crimen organizado no podrá darse debidamente, puesto que no hay conciencia de la potencialidad de las maras y tampoco comprensión acerca de que la inseguridad no es cosa solo de excluidos.

Vendedor de simulacros

14 de noviembre de 2007

León Arslanian y la insoportable negación de la realidad insegura que nos cobija.
Más Scioli, quien está por llegar.
El mandato y la patología
Frente a la demencial negación de los hechos intencionalmente convertidos en sensaciones, Arslanian termina su mandato en medio de un caos de violencia que profundiza la crisis de seguridad y agudiza el quiebre del tejido social.
Porque aunque diga que el estado de situación de la Provincia de Buenos Aires no es dramático, la realidad demuestra todo lo contrario.
Una realidad que es única y no inventada y estimulada como deja entrever en una muy buena entrevista que el periodista Jorge Fontevecchia le realizó para el diario Perfil del pasado domingo.
En esa misma nota y ante una pregunta referente al destino de aquellos policías que fueron apartados de la fuerza y su vínculo con el delito, Arslanian dijo; “Está claro que no es así, porque la experiencia nos muestra que de la cantidad de hechos que se vienen sucediendo, es ínfima la participación de personal sacado de la fuerza.”
Una afirmación errónea que responde a su tendencia sostenida a la patológica deformación del panorama callejero de la Provincia.
Un vendedor de ilusiones y simulacros que atravesó su mandato en medio de escándalos y un vertiginoso crecimiento de la inseguridad. Con lo cual, se pone de manifiesto su incapacidad en materia de gestión y la falta de criterio al momento de utilizar los recursos humanos disponibles. Además, claro está, del desconocimiento sobre problemáticas que nacieron en otros países del continente y que paulatinamente comenzaron a resonar en nuestro país, dejando de ser fenómenos alejados para convertirse, en el caso de las maras, en un estado embrionario.
Porque recordemos que los miembros de la policía bonaerense depuestos de sus cargos ya estaban sumariados. No fue un trabajo que hizo Arslanian.
Él, simplemente, los sacó de sus cargos. Lo cual no es un dato menor y es lo que lo lleva a no reconocer que no son una minoría los apartados vinculados al crimen organizado que también se empeña en ignorar.
Sucede, que si reconociera el mal manejo en el funcionamiento de la fuerza, no podría seguir culpando a los excluidos de la inseguridad. Esto significaría, exponer su herramienta de batalla al inminente desvanecimiento.
Los pobres, dejarían de serle funcionales a sus elementales respuestas.
El hartazgo de la oposición
Otra de sus características es su precariedad discursiva basada en respuestas evasivas y constantes manifestaciones de hartazgo contra Blumberg.
Blumberg, un extraño sujeto erigido como líder social luego del asesinato de su hijo que fue perdiendo legitimidad por razones que trascienden su carencia de título de ingeniero. Cuestiones que tienen que ver, en gran medida, con una atroz carencia de elementos políticos sustentables para ser gobernador de un territorio tan grande y conflictivo en todas sus esferas.
No obstante, la negativa de Blumberg contra Arslanian no es caprichosa. Es controvertida y traspasa los límites de ambos.
Tanto es así, que por estos días declaró que el ministro debería visitar un psiquiatra.
Es decir, Blumberg es una pieza más dentro del tablero de la oposición que agota la paciencia de un Arslanian que sobrestimó sus capacidades cuando intentó arrojar algo de luz a la desaparición de Jorge Julio López en el programa de Mirtha Legrand.
El tercer pasajero
En el largo camino de las incoherencias, la sociedad argentina puede encontrarse con cualquier cosa. A punto tal, de someterse a las torpezas y a los desequilibrios que produce la ansiedad por el poder; la gloria de los cargos obtenidos y por obtener.
Hombres y mujeres en una disputa por un poder que les resulta injusto porque no les pertenece. Ilimitados al momento de conseguirlo, utilizan todo tipo de estrategias. Hasta las más bajas. Se valen, si es necesario, del no saber de los que no leyeron a ciertos autores muy renombrados pero que al mismo tiempo pertenecen a círculos más intelectuales.
De ese modo, se dedican a deformar teorías.
Los primeros pasajeros reconocidos en el blog, Alberto Rodríguez Saá y Elisa Carrió.
Hoy, se suma el tercer pasajero al tren de la errática divulgación. León Arslanian.
Mientras el primero se dedicó a difundir la mala interpretación de Noam Chomsky, la segunda, impartió la distorsión del pacto social y los escritos de Hannah Arendt.
Sin embargo, a este tren le faltaba otro vagón. Y quien ahora lo ocupa es el ministro.
