"El monopolio de la plaza"

27 de agosto de 2006


D’ Elia y otros demonios
En la Argentina de nuestros tiempos, las bajezas humanas no tienen límites. Tal vez sean una profundización de las de siempre, pero lo cierto es, que de un tiempo a esta parte, el descontrol social y las disputas por los espacios, se han vuelto un problema cotidiano.
La controversia social que genera la figura del ingeniero Blumberg es indiscutida.
Lo mismo que los frentes que se organizan para contrarrestar su poder de convocatoria.
Desde el gobierno, al igual que desde algunos sectores de la sociedad, en el que pueden incluirse también, periodistas e intelectuales, se reprocha la marcha del 31 de agosto.
No se la desea porque se cree que la misma es la antesala de la candidatura de Blumberg a Gobernador por la Provincia de Buenos Aires.
Su accionar, suele ser confundido con el de algunos padres de las víctimas de Cromañon.
Blumberg cuestiona el orden social y lucha contra la inseguridad sobre la base de las ideas y el dolor. Creó la Fundación Axel, a la cual, todos pueden acercarse, sea para colaborar o denunciar.
Catalogarlo de selectivo es no conocer el movimiento de la Fundación y no entender que su lucha, ha dejado de ser personal.
Decir que por su posición económica le es indiferente la inseguridad que padecen los sectores más bajos de la sociedad, es no saber como continuar ensuciándolo. Criticarlo por recibir el apoyo de periodistas como Grondona y Neustadt; o de políticos como López Murphy, no tiene sentido alguno, ya que al mismo tiempo, recibe el apoyo de Castells. A quien precisamente, ahora, no se lo tildará de fascista.
Por eso, el boicot desde el gobierno, es lamentable.
Lo mismo que los reproches insólitos de ciertos fragmentos de la oposición. Como es el caso de la señora Elisa Carrió.
Quien se despojó de su inmenso crucifijo; mejoró su aspecto estético y de aseo pero continuó en el camino de la deformación de la teoría de la filósofa Hannah Arendt.
De haber entendido la teoría, la señora Carrió, no incurriría en errores fatales e invocaría a los autoritarismos de manera pueril.
Aquí, lo cierto es, que quieren tomar distancia de Blumberg porque lo consideran un monstruo que quiere bajar caprichosamente la edad de imputabilidad del menor.
Banalizan el pensamiento y segmentan el conocimiento. Razón por la cual, se atreven a decir que la plaza no es de quienes se esconden y reivindican el terrorismo de Estado.
Para ellos, la contramarcha es de la vida y la esperanza. Como supo decir D’ Elia.
Y aunque les pese, la de Blumberg, no dista de ser igual.
Si no, la vela encendida como símbolo de la vida no tendría sentido alguno.
D’ Elia, es un piquetero que devino extrañamente en funcionario kirchnerista.
Y Carrió, por si acaso, siempre, es contra hegemónica.
El piquetero declaró que la Plaza de Mayo solo es de las madres y las abuelas. Con ello, ninguneó a todo el resto de los soberanos. Cierra las puertas de la manifestación.
Desconoce al resto de los ciudadanos como integrantes de la sociedad.
D’ Elia, con su declaración incoherente, corta la libertad de expresión.
Una libertad, propia de los gobiernos democráticos e impropia para los gobiernos fascistas.
Entonces, si Blumberg es fascista, ya que según el piquetero político lucra con la muerte de su hijo para ser candidato, él ¿qué es?
¿Cómo se califica a un funcionario público que corta con una tijera el alambrado de un predio cerrado?
Si la marcha no se lleva adelante, se sentará un precedente que indicará, de manera implícita, que tampoco podrán acceder a la plaza, los mismos piqueteros y diversas agrupaciones políticas. Porque ellos, no son ni madres ni abuelas del dolor.
D’ Elia quedó hundido en el mar de sus declaraciones.
Siguiendo su absurda línea de “pensamiento” y sin quitarle valor a la labor de las madres y las abuelas, puede deducirse que los espacios públicos pueden ser monopolizados.
Así, la estación Avellaneda podría ser propiedad de los padres y familiares de los allí asesinados Kosteky y Santillán. Avenida Cabildo y José Hernández ser una vereda privada de los padres del chico asesinado Marcenac y así, sucesivamente.
D’ Elia demuestra ser un personaje impresentable de éste gobierno.
Su capital cultural es benévolamente paupérrimo y su vocabulario no sobrepasa el diez por ciento de un diccionario básico.
Claro está que utiliza frases aprendidas como lucha de clases, memoria social y palabras tales como fascismo, dictador, etc. Con ellas, cree ser más progre.
Teorías y palabras carentes de sentido, debido a su elemental falta de agiornamiento.
Aunque propias del básico saber de un piquetero deseoso por acumular poder bajo el discurso de protección a los pobres.
La contramarcha con la que amenaza y el intento de monopolizar la plaza, representan un acto de abuso. Acto que demuestra, una vez más, que la regla, es el abuso.
Ocurre que D’ Elia no considera que su accionar sea abusivo. Al contrario.
Esto se debe a que el poder, dejó de ser injusto. Ahora, le pertenece.
Hoy, la Argentina, se ha vuelto habitué de lugares comunes.
Quienes no acuerdan en nada con el gobierno, son fascistas.
Quienes discrepan solamente en algunas cuestiones, son vistos como simples opositores por deporte. Nada peligrosos.
Blumberg, en cambio, es un fascista que realiza apología del terrorismo.
Por supuesto, según la mirada del subsecretario de Tierra y Vivienda.
Y los piqueteros que se tapan los rostros y se manifiestan con palos ¿qué son?
Indudablemente, vivimos en la Argentina del abuso.
Se abusa del poder, de la palabra y se obstruyen los derechos.
Para gran parte de los funcionarios del gobierno de Néstor Kirchner, periodistas opositores, al igual que ciudadanos y algunos políticos de la oposición, son fascistas.
Y vale realizar la salvedad, puesto que no todos los funcionarios padecen de la misma debilidad mental. Todos, no son demonios.
Sin embargo, mientras se gestan alianzas y el delito condiciona las formas de actuar y vivir de los individuos, como buen ignorante, D’ Elia, se jacta de su desconocimiento constitucional.
Por lo tanto y como consecuencia de las notas que se han escrito en el blog sobre el tema, la frase de Bertolt Brecht, refleja, en cierto modo, la triste realidad y el manejo de los hilos sociales del poder.
“(…)Y sin embargo les rogamos: Consideren extraño lo que no lo es. Tomen por inexplicable lo habitual. Siéntanse perplejos ante lo cotidiano. Traten de hallar un remedio contra el abuso. Pero no olviden que la regla es el abuso.” (La excepción y la regla)