Un ministro que deteriora horriblemente aquella tradicional pero ya inconsistente lucha de clases tratada por Marx y Gramsci en sus respectivos momentos.
Lucha de clases que hoy se traduce con más precisión en antagonismos.
Ahora bien, en su imaginario, Arslanian traslada esa lucha a la Provincia que contribuyó a destrozar. Entonces, considera, extrañamente, que “en la violencia hay una lucha de clases entre excluidos y no excluidos.”
Una contradicción notoria y una incoherencia relevante si se realiza una lectura en profundidad de su discurso. Es decir, en reiteradas oportunidades Arslanian dijo que la pobreza es la causal de la inseguridad. Estimó que en los barrios cerrados y countrys los episodios de violencia sucedidos fueron aislados.
En rasgos generales, se dedicó durante su gestión a subestimar a todas las clases sociales. A algunas, desestimando sus denuncias y a otras, haciéndolas responsables de la barbarie que nos envuelve.
El juego de las palabras
En la misma entrevista realizada por Jorge Fontevecchia, Arslanian llevó adelante un juego de palabras que podría calificarse como inteligente, haciéndole honor a la astucia de su razón. No obstante, la mezcla ilimitada de demasiados términos cuantitativos y cualitativos tiene como destino inexorable, la caducidad de la idea.
“La pobreza nunca puede ser fuente de delito. La inequidad es un problema generador de violencia (…)”
Una frase que no condice con anteriores declaraciones de esta misma persona.
La explicación de la tragedia que nos azota termina siendo, otra vez, una contradicción, dado que a pesar de las distinciones que puedan hacerse, la pobreza siempre genera exclusión, dado que por falta de recursos no se puede acceder a lo que otras personas no excluidas acceden.
Inequidad que produce exclusión.
Tres lados de un triángulo utilizado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para crear absurdas confusiones. Inequidad, pobreza y exclusión ubicadas en cada uno de sus vértices.
El que viene; Scioli
Ellos se irán. Solá y Arslanian. Llegará Scioli, el deportista devenido en político acomodaticio.
La herencia es una provincia colapsada en todas sus esferas. Independientemente que en la gloria de la soberbia, Solá diga que entrega un provincia de pie.
A sus habitantes, la situación que más les preocupa es la de la inseguridad. Aquella que los ha convertido en desamparados y olvidados.
Rehenes de quienes manejaron durante años los hilos del poder en el avasallador territorio.
El gobernador electo que asumirá el 10 de diciembre, calificado por Arslanian como un sujeto trabajador, deberá exponer en la acción todo lo que expresó en la retórica. Tendrá que poner a prueba ese “vasto conocimiento” del cual se jacta. Y como acertadamente dijo el ministro que se va: “en la cancha se ven los pingos.”
Durante toda su campaña, Scioli intentó ser el mejor alumno de Cristina. Empeñado en crear un clima de extrema armonía evangelista, sus discursos versaron entre proyectos y adulaciones a la hoy electa presidente.
En un momento pareció diferenciarse de Arslanian al decir que son los pobres los que reclaman mayor seguridad pero horas después, retomó la línea de pensamiento de la contradicción con un análisis cargado de veleidades y monotonía.
Los pobres se convirtieron nuevamente en instrumentos de la banalización de los problemas.
Scioli les pide ayuda a los bonaerenses para combatir a los delincuentes, exponiéndolos más de lo que ya de por sí están. Ocurre, que el problema de la inseguridad ha recibido un trato reduccionista y autárquico.
Así fue como la debacle se aceleró. Y el ahora gobernador electo no parece tener la suficiente conciencia del estado de situación, puesto que en ninguna oportunidad realizó un análisis en profundidad sobre el narcoterrorismo.
Superador del paco, los pobres y los delitos comunes.
Narcoterrorismo es, delito a gran escala. Organizado en tácticas y estrategias que requiere de preparación específica de los funcionarios a cargo. Porque a los narcoterroristas no se los combate con la educación y el estímulo en el deporte como plantea el mejor alumno para erradicar la inseguridad.
Los narco, no son pandillas o bandas. Tampoco punteros que ponen en juego su vida para vender paco o marihuana.
En su mayoría, no son emergentes de la marginalidad. Razón por la cual, conocen el manejo básico de los modos de operación de la policía. Saben sus fisuras y apoyan la patética inocencia del que asumirá, como sinónimo de un camino que sigue estando abierto para el deporte que mejor saben practicar, el del crimen organizado.
Entonces, mientras Arslanian se encargó de vender simulacros, Scioli, antes de asumir, se encarga de vender, por su aparente incapacidad en el tema, prosperidad a los delincuentes.

La cobertura de las maras

6 de noviembre de 2007

La ampliación y propagación de un problema a gran escala.
A pesar de la indiferencia que las autoridades gubernamentales argentinas demuestran ante el fenómeno de las maras en Centroamérica, el problema existe, se expande y profundiza.
El estado de alerta y emergencia en el que se encuentran los distintos países del continente da cuenta de que las posibles soluciones planteadas y planes de mano dura no tuvieron el efecto positivo esperado.
Por el contrario, los chicos que trascendieron las bandas para convertirse en mareros que trabajan al unísono con los ex integrantes de ejércitos de elite, se han ido sofisticando en sus tácticas y estrategias alejándose de aquellos rasgos estéticos distintivos que los convertían en blancos de fácil captura por los encargados de mantener el orden.
Se alejaron de los barrios para luchar ahora, muchos de ellos, por el monopolio de las fronteras. Porque controlar las fronteras significa manejar los hilos del poder del narcotráfico.
Son jóvenes alineados por ex kaibiles y zetas pero también, son estos mismos los encargados de modificar la paz de las naciones. Ellos encontraron en las agrupaciones de maras un espacio de encuentro y violencia mucho más redituable que el ejército mismo.
Dejaron de salvaguardar a los ciudadanos para convertirse en verdugos y coptadores de menores de fácil manejo como consecuencia de la inexperiencia y las ansias de ascenso. De reconocimiento social. Un reconocimiento que los etiqueta como delincuentes de alta peligrosidad.
Estigmatizados voluntariamente, los integrantes del crimen organizado no piensan en el bien común de los ciudadanos. E independientemente de que la lucha no sea contra ellos sino entre ellos, es decir, entre las distintas organizaciones narcoterroristas, todos los individuos encuentran comprometida su seguridad. Aquella que está en jaque y que pone de manifiesto la fractura del tejido social.
Países enteros bajo un estado de barbarie que se creía propio del campo terminó copando los grandes centros urbanos, ya que una vez que la droga pasa las fronteras se distribuye en el interior. Y en ese interior se liberan luchas armadas que tienen como protagonistas a los compradores y a lo que podría darse en llamar, el lumpen de una mara. Los chicos que recién ingresan y que se les asigna como tarea la distribución de la cocaína u otra sustancia en las ciudades.
Jerarquías en forma piramidal revelan que serán los “punteros” y no los pesos pesados del narco los que se arriesgarán a vender la droga a particulares. Para eso están los principiantes. Porque la vida de estos últimos poco les importa a los que se encuentra en la punta de la pirámide de narcodementes.
Las elecciones en Guatemala, por ejemplo, abren un nuevo panorama político social que busca erradicar a estas agrupaciones a través de medidas distintas a las planteadas por Pérez.
“Pérez ofreció ‘mano dura', para contrarrestar la violencia, que se cobra miles de vidas cada año. Colom prometió reducir la pobreza como manera de quitar insumos a las maras y al narcotráfico. Guatemala es uno de los países más pobres del continente. El 72% de sus casi 13 millones de habitantes se halla en esa categoría.” (Diario El Deber)
Ahora bien, además del narcotráfico, las maras se dedican al tráfico de personas y a robos complejos. Sus actividades son múltiples y sus objetivos variados.
Ningún país que se precie de serio puede obviar este problema, puesto que hasta en el primer mundo hay células de Maras. España es uno de esos lugares. Latin King y Ñetas comenzaron siendo agrupaciones de chicos rebeldes enfrentados.
Actualmente, algunos de ellos se alejaron para alinearse con grupos terroristas internacionales del estilo de Al Qaeda y ETA.
Los instintos negativos de superación son una constante en los chicos que comienzan a ingresar en el mundo de la calle. Algunos, hasta se preservan del consumo de estupefacientes para tener la mente más clara y poder dirigir su mirada hacia el lugar que más les conviene.
En cambio, los menos ambiciosos y verdaderamente emergentes de la marginalidad, se juegan la vida en la comisión de delitos comunes y se hunden en el paco o la marihuana. Como sucede en nuestro país, Argentina.
Aquí, el auge del paco es atroz. Se lo relaciona con la exclusión social por sus bajos costos aunque se ha comprobado su consumo en otros estratos sociales.
Indiscriminadamente adictivo y mucho más letal que otras drogas, el paco devora generaciones de chicos en banda que no encuentran un espacio en el que se sientan a gusto.
En algunos casos el problema es genético. Vinculado a una predisposición a las adicciones y a la vagancia. En otros, es producto de la descomposición social a la que se asiste. Razón por la cual, reducir el tema a una causa u otra es banalizar el problema.
Es lo que sucede en la Provincia de Buenos Aires. Se culpabiliza a los pobres de la inseguridad cuando al mismo tiempo se dice que el nivel de pobreza disminuyó notablemente.
Pero si los índices de pobreza son más bajos, cómo explicar que la inseguridad es cada vez mayor y sofisticada y armada.
La respuesta se encuentra en el eclecticismo. En la variedad de casos de violencia que versan entre lo simple y lo complejo. Casos que dan cuenta que nuestro país, bajo ningún punto de vista, está inmunizado del peligroso síndrome de las maras. Más allá de la negación y el desconocimiento voluntario sobre el estado embrionario que nos envuelve y que encontró a su primera víctima en el partido de La Matanza.
Allí, una pequeña célula de la Mara Salvatrucha entró en acción, encargándose de dejar señales de su paso.
Un hecho que es mucho más que un aviso. Que una sensación.
Es una realidad que tiene conexión con otros países limítrofes. Países también comprometidos en su seguridad e insertos en un círculo siniestro y de cobertura que sigilosamente las maras han construido.
Desde las cárceles, las calles y las fronteras, se gesta un sistema de narcoinformación contundente y artesanal. Aquel que configura el panorama de un continente de crecimiento positivo dudoso en materia de seguridad, inclusión social y exterminio del crimen organizado.