Alberto Fernández y Blumberg

22 de agosto de 2006


El abuso de la palabra desde el poder
Desde el gobierno y ciertos sectores de la sociedad, los comentarios hacia la persona del ingeniero Juan Carlos Blumberg suelen ser desafortunados.
Lo mismo que las opiniones sobre las marchas organizadas y propuestas planteadas.
Se lo tiende a tildar de fascistas.
Pero ¿Qué entiende por fascismo la sociedad argentina del siglo XXI?
La palabra fascista ha perdido su verdadero significado para pasar a ser un lugar común utilizado por ciertas personas para descalificar a todas aquellas otras, que se encuentran a favor de la reducción de la edad de imputabilidad y la pena de muerte a los violadores.
Además de otras cuestiones que favorecen al control del orden social e impiden continuar por el camino de la anomia.
El verdadero fascismo, en cambio, remite a una ideología, movimientos o partidos políticos y regímenes políticos. En ellos se conquistó o participó del poder.
Es una forma de totalitarismo del siglo XX que brega por la estricta reglamentación de la existencia nacional e individual de acuerdo con ideales nacionalistas y a menudo, militaristas.
Según los modos del fascismo, los intereses contrapuestos se resuelven mediante la total subordinación al servicio del Estado y una lealtad incondicional a su líder.
Basa sus ideas y formas en el conservadurismo extremo.
Junto al nacional socialismo, el fascismo, conforma modelos autoritarios de gobierno.
Se lo asocia a la violencia, el terror de Estado y la quiebra de las democracias. Por lo cual, es mal visto y se lo ha vinculado a movimientos que nada tienen que ver con él.
Un ejemplo fascista, ha sido Benito Mussolini.
Creador del fascismo, llevó a Italia a la lamentable participación en la II Guerra Mundial.
En marzo del años 1919 y en Milán de la posguerra, fundó los Fascios Italianos de Combate.
Un movimiento de carácter nacionalista, antiliberal y anti socialista que terminó por
conseguir el apoyo de amplias capas de la sociedad al defender determinadas exigencias obreras, como la jornada laboral de ocho horas.
Entonces con todo lo expuesto, si se considera a Blumberg fascista, por extensión, todos aquellos ciudadanos que participan y participaron de sus marchas, son fascistas y reunidos, conforman un movimiento fascista contra la inseguridad.
Lo mismo sucede con las personas que lo apoyan sin asistir por tal o cuál razón a las marchas.
Blumberg responde a la sociedad que reclama seguridad.
Que desea vivir en paz, lo cual, no significa pretender el paraíso.
Representa a todos aquellos que no tienen la posibilidad de presentarse en los medios a contar su historia.
Sus marchas no son contra los inocentes.
Tampoco para boicotear al gobierno.
Son por la seguridad.
Contra la inseguridad y en detrimento de los delincuentes.
Marchas que recuerdan a las víctimas y alertan.
Con una vela encendida que simboliza la vida y recuerda a los muertos, “el fascista” convoca a la toma de conciencia.
Los testimonios que se recogen en estas marchas sociales reflejan que los victimarios tienen más garantías que las víctimas, otorgándoles piedra libre para el delito.
Victimarios, que versan entre mayores y menores.
Estos últimos, especuladores de su condición y junto a algunos padres despiadados, cometen ilícitos, ya que el crimen no tiene castigo.
Ahora bien, responsabilizar a Blumberg -como lo hizo el Jefe de Gabinete Alberto Fernández- sobre la seguridad durante la marcha a realizarse el 31 de agosto, es un abuso de la palabra.
Un abuso verbal desde el poder que no hace más que confirmar que Blumberg representa, para gran parte del gobierno, temor. El temor a que se descorra el velo con el que viven algunos argentinos que creen que la inseguridad es la de siempre. Que no ha aumentado.
Bajo esa lógica, la marcha sí es contra del gobierno.
Las declaraciones de Fernández fueron totalmente desafortunadas. Tales como lo fueron las de Arslanian y Aníbal Fernández en su momento.
Su lectura entrelíneas permite disparar el pensamiento. Como sospechar que cualquier situación extraña que atente contra la pasividad de la convocatoria, pueda estar digitada desde arriba. La seguridad, en cualquier país del mundo, debe garantizarla el estado. No un ciudadano común. ¿No le parece señor Alberto Fernández?
Por lo tanto, querer amedrentar a Blumberg con esa frase y atemorizar a los individuos para que no concurran a la marcha frente a la posibilidad de posibles desmanes, es un acto de bajeza.
Impropio, para un integrante de un gobierno progresista que lucha por el cumplimiento de los derechos humanos.

Guerra, sociedad y medios

9 de agosto de 2006


Medio Oriente y la cobertura de los medios.
Imágenes escalofriantes suben el rating, aumentan las tiradas e incrementan las entradas a los medios digitales
en una sociedad de consumo posicionada.
La guerra en la región despierta interesantes y controversiales discusiones que trascienden los círculos intelectuales debido a la complejidad del problema.
Las opiniones, claro está, no son homogéneas.
Encontradas y dependientes de cuestiones ideológicas, tampoco escapan a lo religioso.
Además, encuentran estrecha relación con la condición humana.
El tratamiento de los medios influye en las representaciones que los individuos poseen sobre la guerra. Porque la esencia humana tiene una cuota de morbo que versa entre el sensacionalismo de las placas coloradas de letras blancas que publica Crónica TV y las imágenes de la barbarie que muestra Rolando Graña.
Niños muertos, casas destruidas.
Bombardeos; el sonido aéreo anunciado la situación tan temida.
Los rastros de la guerra.
Una guerra que espanta en imágenes al tiempo que se reclaman.
Porque las mismas serán la tapa de un semanario, de un diario.
Serán las imágenes más estremecedoras del noticiero del horario central.
Y las preguntas sin respuesta primarán.
Los por qué de una guerra con derramamiento de sangre son difíciles de explicar.
Aunque existe una historia que nos ayuda a comprender más acabadamente las causales de esta guerra interminable.
Árabes y judíos enfrentados se fueron convirtiendo con el correr de los años en sujetos sujetados a la barbarie. Y los medios se hicieron eco, ya que deben informar.
Ocurre que la guerra, se vuelve, en los medios gráficos, radiales y televisivos, algo más que una información que data de varios días. La guerra se convierte en puntos de rating, en primicias. Y hasta en análisis que vislumbran la postura de quienes los hacen.
Lo cierto es, que todas las guerras terminan siendo un negocio redituable para los medios que se encargan de buscar la imagen más cruenta para la portada gráfica o para los avances televisivos.
La mayor parte de los integrantes de la sociedad argentina tiene su propia visión acerca del conflicto.
Una postura que no deja de tomar partido por alguna de las partes, coincidiendo, igualmente, en la catástrofe que se vive. Algunos integrantes de ambas comunidades expresan el repudio hacia la guerra.
Sin embargo, ello no basta para que la misma termine y dada la historia, surgen las dudas acerca de la sinceridad.
Oriente Medio, cuando no se encuentra en guerra explícita, asiste a una potencialidad bélica que convierte a la región en una brutal zona de conflicto. Allí, todo puede desatarse en segundos y los medios se encuentran a la espera.
Los corresponsales de guerra arriesgan sus vidas.
Ellos no están exentos de morir en la cobertura. La tarea, no es nada sencilla.
Deben enfrentarse, entre otras cosas, a las limitaciones de los grupos que defienden las fronteras y las poblaciones. Cruzarlas, cuando por ellas mismas se desatan los conflictos es complicado.
Todos son sospechosos. Incluso, los periodistas, puesto que tienen que sortear varias dificultades para poder lograr el trabajo deseado.
Captar imágenes reveladoras o "la imagen" se vuelve una odisea.
No obstante, abundan las imágenes de quienes escapan; de quienes resisten; de quienes pelean y sobreviven. De quienes luchan y mueren.
Las imágenes de los refugiados. La tristeza de las mujeres y la inocencia de los niños.
La lucha por el territorio y los ideales. Un Dios que señala.
Las pistas que los medios dicen deben seguirse. Y los cadáveres.
Alianzas y traiciones. Recriminaciones y una total falta de conciencia sobre el valor de la vida.
El que se reconoce argentino y el que solo se reconoce por su religión.
Una sociedad que señala y un muro de los lamentos erigido en pleno centro de la Capital Federal pidiendo por la paz. Aquella que no puede lograrse.