Síndrome de Funes

2 de noviembre de 2007

Frente a la opacidad de la derrota, algunos integrantes de la caricatura de Potrero de Funes apelan al fraude.
Varieté de lo que dejaron las elecciones.
Varieté
La campaña electoral se caracterizó, fundamentalmente, por sus incoherencias.
Los candidatos llevaron adelante un tour mediático en el que sobresalían las críticas y no las propuestas. En algunos casos porque no las tenían y en otros, porque no sabían explicarlas como consecuencia de la segmentación del conocimiento.
Un panorama político que se veía con mayor claridad entre los candidatos a gobernador por la Provincia de Buenos Aires. Quienes estaban en una especie de panóptico custodiado por una mirada social cansada y aterrada por la inseguridad que los azota. Bonaerenses sometidos a los improperios y a las tristes definiciones de sensación que siempre supo brindar Arslanian. Con esta actitud y ante la negación de otros ministros, la violencia se fue propagando para copar todas las esferas de la vida poniendo en peligro, aún más, el orden social.
El auge del narcotráfico y el estado embrionario de maras que encontró su principal antesala en la Matanza, son dos preocupaciones que se atendieron y atienden con parcialidad, dado que, por un lado, solo se habla de la relación del paco con la pobreza y por el otro, se desconoce jactanciosamente la propagación de las maras en el continente.
Como si nuestro país, estuviese inmunizado a padecer dicha problemática.
Finalmente, el gobernador electo fue el lumpen de la política argentina. El que se ha encargado de acomodarse en todos los gobiernos. Scioli, el alumno que quiso rendir el mejor examen delante de la presidente electa.
Meses que versaron, desde el oficialismo, entre discursos en los que se notaban las carencias y algunos histrionismos vinculados a la demagogia.
A la funcionalidad de las falsas promesas para coptar votos.
Fallo, como el de Von Wernich, programado en fecha.
Alianzas y distanciamientos en medio de la campaña a cargo de un Mauricio Macri absolutamente perdido en el campo político. Así lo demuestran sus contradicciones y sus apoyaturas maleables. Como la que lastimosamente le otorgó a López Murphy.
Que sí, que no, que sí, que no, que sí, fue la infantil, al mismo tiempo que perjudicial forma que encontró el jefe de gobierno electo al momento de dar su respaldo.
Pero como no todo está perdido, existió un abanico de políticos preparados y de carrera. El problema, fue que tuvieron que soportar el ninguneo de una porción insegura de la oposición. La cual se dedicó a banalizar los temas sumidos en nostálgicas estructuras de sentimiento.
Síndrome de Funes
Luego de los comicios del pasado 28 varias cosas quedaron a la vista de la sociedad argentina. Pero hay un hecho particular que merece su exclusiva lectura.
Tal como se sostuvo en el blog, Alberto Rodríguez Saá realizó la campaña presidencial envuelto en una gloria demencial de auto ubicación en el sillón de Rivadavia y sostenido en el “oasis” de San Luis.
Desgastó el pensamiento de Noam Chomsky hasta el final, conduciéndolo por el camino de la degradación de la teoría. Fue a cuanto programa de televisión pudo, exhibió su vida íntima como instrumento de campaña y hasta utilizó a su propia madre en un intento epistolar que buscaba movilizar almas aún desorientadas.
La carta a Teté podría considerarse el epílogo de una serie de incoherencias y desaciertos que tuvo su punto final pasadas las 22 horas del fatídico día clave en el cual se desmoronaban los deseos y sueños que, como buen artista, supo esculpir en su mente.
Porque el hijo de Teté así como quienes lo acompañaban, terminaron por creerse sus propios armados laberínticos, enroscados. Entonces, nada mejor que apelar al fraude para denostar, no solo a la primera, sino también a la segunda y por qué no, al tercero.
Solo ganó con amplia mayoría en San Luis y con el 85% de los votos. Con lo cual se evidencia que a los argentinos no les interesa recrear una nación puntana.
Ahora bien, como no podía decir que había ballotage y de haber habido, que ellos estaban dentro, se enarboló en la futurología del fraude. Aquel que venía anunciando iba a suceder. Lo mismo hizo el misionero Ramón Puerta en su natal Misiones.
Puerta, quien se presentó como candidato a gobernador por su provincia, sobrestimó sus capacidades y adhesiones como el señor que apela a las sensibilidades y creyó que ganaría o que al menos, obtendría el segundo lugar. Lo cierto es, que quedó tercero. Y ante eso, nada mejor que pedir abrir las urnas, manifestando la falta de transparencia. Para el señor misionero, también hubo fraude.
Ambos, Albert y Ramon, evidencian ser portadores del síndrome de Funes. Síndrome contraído en la “Cumbre” del peronismo disidente realizada hace tiempo en Potrero de Funes.
Consiste, este mal, en impedirle al cerebro almacenar cualquier otro tipo de información que no sea la de fraude y verdaderos peronistas.
Fraude, para justificar sus falencias. Para no asumir que a estas alturas, el peronismo del escudo, no le importa a nadie. Y no recuperará la debida importancia si los que se dicen sus representantes adoptan posturas que solo confunden a una ciudadanía ya bastante confundida.
“Cuestión de peso”
En esta campaña en la que la mayoría se consagraba ganador, el tema de las tentaciones y la ansiedad tiene su lugar.
Si no fuese porque la señora electa como presidente no hiciese sus cotidianas caminatas y correspondientes ejercicios, tal vez hubiese corrido la misma suerte de otros candidatos. Pero su coquetería pudo más.
Mientras desconocía los problemas étnicos y culturales por los que atraviesan nuestras culturas originarias, continuaba con sus rutinas estéticas. Además de con una estricta dieta.
En cambio, la suerte de Elisa Carrió, Jorge Macri y Héctor Maya fue otra.
Mientras la primera comenzó a volverse más potente en una recuperación de kilos perdidos, quizás por mera ansiedad, Jorge Macri continuó con su tendencia sostenida al aumento de volumen y el domingo por la noche se lo pudo ver en su bunker con unos interesantes flotadores. Porque Macri primo y De Narváez no fueron los elegidos para gobernar la barbarie de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, con los flotadores pronunciados que el señor del PRO adquirió, ambos podrían hacer una recorrida marítima para colaborar, como dijeron, con la gestión del alumno electo Scioli.
Hacer, un par de brazadas, en un día en el que mar esté bravo para poner a prueba la fortaleza de lo acumulado durante estos meses.
Por otra parte, tenemos a Héctor Maya, vicepresidente del portador del síndrome de Funes con contagio parcial del mismo.
Con el chip de San Luis, éste entrerriano transitó la campaña adorando a su presidente. Creó, al igual que Puerta en lo de Mirtha Legrand, un clima idílico con el puntano.
Y tal como a veces sucede, con el renacer de la admiración, emerge pues, la pasión por lo dulce. Por lo calórico. Y las consecuencias se encuentran en las voluptuosas panzas que nunca dejan de ser simpáticas y las mejillas más hinchadas que de costumbre.
Pero a no preocuparse. Todo tiene una solución. Si lo desean, todos podrán encontrar la misma en el programa de Andrea Politti que se emite por Canal 13. “Cuestión de Peso” y bajo el control del excelso Doctor Alberto Cormillot.
Porque si algo más quedó de la campaña y las posteriores elecciones, fueron los resabios de los postres.
 
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