Que solo se presenta como un fetiche de la guerra.
Los gobiernos de los distintos países de Europa y América toman posición y reciben el reclamo de una u otra comunidad.
Estados Unidos en alianza con Israel y auto calificado de anti terrorista, lejos está de mediar para el cese del fuego.
El anti semitismo crece. Lo mismo que la demonización del Islam en la región y otros lugares de occidente. No obstante, e independientemente de las diferencias existentes con la cultura árabe, muchos argentinos se solidarizan con ellos.
Los judíos siempre han sido presentados por los medios como víctimas, olvidando su pasado terrorista.
(Ver nota Irgún y Hezbollah en http://www.lauraetcharren.blogspot.com/)
Ahora, el velo comienza a correrse. Y ni ellos son tan víctimas, ni los otros tan terroristas.
Basta ver las imágenes del enseñamiento y escuchar los debates para darse cuenta que el diálogo no es abierto. Y los periodistas, tienen su posición tomada.
Majul se molestó con el representante de la comunidad judía -el día domingo en su programa “La Cornisa”- debido a la agresividad y el desparpajo con el que éste se expresaba y justificaba la guerra.
Por otro lado, al señor Gelblung se lo amenaza.
Desde la izquierda reaccionaria como desde otras organizaciones que representan los ideales del Islam, se lo quiere escrachar por su mirada independiente acerca del conflicto.
El sheij Mohsen Ali -titular de la Casa para la Difusión del Islam- calificó al periodista de vocero del Estado de Israel.
Sin embargo, Samuel Gelblung, recibió gran cantidad de llamados solidarios.
Quienes escuchan su programa en Radio 10 y lo siguen en televisión conocen su alto nivel de provocación y la visión particular que posee hasta de los actos más cotidianos y banales.
El caso del periodismo digital dista del resto, ya que es el que más se atreve a definirse sobre el desastre infundado que Israel desató. O bien, legitimarlo.
IAR Noticias realiza una cobertura sin desperdicio alguno, lo mismo Red Voltaire y BBC Mundo, entre otros tantos medios digitales.
Y son estos medios los que más se atreven a decir que si no hubiese sido sobre la base del terrorismo y la limpieza étnica, el Estado de Israel no existiría.
Pero la selectividad del terrorismo también se hace visible en los medios.
Ello se debe al juego de poder que libra la guerra y a los intereses que se encuentran en jaque.
No sólo para las sociedades insertas en la guerra se es terrorista cuando te atacan, lo es también para las sociedades que fuera de la misma toman partido. Entonces, el eclecticismo de los medios en sus distintos formatos invita a navegar e investigar sobre los avatares históricos en la región. Hay de todo y para todos.
Además, es innegable la fuerte coptación e incidencia en la construcción de la subjetividad de los individuos. Principalmente, sobre aquellos que tienen construcciones intelectuales y de sentido ciertamente banales, propias de una cultura de contratapa.
El terrorista será siempre el enemigo.
Cuando dentro de los países, como es ahora el caso del Líbano, la gente prefiere etiquetarlos como grupos de resistencia. Eso pudo verse en las coberturas de gran parte de los noticieros de canales de aire y en declaraciones recogidas por el Diario La Nación, por ejemplo.
Pues existe una selectividad para calificar al terrorismo.
La sociedad y los medios poseen, ya sea por ignorancia, desconocimiento o mera voluntad, una visión paradojal y selectiva sobre la concepción del terrorismo que impide ver los alcances menos palpables y más trágicos de la guerra propiamente dicha.
Finalmente e independientemente de la selectividad, las distinciones entre árabes y judíos se encuentran a la vista, lo mismo que la visión que se tiene acerca de los mismos.
 
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